Aborto espontáneo. ¿Se puede prevenir una pérdida? – PadresOk

Aborto espontáneo. ¿Se puede prevenir una pérdida?

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Existe un porcentaje menor de embarazos que, inevitablemente, no llega a buen término. Sin embargo, hay pérdidas que pueden evitarse adoptando algunas medidas y, en especial, con un control médico constante. Un chequeo médico prenatal es el primer paso para evitarlo

Entre un 15% y un 20% de los embarazos puede concluir en un aborto espontáneo. Esta cifra, alta a primera vista, no lo es tanto si se considera que un porcentaje importante de estas pérdidas se producen en forma tan temprana -a los días o primeras semanas- que la mujer ni siquiera lo percibe.

“Efectivamente, alrededor de un 50% de estos abortos espontáneos ocurre antes que la gestante se dé cuenta que está embarazada. Éstas pérdidas ocurren entre la concepción y la implantación, período en que el huevo recorre desde la trompa de Falopio, hasta el útero», precisa el doctor Álvaro Inzunza, especialista en medicina materno-fetal. Otro 30% de pérdidas se produce cuando la mujer tiene sólo días de atraso menstrual y se ha dado cuenta que podría estar embarazada.

Como explica el doctor, «la cifra oficial de abortos espontáneos que se maneja es entre 15 ó 20%, de aquellos embarazos que médicamente se han diagnosticado por ecografía o por atraso menstrual».

Es difícil saber con exactitud qué ha provocado un aborto espontáneo, pero un factor que puede influir o, al menos, dificultar un embarazo, es la mayor edad con que hoy en día las parejas están decidiéndose a tener hijos.

“Como las personas se están casando más tarde, recién están optando por la paternidad a los 34 ó 35 años. Y aunque se trata de gente joven, sus gametos (óvulos y espermios) son de mayor edad, por lo que no sería extraño que tuvieran más dificultades para concebir o llevar a término un embarazo”, sostiene el doctor Alfredo Germain, ginecobstetra.

De ahí que su primer consejo a la hora de buscar un embarazo y prevenir pérdidas sea realizarse exámenes médicos previos a la concepción, especialmente en parejas mayores de 30 años o con ciertos factores de riesgo (enfermedades, por ejemplo), de modo de anticipar o corregir cualquier problema.

“Hay varias cosas que podemos hacer antes de la concepción, pero muchas veces cuando se busca ayuda, la mujer está embarazada y, entonces las dificultades ya se han iniciado”, precisa este especialista.

Las razones físicas y genéticas

Se habla de aborto espontáneo -o pérdida reproductiva precoz- al término espontáneo (no provocado) de un embarazo de menos de 20 semanas de gestación o de un feto de menos de 500 gr. de peso.

“Cuando el ultrasonido detecta la presencia del embrión de 5 ó 6 semanas, sobre todo si hay latido cardiaco, las probabilidades de que el embarazo no siga adelante son muy reducidas (de un 3% a un 5%) y representan la primera fase de tranquilidad para los padres”, señala Germain.

Entre las causas posibles de un aborto espontáneo durante el primer trimestre de embarazo, están las causas genéticas por fallas en los cromosomas, responsables de un 60% a 70% de los abortos y de un 90% de los que ocurren en el primer trimestre. Según explica el doctor, ello sucede por “errores de información al momento de unirse los cromosomas del espermatozoide y los del óvulo. Por ejemplo, uno o dos cromosomas de más o de menos”.

Además de malformaciones incompatibles con la vida, las anomalías cromosómicas también pueden producir un “cigoto detenido”, es decir, un saco de embarazo que no contiene feto alguno, ya sea porque el embrión no se formó o porque dejó de desarrollarse muy temprano.

Las anomalías o malformaciones uterinas -congénitas o adquiridas- provocan entre un 10% y un 15% de los abortos, sobre todo durante el primer o el segundo trimestre. Hay algunas mujeres que nacen con un útero cuya forma es anormal o que se encuentra dividido en forma parcial o completa, otras desarrollan tumores no cancerosos (fibroides) o tienen cicatrices en el útero debido a cirugías previas. Estas anomalías pueden limitar el espacio disponible para el feto en crecimiento o interferir con el envío de sangre al útero. Ciertas anomalías pueden corregirse mediante cirugía, lo cual incrementa las probabilidades de tener un futuro embarazo exitoso.

Un cuello uterino debilitado -a veces llamado ‘cuello incompetente’- puede causar un aborto espontáneo, por lo general entre las semanas 16 y 18 del embarazo.

A veces es posible prevenir este tipo de abortos colocando una sutura a su alrededor, en un procedimiento que se conoce como cerclaje. En general, todas estas alteraciones son diagnosticables con exámenes complementarios.

Otra causa frecuente es un defecto en la función ovulatoria. Ello ocurre porque el ovario, que en este periodo debe comenzar a producir una hormona que se encarga de la mantención del embarazo, no se produce o lo hace en forma deficiente. Los embarazos tubarios son gestaciones que ocurren fuera del útero y que nunca llegan a término. En estos casos se extrae el embrión, favoreciendo la salud de la madre. En otras situaciones, es el propio el embrión el que deja de desarrollarse.

Enfermedades, hábitos y medicamentos

Infecciones graves, malformaciones fetales, problemas inmunológicos (por ejemplo, lupus), hormonales, de coagulación de la sangre (trombofilias) y enfermedades como la diabetes mellitus no controlada, también elevan el riesgo de sufrir una pérdida.

Igualmente, se cree que ciertas infecciones del tracto genital podrían desempeñar un papel importante en los abortos espontáneos. Un estudio realizado recientemente comprobó que las mujeres con vaginosis bacteriana tienen una probabilidad nueve veces mayor de tener un aborto espontáneo que las mujeres no infectadas. Por eso aquellas que han padecido infecciones vaginales o urinarias deben realizarse un control más estricto y exámenes periódicos.

Los hábitos de la madre también pueden incrementar el riesgo de sufrir un aborto espontáneo durante el primer trimestre. Los resultados de varios estudios sugieren que las mujeres que beben alcohol, fuman o consumen drogas corren un riesgo mayor. Otro estudio sugiere que quienes utilizan analgésicos, antiinflamatorios como ibuprofeno y aspirinas en forma recurrente -en el período cercano a la concepción- podrían aumentar su riesgo de sufrir un aborto espontáneo.

Especialmente aquellos abortos provocados por anomalías de cromosomas ocurren en etapas muy precoces del embarazo, y el organismo, en un proceso de selección natural, detiene su evolución. Una vez que esto sucede, no hay nada que hacer para impedirlo. En cambio si se pueden corregir problemas existentes en el útero, reducir el riesgo de malformaciones severas, tratar enfermedades de riesgo y mejorar las condiciones de la madre para optimizar sus posibilidades.

Síntomas de alerta

En ocasiones, puede ocurrir que en medio de un embarazo que transcurre en forma aparentemente normal, se presente repentinamente el síntoma más importante de una pérdida: el sangrado vaginal. Este aparece, por lo general, luego de un primer flujo escaso y de color café, que suele acompañarse de fuertes dolores en la parte baja del vientre.

Frente a estos síntomas, lo más importante es ponerse en contacto en forma inmediata con el obstetra, o recurrir a un centro asistencial. En este lugar, por medio de un examen pélvico y una ecotomografía transvaginal (ETV), se podrá verificar la condición del embrión. No siempre un sangrado es sinónimo de pérdida, pero se debe estar alerta y actuar rápidamente ante este síntoma.

«Si existe sangrado, el médico podría indicar reposo durante algunos días junto a un control médico periódico, que incluya un examen de ultrasonido. En un porcentaje importante de pacientes el flujo se detiene y el embarazo puede seguir en forma normal», señala el profesional.

Sin embargo, si continúa y los dolores abdominales persisten, la pérdida podría ser inevitable. En algunos casos el útero expulsa su contenido completamente, pero puede ocurrir también que el aborto espontáneo sea incompleto, es decir, que solamente expulse parte del contenido del útero, pudiendo ser necesario proceder a una dilatación y a un legrado o raspado uterino. Es importante -en este momento realizar algunos exámenes de sangre a la madre y examinar el tejido extraído para identificar la causa más probable de la pérdida.

Volver a intentarlo

Por lo general, el hecho que una mujer registre varios abortos precoces no pone en riesgo su salud. Según el doctor Inzunza, «no está demostrado que, tras una pérdida, sea necesario esperar un año o varios meses más antes de volver a intentar embarazarse».

Luego de una tercera pérdida consecutiva se habla de «aborto recurrente», condición que afecta sólo a un 1 a 3% de las parejas. En tal situación, es recomendable ponerse en manos de un especialista que estudie las posibles causas. El objetivo de esta evaluación es, por una parte conocer qué ha producido los abortos previos y, por otra, descartar aquellas condiciones para las que existe un tratamiento preconcepcional o que debe ser instaurado muy precozmente en la gestación.

Con este tipo de precauciones, las probabilidades de un embarazo exitoso ascienden a un 95% en quienes han tenido un aborto espontáneo y a más de un 75% en aquellas mujeres con dos o más pérdidas. Si bien esta situación es muy poco frecuente, es fundamental un diagnóstico y tratamiento apropiados, ya que de lo contrario no será posible solucionar el problema.

De esta manera, se espera que la pareja se enfrente a un nuevo embarazo con la mayor información y posibilidades de éxito, considerando que la estabilidad emocional y el amor son claves. Para el doctor Germain, el rol del equipo médico es en estas circunstancias es fundamental. “No sólo tiene que ver con acompañar o consolar, sino con acciones técnicas específicas, como tomar los exámenes apropiados, para que el paciente sienta que se hace todo lo posible por determinar las causas del problema”.

Artículo publicado en la revista PadresOk

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