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Depresión posparto

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Ninguna madre esperaría, tras la llegada de un hijo, sentirse triste y angustiada, al punto de ni siquiera querer atenderlo. Sin embargo, le ocurre a una de cada diez mujeres.

Se trata de la depresión posparto, un trastorno sicológico similar a cualquier depresión severa, pero cuyo origen está en el brusco desequilibrio hormonal que se produce después del nacimiento del hijo.

Como en cualquier alteración sicológica, la realidad está algo distorsionada: todo resulta angustiante y no existe interés por nada, ni siquiera por el niño. Algo tan natural como su llanto se transforma en una tortura cotidiana, y todo da vueltas como un circulo vicioso, surgiendo sentimientos de frustracióm y culpa, que entristecen aún más.

“En el alumbramiento o expulsión de la placenta los niveles de hormonas que eran muy altos durante el embarazo bajan a cero en cosa de minutos, y eso produce un efecto en el ánimo, del cual la mayoría de las mujeres se recupera en pocos días. No obstante, en las que tienen una susceptibilidad especial se puede desencadenar un trastorno más severo que aparece generalmente después del tercer mes”, señala el psiquiatra Andrés Morales.

La angustia posnacimiento es tan normal que el 90 por ciento de las madres se siente desanimada durante los primeros 15 días. “En Estados Unidos le llaman blues (tristezas), y es un período de susceptibilidad, llanto e inseguridad respecto a sí podrán hacerse cargo del niño. Si esto se prolonga, ya se transforma en un cuadro depresivo”, explica el doctor Morales.

La definición clásica indica que este trastorno aparece entre el segundo y sexto mes. Sin embargo, actualmente se manejan criterios más amplios que consideran que cualquier alteración mayor que aflore en el primer año después de dar a luz debe ser tratado como una depresión posparto.

Una madre triste

“Como todo esto ocurre en un periodo en que el niño exige una serie de cuidados especiales, normalmente la madre se siente incapaz de hacerse cargo y en los casos más severos simplemente lo abandona”, indica el psiquiatra. Agrega que hay mujeres que en estados mucho más críticos pueden llegar al suicidio. Lo peor es que en estos casos las mujeres no reconocen que están enfermas, ni siquiera se lo cuestionan, por lo tanto rara vez buscan ayuda de un especialista.

Una mujer con predisposición a los trastornos anímicos obviamente tiene más probabilidades de desarrollar una depresión después de dar a luz. Pero, también existen circunstancias ambientales que influyen en estos cuadros, como la calidad de vida, la relación de pareja y las condiciones económicas.

Actualmente se dispone de tratamientos con fármacos bastante avanzados que se pueden usar, incluso, sin interrumpir la lactancia y con muy buenos resultados.

El niño también sufre

El recién nacido es también víctima de la depresión posparto de su madre.

“El niño aprende y desarrolla su mente en la medida en que pueda regular sus emociones. La encargada de hacer esto en los primeros meses y años de vida es la madre, que tiene que ser capaz de tolerar sus llantos, pataletas y saber calmar sus angustias, porque el niño aún no tiene la capacidad de controlarse. Cuando la madre está enferma no cumple bien esa función y el niño está sometido a una situación de estrés permanente”, advierte el psiquiatra.

El gran problema de la depresión posparto es que casi nunca se detecta a tiempo, por lo que esa madre no recibe tratamiento adecuado y tiende a mantenerse mucho más de lo que debiera, produciendo daños en el núcleo familiar y en el desarrollo del niño.

El doctor Morales advierte que es importante ponerse en manos de un especialista, de lo contrario la depresión podría durar años, agravándose cada vez más. Enfatiza que hay una gran responsabilidad de parte de los profesionales de la salud que están en contacto con la madre y el niño durante el primer año de vida, pues son ellos quienes deben reconocer los síntomas y derivar a las madres afectadas oportunamente a un médico.


Fuente: Doctor Andrés Morales, psiquiatra, doctorado en Psiquiatría Perinatal en la Universidad de Londres y docente de la facultad de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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