Se especializan en ‘llevar la contra’, asumen actitudes rebeldes y se oponen a todas las órdenes paternas. ¿Cómo manejar a un pequeño desobediente?
Es uno de los motivos de consulta más frecuentes en niños menores de 10 años, advierte de entrada el siquiatra Elías Arab, mencionando al mismo tiempo los rasgos más característicos del llamado trastorno oposicionista. “Se trata de niños desobedientes, que frente a pequeñas frustraciones se encolerizan y hacen pataletas con el objetivo de satisfacer sus necesidades y que discuten frecuentemente con adultos. Se rehúsan a cumplir sus indicaciones o se oponen de manera activa, tienden a culpar a otros de sus errores o malos comportamientos y a ser vengativos y molestosos”. La doctora Flora de la Barra, siquiatra infantil, agrega que “las conductas oposicionistas pueden presentarse en varios tipos de niños pero, en general, este término se utiliza para referirse a aquellos que dicen que no a todo y que no obedecen, ya sea en forma pasiva -ignorando la ordeno bien en forma desafiante, por ejemplo, respondiendo: no pienso obedecer”.
Cuando sea un poco más grande, si vuelve repetir esas conductas, es aconsejable acordar con él un castigo, para que no olvide que ciertos comportamientos son sancionados. Lo ideal en estos casos es quitarle un privilegio lo más pronto posible, por ejemplo, que no vea el programa de televisión que venía a continuación.
No. Y punto
Ambos profesionales aclaran que hay periodos del desarrollo en que es normal que los niños adopten ciertas actitudes oposicionistas. “A partir de los dos años descubren el poder de su voluntad y como son muy egocéntricos, una manera de sentir que la ejercen es decir que no y oponerse”, apunta Flora de la Barra. A medida que crecen, y dependiendo de cómo los padres manejen esos comportamientos, las rebeldías de la época preescolar deben quedar atrás. Sin embargo, admite la siquiatra, algunos persisten en ellas. “Son los niños que presentan el trastorno oposicionista desafiante, donde estas conductas se hacen mucho más intensas y se prolongan en el tiempo. Son chicos que tienen pataletas muy acentuadas y llegan hasta a insultar a sus padres”, describe. Con bastante frecuencia este trastorno se manifiesta en menores que presentan el síndrome de défict atencional con hiperactividad y, tal como sostiene el doctor Arab, suele asociarse con trastornos del lenguaje y aprendizaje. “Estos niños tienden a ser híperreactivos a los estímulos táctiles y visuales, tienen baja tolerancia a la frustración y muchos poseen un temperamento difícil, es decir, son mucho más irritables, difíciles de calmar y demandantes”, indica.
Ponle un freno
Esta rebeldía puede derivar en otros trastornos de conducta en la edad escolar, “a los que se agrega una agresividad importante y conductas de tipo antisocial, como salir de la casa sin permiso”, explica Flora de la Barra.
Corrígelo desde pequeño
Flora de la Barra señala que hay menores que desde muy pequeños muestran señales que podrían alertar a los padres respecto de un potencial trastorno de este tipo. “Ya desde el periodo de lactancia se ven algunos niños con un temperamento más irritable, quienes les cuesta adquirir rutinas de alimentación y de sueño (muchas veces lo tienen cambiado), que son difíciles de criar y que apenas empiezan a caminar se vuelven hiperactivos”, explica. Además de estas características, que tienen un componente biológico -hereditario- hay que sumarle la influencia del medio, que puede acentuarlas o atenuarlas. Pon atención a las siguientes:
♦♦Falta de normas claras y consistentes hacia los hijos. “Es frecuente encontrar en las familias de niños oposicionistas la ausencia de límites, la inconsistencia en la implementación de normas y las desautorizaciones que se producen entre las figuras de autoridad”, constata el doctor Arab.
♦♦Padres hípercorrectores. Aquellos que por intentar corregir todo, hasta los mínimos detalles, terminan generando hijos rebeldes, incapaces de acatar todas las normas impuestas. Asimismo, hay muchos padres que oscilan entre la permisividad y el autoritarismo, y que reaccionan de manera impredecible, sin lograr establecer un patrón coherente de crianza, frente a lo cual los hijos se oponen -muchas veces con justa razón- lo que desencadena escaladas de violencia.
♦♦No a las luchas de poder. “Ponerse a hacer ‘gallitos’ para ver quién gana la discusión es lo peor que se puede hacer. En vez de eso, los padres deben permanecer tranquilos, pero firmes. Ignorar la primera desobediencia, dejar pasar unos minutos, luego insistir, formulando la orden de otra manera. Y si es muy urgente o si el niño u otras personas corren peligro, hay que a obligarlo con calma y firmeza”, recalca Flora de la Barra.
Buscar el equilibrio
Tanto los padres que dejan actuar a sus hijos sin ponerles ningún tipo de límite, como aquellos que están constantemente corrigiéndolos, despiertan en ellos sentimientos de rebeldía. Evita ambos extremos y aplica un estilo de autoridad paternal basado en reglas generales, que permitan a los niños crecer en libertad.
Frena su rebeldía
Para mantener a raya este tipo de conductas, el doctor Arab recomienda:
➤➤Ambos padres deben estar de acuerdo en el establecimiento de las normas y los límites, evitando las desautorizaciones.
➤➤Es importante invertir más tiempo en compartir que en corregir. Del tiempo que los padres tienen para estar con sus hijos, la mayor parte debe estar destinada a compartir con ellos y solo una pequeña parte a corregir.
➤➤Mantener las jerarquías claras, donde los padres deben ser las figuras de autoridad.
➤➤Aprender a decir que no a los hijos de manera consistente.
➤➤Permitir a los niños manifestar sus necesidades, lo que no significa hacer todo lo que ellos pidan.
➤➤Ser consistentes y efectivos en la implementación de las normas y límites.
Edúcalo en positivo
Para contrarrestar las conductas oposicionistas, los especialistas recomiendan enfocarse en premiar lo positivo, felicitando al niño, prestándole atención y entregándole cariño. Si te caracterizas por ‘llevar la contra’ hasta en los más pequeños comentarios, resulta útil alabarlo cuando es capaz de encontrar cosas positivas. ‘Me encanta verte contento, me gusta mucho cuando lo pasas bien’, son frases que pueden incentivarlo a no ser tan negativo. En cuanto a las conductas inadecuadas, Flora de la Barra sostiene que se pueden manejar retirando la atención del niño, esperando unos minutos y después volviendo a pedirle que corrija su conducta. Pero si se trata de un comportamiento inaceptable -por ejemplo, pegarle al hermano, a la mamá o romper un objeto a propósito se le debe detener, diciéndole con voz firme y calma ‘esto no te lo vamos a aceptar, no lo puedes hacer’, y aislarlo de 5 a 10 minutos en su pieza hasta que se calme.
Mantén la tranquilidad
Lograr que tu hijo obedezca es un objetivo importante, pero más lo es mantener la calma. No pierdas en control, ni siquiera en los momentos críticos. Ver que sus padres no pierden los estribos hará que valore sus argumentos y termine por entender