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El esperado nacimiento

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Luego de meses de embarazo y con algunos avisos, la madre se da cuenta que uno de los momentos más esperados de su vida ha llegado. En medio de emoción y temor -y luego de algunas horas de ‘trabajo’- madre e hijo estarán por fin juntos.

La mayoría de las mujeres, durante las últimas semanas de embarazo, creen tener indicios de que el día ‘d’ ha llegado. Muchas primerizas parten con maletas a la clínica o llaman a su médico o matrona en la madrugada, reacciones muy normales, porque ¿Cómo saber que ya es el momento, si nunca antes se ha tenido un hijo?

El doctor Jacobo Jankelevich, ginecobstetra de la Universidad de Chile, reafirma que “efectivamente las mujeres empiezan a sentir algunos síntomas de preparación, como las llamadas contracciones de Braxton Hicks, que se pueden presentar durante meses o semanas, antes de llegar al momento del parto. Existe la posibilidad de que eso se produzca antes de la semana 37, lo que se conoce como ‘parto prematuro’, o al contrario, puede darse un ‘parto post término’, que es el embarazo mayor de 42 semanas. El parto promedio se produce en la semana 40, desde la fecha de la última regla”.

Es posible que de manera previa se produzca la salida del “tapón mucoso”, que está formado por una sustancia pardusca, a veces teñida de sangre, que cierra el cuello uterino y que se elimina cuando éste comienza a transformarse. La expulsión de esta mucosidad se produce muchas veces varios días antes del inicio del parto.

Las primeras señales

Para saber que el ansiado momento ha llegado, según el doctor René Castro, ginecobstetra, “es necesario que la mujer presente un ritmo de contracciones con cierta regularidad, por ejemplo 2 contracciones cada 10 minutos (que no necesariamente deben ser seguidas), acompañadas de molestias en la parte baja de la columna o del abdomen. Un segundo indicio es la dilatación, es decir, que el cuello del útero presente alguna modificación, que puede ir de 0 a 10 cms., medida que realiza el médico o la matrona, vía tacto vaginal, y que indica que el niño está listo para nacer”.

Otro indicio del parto es el rompimiento de la bolsa de líquido amniótico, líquido abundante, tibio y transparente, parecido al agua. Sin embargo, no todas las mujeres lo presentan y a algunas se les rompe artificialmente al momento del parto.

También puede darse el caso de mujeres que no tengan ninguna molestia que les indique que el proceso de gestación llegó a su fin. Según el doctor Jankelevich, “lo importante es esperar hasta las 40 semanas aproximadamente, pues si el embarazo ha sido normal, no es necesario interrumpirlo. En algunos casos se puede llegar a la inducción, que es la provocación de contracciones uterinas que conducen al parto, pero que sólo se indica por razones de enfermedad en la madre, antes o durante el embarazo y por causas fetales, por ejemplo, restricción del crecimiento intrauterino o un niño demasiado grande, entre otras”.

Existe también la posibilidad de inducir el parto pasadas las 40 semanas de embarazo, cuando las condiciones para el parto no se han generado, es decir, de no haber contracciones ni apertura del cuello uterino. La inducción se provoca mediante la inyección por vía endovenosa de la hormona ocitocina, que es la responsable de las contracciones.

¿Qué es el pre-parto?

Dadas estas condiciones, la madre se comunica con el médico o matrona, quienes avisan al resto del equipo médico. Cuando los especialistas comprueban la regularidad en las contracciones y los centímetros de dilatación, la madre debe hacer su ingreso al hospital o clínica, donde permanecerá en la sala de preparto. Tal como explica el doctor Jankelevich, “esta sala está destinada a que la mujer transcurra el período previo al parto, que suele durar entre 8 y 12 horas en una mujer primeriza y entre 4 y 6 en una mujer con hijos. También es posible que esté en reposo o que camine y pase la espera conversando con quien la acompañe. El médico o la matrona realizan la medición de centímetros dilatados hasta ese momento y luego se aplica anestesia, en el momento en que el dolor aparece”.

Como explica el doctor Castro, “esta aplicación consiste en el uso de anestésicos en el espacio epidural, ubicado en la columna, alrededor de las membranas duramadre, piamadre y aracnoide. Esto provoca un efecto de analgesia total, que permite el movimiento sin dolor y que la madre participe activamente en el proceso del parto”.

A medida que las horas pasan, aumenta la ansiedad de la madre de estar por fin con su hijo. En medio de este proceso es llevada a la sala de parto, que según el doctor Jankelevich “es el lugar donde la mujer puede estar acompañada de su marido, ingresa lista para la salida del bebé. Para este momento los latidos fetales son controlados en forma permanente y es necesario que la madre esté con una vía venosa permeable, en caso de emergencia”. y se denomina periodo expulsivo.

El parto al fin

En el momento del nacimiento está presente el obstetra, que es quien atiende el parto; el anestesista, encargado de controlar los fluidos (suero) y la anestesia; un neonatólogo, quien recibe al recién nacido y lo atiende; y la matrona, encargada de la asistencia de enfermería.

En la sala de parto se realiza la “conducción”, que es apoyar el trabajo de la madre para que su hijo nazca. Esta se hace por vía endovenosa con suero, ocitocina y analgésicos. Cuando están todas las condiciones dadas para un parto normal, el ginecobstetra procede a hacer una episiotomía, incisión quirúrgica del periné. Según el doctor Jankelevich, “la episiotomía puede ser en la línea media o lateral, en la zona entre el extremo inferior de la vagina y el recto. Esta tiene como objetivo descargar la presión en el momento que la cabeza corona los genitales o está a punto de salir, donde se produce una gran tensión, porque si no se descarga, se pueden provocar desgarros”.

“Una vez que la madre empuja para que el niño nazca y el pequeño ha emergido completamente de los genitales, inspira y se produce el llanto. Alrededor de 30 ó 50 segundos posteriores a ese momento, se procede a cortar el cordón umbilical, que se realiza cuando se ha constituido la circulación del recién nacido”.

Al momento del corte del cordón, tanto en parto normal como en cesárea, se pone al niño sobre el pecho de la madre para que tengan su primer contacto. Es en ese minuto que los lazos entre madre e hijo empiezan a establecerse, a través del olor y calor corporal.

Cuando al niño se le están practicando los exámenes de rigor, la madre entra a la etapa del “alumbramiento”, que es la última fase del trabajo de parto. Como explica el doctor Jankelevich “es cuando se expulsa la placenta y se caracteriza por un período de reposo. Esto sucede en forma espontánea, minutos después que el niño ha nacido y al momento de reiniciarse las contracciones. Estas hacen que la placenta se desprenda y se expulse. Luego, si es que se ha practicado una episotomía, se procede a suturar”.

Nacimiento por cesárea

Según el doctor René Castro, “un parto podría terminar en cesárea cuando la presentación fetal al momento del parto es de nalgas. Otra razón es que el bebé presente un cuadro de sufrimiento fetal agudo y, por último, que la proporcionalidad entre el tamaño del niño y el de la pelvis de la madre sea incompatible”.

A juicio del especialista, “la cesárea es la interrupción del embarazo por vía abdominal, que se realiza a través de una incisión en una zona del útero denominada segmento, que es la parte baja del útero, por encima del pubis”.

Consiste en el corte subcutáneo del tejido y los músculos de la pared abdominal. El médico abre la membrana que cubre el conjunto del abdomen (peritoneo), despega la vejiga y la desplaza ligeramente hacia abajo, accediendo así a la parte inferior del útero (segmento) y sacando al niño. El resto de la intervención consiste en retirar la placenta, cerrar cada uno de los tejidos abiertos y suturar la piel.

Existen dos tipos de cesárea, la ‘electiva’, que es por indicación, ya sean maternas, fetales u ovulares, y la ‘cesárea de urgencia’, que es aquella que se evalúa en el curso del trabajo de parto.

Según el doctor Jankelevich, los beneficios del parto normal a la cesárea son muchos. “La cesárea podría tener un mayor riesgo de infección materna y de hemorragia, además de una recuperación más lenta. La vía natural de evacuación del útero es el parto vaginal. El niño -durante su pasaje por el canal del parto- es comprimido por las contracciones y por los tejidos maternos, que le permiten que haya una buena limpieza en los pulmones del líquido amniótico, pudiendo así respirar mejor. En términos de lazos afectivos, podrían ser mucho más intensos en los casos de un parto normal que en una cesárea, es decir, el hecho que la madre sienta que ella fue la productora del bebé tiene implicancias de tipo afectivas muy importantes, que aún hoy son poco entendidas”.

En el caso de parto normal o cesárea, la madre es llevada a su habitación luego de algunos minutos de que el niño ha nacido. A partir de este instante se pone en contacto definitivo con su bebé, dando inicio al ansiado encuentro a través del proceso de lactancia. Finalmente, la espera terminó.

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