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Los primeros pasos: caminar sin apuro

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Cuando un niño comienza a dar sus primeros pasos deja de manifiesto que su aparato esquelético, muscular y neurológico está en perfectas condiciones para iniciar esta trascendental etapa.

Implica, además, un cambio en como se relaciona con su entorno y es, según el doctor Hernán Guzmán, traumatólogo , su primera manifestación de independencia respecto a sus padres.

Y si bien el caminar representa uno de los hitos más importantes en el desarrollo de un niño, el doctor Guzmán recomienda tomárselo con calma “y no desesperarse si en las primeras semanas el niño pone el pie hacia adentro o pierde el equilibrio mientras camina. Es normal al empezar a caminar que los ejes de apoyo no sean perfectos”.

Hay que tener en cuenta, según el especialista, que un pequeño que ha triplicado su peso y su crecimiento desde que nació hasta los 11 meses, que ha estado la mayoría del tiempo en posición horizontal y que se pone de pie y camina, no puede tener una marcha perfecta ni igual a la de un niño de 12 años. “Hay que darse un tiempo y esperar la evolución de esta etapa. No es bueno que toda la familia esté pendiente o apure al niño para que camine, porque lo más probable es que se genere una ansiedad colectiva”.

Un entorno seguro

Algo que sí debe preocupar a los padres es que los niños tengan un entorno seguro donde caminar. “Más que inquietarse por cómo están los pies, es importante supervisar que donde transite el pequeño no haya puntas de mesa peligrosas, bordes de muebles, superficies en las que pueda resbalar, enchufes sin protección o desniveles y escalones”.

También es recomendable que en las primeras etapas de la marcha -las 2 ó 3 semanas iniciales- el niño camine con la posibilidad de afirmarse. Un corral bien protegido, con barrotes por ejemplo, es una muy buena alternativa. Otra opción es habilitar un cuadrado cerrado con muebles, sin bordes peligrosos.

A juicio del doctor Hernán Guzmán, los andadores son un invento innecesario. “Las personas no necesitan andadores para caminar. Y más que ser un andador es un ‘sentador’, porque el niño se sienta, bate las piernas y avanza. Eso no es caminar y nada tiene que ver con el proceso de la marcha. No lo beneficia en nada, incluso puede atrasarla, porque para que un niño se pare y afirme su cuerpo en dos piernas necesita músculos pelvianos firmes y si está sentado no los desarrolla”.
Según el especialista, los únicos efectos reales que tienen los andadores son los accidentes que provocan, especialmente fracturas de cráneo. En su opinión, una mejor alternativa son los centros de actividades estáticos, sin ruedas.

¿Cuándo deben caminar?

Lo normal es que un niño camine entre los 12 y 16 meses. Si después del año y medio no camina hay que evaluar qué está pasando, ya que puede tratarse de un simple retardo; sin necesidad de representar un cuadro patológico.

En cambio, la claudicación o cojera sí constituye un motivo de alerta. “Si un niño cojea sin causa aparente es necesario consultar a un especialista, pero si cambia un poco la posición del pie hacia un lado u otro, pero no cojea, no tiene mayor importancia”.

Un retroceso o un estancamiento en el proceso de caminar también debe preocupar a los padres. Si un niño comienza a caminar y de un momento a otro deja de hacerlo, es necesario evaluar porque puede tratarse de una fractura inadvertida, inflamaciones o infecciones en los huesos. También hay niños que dejan de caminar por temor, producto de caídas o golpes fuertes. En estos casos, es recomendable consultar con el pediatra o con un traumatólogo infantil.

Es importante recordar que, en general, no existe un entrenamiento para que un niño camine. Cada menor tiene su propio ritmo de maduración, cada sistema neuromuscular tiene su tiempo y aunque los adultos traten de apurarlo no se acelera. Como señala el doctor Guzmán, para tranquilidad de los padres la naturaleza le permitirá a un pequeño caminar cuando realmente esté preparado.

Fuente: artículo publicado en Revista PadresOk.

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