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Verdaderas señales del trabajo de parto

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Columna del doctor José Andrés Poblete

El mecanismo que desencadena el trabajo de parto en la especie humana aún es desconocido, por eso, varias hipótesis que tratan de explicarlo. Personalmente adscribo a la que sugiere que el útero pierde su quiescencia hacia el término del embarazo, es decir, su capacidad de permanecer sin contracciones.

Pero más allá de esas disquisiciones científicas, y desde un punto de vista práctico, ¿cómo podemos reconocer que una embarazada se encuentra en trabajo de parto? Lo básico es que exista dinámica uterina activa (al menos 2 contracciones en 10 minutos) y modificaciones del cuello útero (dilatado de 2 cm y borrado 80%). Con estas dos condiciones cumplidas la embarazada se encuentra en trabajo de parto.

Lo que es evaluable por la madre y su pareja se refiere a las contracciones uterinas, ya que la modificación cervical es solo determinable por un tacto vaginal realizado por un profesional del área. Un signo indirecto de la modificación cervical es la eliminación del tapón mucoso, que puede preceder al inicio espontáneo del trabajo de parto en 10 a 14 días.
Las contracciones uterinas del trabajo de parto deben cumplir dos características esenciales: frecuencia e intensidad. La frecuencia se refiere a que exista, por al menos 60 minutos, una contracción cada 5 minutos. La intensidad debe ser creciente, asociada o no a dolor lumbar y/o abdominal.

En resumen, en una especie de línea de tiempo, una paciente debe tener: contracciones irregulares, pérdida del tapón mucoso y, finalmente, contracciones regulares y dolorosas de intensidad creciente.

Desde un punto de vista social, existen dos condiciones que se asocian al inicio del trabajo de parto. Por un lado la sensación de la madre que el parto va a ocurrir, que la lleva a una hiperactividad en labores domésticas, y por otro, el descenso del fondo uterino, que ocurre cuando es posible colocar una mano entre la punta del esternón y el fondo uterino. Esto corresponde al encajamiento de la cabeza fetal, y no tiene relación inmediata con el inicio del trabajo de parto.

Otras condiciones que se asocian al inicio del trabajo de parto son la rotura de membranas (o rotura de fuente), que se identifica por la pérdida abundante o persistente de líquido claro por los genitales; y la dilatación asintomática del cérvix, este es el típico caso en que se examina la paciente por molestias vagas y se encuentra con 3 o 4 cm de dilatación.
Finalmente, el sangrado vaginal abundante en embarazadas mayores de 36 semanas, si bien no es una condición espontánea, es una indicación médica para interrumpir el embarazo y dar la bienvenida al parto.

 

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