En su deseo de ser una madre perfecta, muchas mujeres caen en el error de sobreexigirse y preocuparse hasta por los mínimos detalles -la casa, el aseo, atender a las visitas, estar ‘presentable’, cumplir con las nuevas obligaciones maternas y preocuparse del marido y de los demás hijos, entre otros- descuidando un punto muy importante: su relación con el bebé.
Si bien la inmensa mayoría de las madres se preocupa de satisfacer las necesidades básicas del recién nacido, no siempre se dan el tiempo y el espacio para disfrutar exclusivamente con su nuevo hijo, sin estar pensando en las obligaciones y rutinas cotidianas propias de este período.
¿Cuántas mujeres se permiten unos minutos solamente para hacer contacto visual, para tocar al bebé o para hablarle, por ejemplo, sin que haya de por medio una muda de ropa, un cambio de pañales, el baño o la alimentación? Aunque parezca una actividad sin mayor importancia, lo cierto es que estos instantes son excelentes para ir creando un mejor vínculo afectivo con el pequeño, porque a pesar de su corta edad, él percibe que se le da un tiempo y un espacio exclusivamente para él, y eso a la larga, le va creando una autoestima positiva y una mayor confianza en sí mismo y en sus seres queridos.
La idea es que el bebé sienta que su madre está dispuesta y con todos sus sentidos puestos en él, y no que esté tensa, preocupada o hasta con sentimientos de culpa pensando en todos los deberes pendientes.
Creando un vínculo seguro
Uno de los mayores beneficios de darse estos espacios de disfrute con el bebé, es que permite desarrollar vínculos de apego seguro, tal como explican los expertos. Señalan que el apego es un vínculo específico y especial que se forma entre madre e hijo y que significa la base funcional para todas las relaciones siguientes que el niño desarrollará en su vida. Es un vínculo emocional perdurable con una persona determinada, que produce seguridad, sosiego, consuelo, agrado y placer.
Agregan que una relación sólida y saludable con la madre o el cuidador primario se asocian con una alta probabilidad de crear lazos saludables con otras personas posteriormente, en tanto que un ‘apego pobre’, está ligado a problemas emocionales y conductuales en la vida. Si estas formas de apego seguro se desarrollan en forma temprana, existe una alta probabilidad que se mantengan durante toda la vida. Existen experiencias, comportamientos y actitudes que forman el vínculo, como el acto de tomar al bebé en brazos, besarlo, mecerlo, cantarle, alimentarlo, mirarlo detenidamente y otras conductas nutrientes asociadas al cuidado de niños pequeños.
Calidad y cantidad
Algunos factores cruciales de estas experiencias de vinculación incluyen la calidad y la cantidad de tiempo que se le dedica al bebé. En cuanto a calidad, es importante que ese tiempo sea destinado especialmente a satisfacer las necesidades del hijo, compartir juegos, alimentarlo tranquilamente y descubrir sus intereses, en definitiva, permitirse conocer al niño.
Además, hay que tener en cuenta que durante los primeros tres años de vida, el cerebro se desarrolla en un 90% de lo que será su tamaño adulto, por lo tanto, las experiencias -agradables o no- que viva un pequeño en este período serán fundamentales para su formación como persona íntegra.
Los especialistas señalan que es importante considerar que dedicar tiempo a los hijos no significa perderlo, sino por el contrario; de esta forma se construye una base sólida en la confianza básica que ellos desarrollen, lo que les permitirá mantener relaciones interpersonales saludables. Frente a eso, todo el tiempo dedicado a los niños es calidad de vida a futuro.
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Espectacular este articulo