Para que un recién nacido se mantenga saludable y cómodo, es importante proporcionarle una rutina de aseo diario, que incluya ciertos cuidados y precauciones. Sigue estos consejos.
1-Báñalo todos los días
No comiences sino hasta tener a mano todo lo necesario para el baño. Así no correrás riesgos y estarás con tus sentidos puestos en el bebé. Recuerda que el baño también es un momento de placer y relajo para el niño; una instancia perfecta para un contacto especial contigo. Lo ideal es bañarlo en la tarde, antes de la hora de dormir. Eso contribuye a que se relaje y descanse mejor. Intenta hacerlo todos los días a la misma hora y en iguales condiciones. Como a los bebés les encantan las rutinas -porque se sienten más seguros ante lo que conocen- se alegran cuando se dan cuenta que viene ‘la hora del baño’. De este modo, la higiene se convertirá en un hábito agradable para ellos.
A medida que tu hijo crece, será más difícil mantenerlo quieto. Para distraerlo mientras lo bañas, puedes tener algunos juguetes a mano, como sonajeros y muñecos de plástico o tela.
2- ¿Nariz? Solo si hay congestión
La nariz, al igual que los oídos, no debe lavarse, ya que posee un sistema propio y natural de limpieza. Únicamente si se encuentra congestionada se aconseja utilizar un aspirador nasal. En cambio, sí debes asear el borde de los orificios con un algodón húmedo.
3- La limpieza de los genitales
En las niñas se debe lavar solo la parte externa de los labios, con algodón humedecido en agua, siempre de adelante hacia atrás. No trates de hacerlo en el interior de la vagina, ya que esta zona se limpia naturalmente. En los niños sucede lo mismo; no es preciso retraer el prepucio, ya que además puedes lesionarlo. Sí se aconseja lavar la superficie del escroto; bolsa de piel que recubre los testículos. En ambos casos es importante secar los pliegues de la piel, para evitar irritaciones. Puedes usar también toallitas húmedas, siempre que sean hipoalergénicas. El talco no es necesario.
4- El cordón umbilical
En el momento de la muda, préstale especial atención al cordón, para evitar que se depositen secreciones en esa área. No temas provocarle dolor al asear el ombligo, ya que en esa zona no existe sensibilidad. En ocasiones los bebés lloran por el contacto con el agua fría. Para facilitar la cicatrización se puede limpiar con alcohol o productos cicatrizantes indicados por el pediatra y dejar que esta zona esté en contacto con el aire. Los pañales para recién nacidos están especialmente diseñados para que el ombligo no quede cubierto.
5- La muda
Es una de las tareas que más tiempo requiere. En los primeros meses, las deposiciones son muy frecuentes y hay que cambiar los pañales a menudo para evitar que la piel se irrite con el contacto de las heces y la orina. Renueva el pañal de tu hijo cuando despierte, al acostarlo, después de cada toma, cuando esté molesto y, por supuesto, si tienes la certeza que está sucio
Mientras lo mudas, aprovecha de jugar y conversar con tu hijo. Así, puedes convertir esa tarea rutinaria en un momento agradable y divertido.