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¿Un parto natural?

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No es una moda ni una opción para una minoría. La obstetricia actual recalca la necesidad de que toda embarazada cuente con una preparación física y emocional que le permita enfrentar el parto informada y segura, para reducir el dolor y la tensión.
Ya sea con la ayuda de doulas -mujeres preparadas para asistir emocionalmente a la embarazada en el parto- técnicas específicas de relajación y respiración, métodos para reconocer las señalas del cuerpo y manejar el dolor del trabajo de parto, o a través de la creación de un ambiente más íntimo, confortable y familiar a la hora de dar a luz, hoy se apunta a preparar a la futura madre, física, intelectual y emocionalmente para que esta experiencia sea lo más maravillosa, humana y cálida posible.

Más natural… mucho mejor
“Tiene que ver con volver a la capacidad de nuestra especie de parir en forma totalmente normal, eso significa por vía vaginal”. Eso es lo que se busca con la preparación para el parto a juicio del doctor Jorge Cabrera Ditzel, director del Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Concepción y uno de los fundadores del Centro Universitario de Salud de la Mujer, organismo pionero a nivel nacional en preparación para el parto.
El experto afirma que aunque la cesárea resuelve una serie de problemas, lo ideal y milenariamente aceptado es nacer a través del canal vaginal, por todas las ventajas que tiene, tanto para la madre como para el niño. “Las diferencias entre un parto vaginal y uno operatorio son muchas. En el trabajo de parto se produce la liberación de una serie de sustancias que tienen un fuerte impacto -positivo- en el recién nacido, lo que no ocurre cuando se hace una cesárea programada, porque, en el fondo, se está inhibiendo este proceso natural, primitivo e involuntario que es el parto normal”, señala.
La preparación para el parto apunta precisamente a brindar herramientas a la mujer para que dé a luz en forma normal, accediendo a todos los beneficios que tiene para ella, su hijo y el vínculo entre ambos. “Hay una serie de medidas que estamos tratando de recuperar por lógica, como la intimidad del parto, el protagonismo de la madre y su comodidad. No es que estemos en contra de la cesárea ni de la anestesia, sino que estamos reivindicando la capacidad de la mujer de poder informarse y de aceptar en forma consciente todos los procedimientos que se le puedan hacer, pero una vez que tenga la conciencia necesaria”, aclara.

Un parto íntimo
El doctor Cabrera llama a recordar que “la intimidad es inherente a nuestra especie; los mamíferos superiores se aíslan para dar a luz. En cambio, nosotros los hacemos de una manera pública; en salas grandes, con luces fuertes y en un ambiente frío, como si se tratara de una fábrica de hijos”.
El objetivo es recuperar la intimidad y lo familiar, favoreciendo -entre otras cosas- la presencia de una persona cercana que acompañe a la futura madre, y que no necesariamente es el marido o el padre de la guagua. “Puede ser otra mujer; su propia madre, una hermana, una tía u otra persona en quien haya depositado su confianza. Ése es el concepto de ‘doula’, que hoy se está usando mucho. Recordemos que el alumbramiento siempre fue un tema del género femenino, entonces hay toda una sabiduría y también experiencia. Los hombres recién nos incorporamos a esto hace unos tres siglos”, recalca el doctor.
También es importante brindarle confort en el momento de dar a luz. “La posición de estar acostada en una camilla es lo más anti-fisiológico (poco natural) que hay. Para el médico es cómodo, pero no para la madre. Y como es ella la protagonista de esta historia, hay que dejar adopte la postura que más le acomoda, y que generalmente es semi sentada o en cuclillas. Afortunadamente, las camillas de ahora permiten poner a la mujer casi en posición vertical, porque así además se aprovecha la fuerza de gravedad para que el niño salga”, señala el académico de la Universidad de Concepción.

Prepararse para el parto
El doctor Cabrera sostiene que “el primer paso para lograr la humanización del nacimiento es la preparación para el parto, que es diferente del control prenatal, porque esta última labor la puede hacer cualquier obstetra o matrona que cuente con los conocimientos adecuados para manejar la parte alimentaria y los exámenes respectivos. Sin embargo, la preparación para el parto es una educación que deben brindar matronas capacitadas”, explica.
Fue la inquietud por separar el control prenatal médico -más orientado a detectar patologías- de la preparación para el parto, que debía ser una intervención mucho más integral y que incorporara las dimensiones sicosociales del proceso, lo que llevó al doctor Cabrera junto a otros profesionales a crear estos cursos en el Centro Universitario de Salud de la Mujer, y a realizar investigaciones que demostraron que aquellas mujeres que tienen apoyo continuo durante el parto logran resultados significativamente mejores en términos de reducción en la tasa de cesárea, partos instrumentalizados, menos anestesia, episiotomía, uso de ocitocina y mayor tiempo de apego.
Las nuevas tendencias en la materia también procuran brindarle a la mujer un espacio adecuado para el nacimiento, “un lugar con una luz tenue, donde la paciente -si así lo desea- pueda escuchar música suave para relajarse, o permitirle que la preparación previa al momento del parto sea en una tina con agua caliente, con el objetivo de darle analgesia y relajación”, sostiene.

Técnicas de preparación para el parto

Grantly Dick-Read. Fue el primer método de preparación al parto en Estados Unidos y pionero en incluir la participación activa del padre en la sala de partos. Se basa en las técnicas de relajación y la educación de la madre en el segundo y tercer trimestre de embarazo, para disminuir el miedo y la tensión, lo que a su vez reduce el dolor.

Método Lamaze. Es el método más utilizado en Estados Unidos. Sostiene que el parto es un proceso normal, natural, sano, y que se debe educar y ayudar a las mujeres para que puedan afrontar este evento con plena confianza.
Las clases se concentran en las técnicas de relajación, pero también en enseñar a las futuras madres a manejar el dolor, ‘con reacciones constructivas’ -por ejemplo, a través de secuencias respiratorias- en lugar de reacciones contraproducentes, como estar tensionada o aguantar la respiración.

También se usan técnicas como masajes efectuados, por la persona que acompaña el parto y en enfocar la atención en un objeto especial -querido o familiar- evitando centrarse en el dolor. No rechaza el uso de medicamentos o las intervenciones médicas de rutina, sino que muestra distintas opciones a las madres, para que ellas decidan estando informadas. Uno de los pilares de su filosofía es el comienzo espontáneo del trabajo de parto. Se evita el rompimiento artificial de membranas y la inducción con ocitocina, dos intervenciones muy usadas comúnmente para apurar el nacimiento.

Método Bradley. Se centra en la importancia de crear un parto natural y en la participación activa del padre del bebé. Su objetivo principal es evitar el uso de medicamentos, a menos que sea necesario. Se enfatiza en la importancia de una adecuada alimentación y de ejercicio durante el embarazo, en las técnicas de relajación y respiración y en estar atentos a las señales que envía el organismo.
Si bien hace hincapié en un parto sin medicación, las clases también preparan a los padres para enfrentar posibles complicaciones o situaciones que requieran una cesárea de emergencia. Es el preferido de las mujeres que dan a luz en su casa o en lugares que no sean un hospital.

Doulas. Son mujeres que acompañan a otras en la sala de parto y que, además de brindarle compañía, le ayudan a disminuir el dolor y le entregan mayor seguridad. Pueden apoyar en la parte emocional, hacer masajes, trabajar con la futura madre la respiración y, al mismo tiempo, bajarle la tensión al padre. Algunas se entrenan para dedicarse a esta labor y reciben una certificación internacional.
En Chile, algunas clínicas privadas ya ofrecen este servicio, aunque -al menos por ahora- la mayoría de las gestantes escoge a sus madres, hermanas o amigas para que cumplan esta labor. Es fundamental tener la experiencia de la maternidad, y mejor aún si han sido capacitadas para esta experiencia de acompañamiento.

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