No siempre quienes se destacan por su inteligencia cuando niños, terminan siendo los más exitosos cuando adultos, y asimismo, algunos son más capaces que otros para enfrentar contratiempos y superar obstáculos. ¿Por qué?, según la teoría de la Inteligencia Emocional existen personas con un talento básico para vivir y que han desarrollado capacidades sociales y emocionales que pueden más que lo intelectual o cognitivo.
Formar a los hijos en matemática, ciencias, lenguaje y artes, ya no es suficiente. Ahora los padres también tienen el desafío de educar a niños emocionalmente in-teligentes, porque hoy en día están más expuestos a situaciones de tensión que los hacen propensos a sentimientos negativos, a ser poco pacientes y menos tolerantes, y para hacer frente a esas situaciones, los conocimientos no bastan.
Aunque cueste creerlo, las capacidades sociales y emocionales pueden más que lo cognitivo para que un niño supere las dificultades y llegue a ser un adulto exitoso. Así lo señala el psicoterapeuta estadounidense Lawrence Shapiro, quien aplicó el concepto de Inteligencia Emocional a la psicología infantil en su libro “La Inteligencia Emocional de los Niños”.
Los especialistas en este tema, que saltó a la fama en 1995 con el best seller “La Inteligencia Emocional”, de Daniel Goleman, sugieren diversas formas para educar emocionalmente a los niños, como buscar apoyo en la literatura existente y participar en talleres sobre el tema.
Según Neva Milicic, psicóloga y doctora en Psicología Educacional, quien recientemente dictó un seminario sobre el tema, “es muy importante conectarse con las emociones del niño desde el nacimiento, ya que es la forma más básica para producir una comunicación empática, una suerte de ‘complicidad’ que estará basada en un vínculo más profundo que la simple comprensión de los padres hacia su hijo, y que el niño reproducirá en las relaciones que establecerá en el futuro”.
La idea es, entonces, participar activamente en la vida emocional del niño, dedicándole tiempo de calidad a través de juegos y actividades conjuntas, para que poco a poco interiorice el conjunto de habilidades que componen el concepto de Inteligencia Emocional. Y mientras antes comiencen los padres este entrenamiento, mejor.
Educando habilidades
Para controlar y dar sentido a las emociones, es necesario integrar un conjunto de habilidades que componen el concepto de “Inteligencia Emocional” y que aunque existen potencialmente en todos los niños, si no se las educa, no se desarrollan.
Pero estas habilidades no son un capricho de Goleman. Ellas coinciden con-ceptualmente con las que ya en 1990 determinaron los psicólogos estadounidenses Peter Salovey y John Mayer, quienes por primera vez señalaron cuáles eran las cualidades emocionales importantes para alcanzar el éxito.
El Autoconocimiento es una de ellas, e implica enseñar a los niños a conectarse con sus estados internos, a hablar de sus ideas, emociones y capacidades. La psicóloga Neva Milicic, recomienda para ello fomentar la reflexión, olvidar las descalificaciones hacia lo que piensan los niños y estar atento a sus intereses y gustos. “Un niño que ha sido escuchado con amor, será un adulto capaz de tolerar sus propios defectos, sin ser implacable con él mismo ni con los demás”.
La Autorregulación es otra cualidad importante y se define como la destreza para manejar los impulsos y adecuar el comportamiento a distintos contextos. Eso sí, no se trata de promover en el niño la autorrepresión, sino más bien enseñarle que debe hacer las cosas lo mejor posible de acuerdo a la situación y que ante unnproblema, puede buscar distintas formas de hacer las cosas.
La Motivación o entusiasmo es una de las habilidades importantes en las personas con inteligencia emocional, e implica contar con tendencias emocionales que faciliten la obtención de metas. La motivación es la causa de que un niño disfrute la actividad que realiza y para ello, la psicóloga recomienda a los padres “inculcar optimismo y una actitud positiva, junto con instarlos a comprometerse en lo que hacen, comenzando por el estudio. Hay que dejar que ellos propongan las actividades a realizar, porque así sus actos adquieren más fuerza emocional”.
Y si se trata de habilidades relevantes en las personas con inteligencia emocional, la Empatía es tal vez la que más conviene entrenar. Es la capacidad de captar los sentimientos, necesidades e intereses de los demás y ponerse en el lugar del otro. Para lograrlo, Neva Milicic recomienda que “los padres muestren un interéssgenuino en lo que el niño dice y hace, le enseñen a prestar atención a lo que hacen los demás y a participar en actividades comunitarias”.
De ahí que fortalecer las Habilidades Sociales, es decir, la destreza de crear nexos con los demás, mantenerlos y restablecerlos en caso de conflictos, sea tan importante. Para lograrlo, es primordial que la relación madre y/o padre e hijo sea cercana y que los padres estimulen el contacto con otros niños, ya que se enriquece al ver otros aspectos de la vida de las personas.
Paso a paso en el desarrollo del niño
Generalmente, los padres tienen más conciencia de los hitos del desarrollo físico de los hijos, que de los emocionales. Conocerlos, entonces, es fundamental pa-ra desarrollar sus habilidades cuando corresponde, no antes ni después. Neva Milicic, indica que en la edad preescolar conviene desarrollar las habilidades a través de enseñanza directa, por ejemplo, contándole cuentos, enseñándole a decir ‘buenas tardes’, ‘por favor’, y señalando explícitamente qué cosas producen daño a otro y, por lo tanto, no deben hacerse.
En la etapa escolar el niño tiene más perspectiva de su entorno, y por ello conviene trabajar con aprendizaje por descubrimiento y juego de simulación de roles, de manera de entrenar sus emociones. Lo primero es jugar a que los niños resuelvan situaciones difíciles como a ellos les parezca que es mejor, argumentando los por qué. Otra alternativa es elegir un rol, como por ejemplo, el egoísta, el servicial u otro, y jugar en secreto esos roles, para que luego los participantes adivinen qué rol desempeñaba cada uno. También pueden jugar a ponerle a uno de los niños una etiqueta en la frente sin que él la vea y que por ejemplo diga ‘el tolerante’, y pedir a los demás que se comporten de acuerdo a ese rol.
Luego el niño tendrá que descubrir, a través del comportamiento de los otros, qué rol le asignaron.
No obstante, la especialista agrega que “en todas las edades, el aprendizaje más importante es por modelaje, ya que así se adquiere el 80% de la conducta. Los niños aprenderán las palabras con las que le hablan sus padres y la forma en que los tratan”.
Por eso, es vital “predicar con el ejemplo” y trabajar en la educación de las emociones de los niños, tarea que aunque parezca difícil, es posible realizar. Los psicólogos denominan como “padre suficientemente bueno” a aquel que proporciona a sus hijos los ingredientes básicos del crecimiento social y emocional, para lograr finalmente, que los niños se vuelvan más seguros de sí mismos, más sociables, considerados y armoniosos.
Fuente: Extracto del artículo publicado en la Revista PadresOk.