Después de muchos años, las preguntas se repiten: ¿Es bueno o malo que los niños usen chupete? ¿Acaso peligroso? ¿Daña los dientes? ¿Hasta qué edad se ocupa?
Existen muchas dudas más. Corresponden a la agotadora experiencia de las mamás a la hora de eliminar su empleo en los niños. Las respuestas son muchas porque está muy arraigado en todo el mundo. Se destaca su efecto analgésico placebo, que actúa directamente contra el estrés y el dolor. Asimismo, que es inductor del sueño. Se plantea que incluso puede ser útil contra el síndrome de muerte súbita, tan común en la etapa infantil.
La Asociación Española de Pediatría recomienda evitar usarlo los primeros días de vida. El Ministerio de Salud de Brasil fue más allá: el recién nacido no necesita biberón ni chupete. The American Academy of Pediatrics recomienda usarlo sólo para siestas diurnas cuando el amamantamiento esté establecido. Debe ser retirado definitivamente antes de los 2 años.
Al respecto la doctora Montserrat Gutiérrez Halabi, directora de Clínica Odontológica COSCA explique que “en mi experiencia clínica, el uso prolongado del chupete puede provocar daños irreversibles en la dentadura de los niños. Entre sus peligros figura el desequilibrio de los arcos dentales, o sea los huesos a los cuales van sujetos los dientes. Esto ocasionará malas mordidas, maxilares angostos, que no sólo afectarán la salud general, sino también la estética facial. Claramente, debe ser retirado en forma completa a los 3 años. Si se procede así, como la naturaleza es sabia, el hueso y los dientes volverán a su desarrollo normal. Cuando esto no ocurra, se necesitará atención de ortodoncistas que instalarán dispositivos especiales para redireccionar el crecimiento. Si esto no se hace a tiempo, será necesario instalar frenillos y, en la edad adulta, hasta realizar intervenciones quirúrgicas”.
En nuestro país, Chile Crece Contigo recomienda el retiro a los 2 años. Sin embargo, esto es difícil. Todo depende del grado de madurez del niño. A veces, la consecuencia es peor, porque comienza a chuparse el dedo, lo que también puede afectar la oclusión dentaria, provocar problemas de lenguaje y hasta infecciones como gastroenteritis, otitis y candidiasis (hongos). Como el niño hace esto en forma inconsciente, sobre todo en la noche, una muy buena técnica es pegar con cinta adhesiva una bombilla en su dedo gordo. Al chuparlo, perderá la sensación de succión y dejará el hábito. Si esto no ocurre, será indispensable llevarlo al ortodoncista, a fin de que instale un aparato especial que evite la succión.