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¡El infierno de las pataletas!

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¿Hay algo que altere más a madres y padres que ver a su hijo hacer una pataleta? A edades tempranas es una de las situaciones más extremas en las que un niño se ve envuelto. Y aunque por su propia voluntad, son los estímulos externos los que lo colapsan y lo hacen estallar en un mar de llanto, gritos y patadas. Para saber todo sobre las pataletas y el por qué de la rebeldía de los hijos, conversamos con la doctora Amanda Céspedes, una de las neuropsicólogas y neuropsiquiatras que mejor conoce en Chile sobre los trastornos de conducta de niños y jóvenes.

“Niños con pataleta, adolescentes desafiantes” es uno de los más recientes libros publicados por Amanda Céspedes, referente obligada cuando se trata de problemas de conducta infantil. En él, la especialista señala que estadísticas internacionales indican que 1 de cada 2 niños se muestra porfiado y desobediente en más de una oportunidad, y que 2 de cada 10 exhiben una conducta oposicionista en forma habitual.

Lo importante de aclarar es que sólo en 2 de cada 100 niños la conducta oposicionista y oposicionista desafiante obedece a una psicopatología. ¿Qué significa esto? Simplemente que los padres pueden hacer mucho en el modelaje de las conductas de sus hijos. Son tan comunes las pataletas que se tiende a pensar que son normales ¿Es así? Sí y no. La pataleta es una conducta. Es la expresión de un desborde emocional incontenible y como tal puede estar expresando algo normal, como un autocontrol insuficiente del temperamento, propio de un preescolar, hasta algo totalmente patológico, como un disturbio del vínculo. Debe ser mirada como una conducta similar a la fiebre.

¿Qué las provoca?

Eso depende de la edad. Entre los 12 meses y los 7 años, la pataleta refleja la impotencia del niño frente a una actitud inadecuada de los padres, como intentar sólo juzgarlo por la fuerza, ignorarlo o amenazarlo. También es el reflejo del deseo por conseguir algo sin entender las razones de la negativa, por ejemplo, decirle a un las pataletas niño de 3 años ‘no tengo dinero, no me exijas ese juguete’, en circunstancias que lo han acostumbrado a comprarle lo que él quiere para que no moleste. Sin embargo, lo esencial es pensar siempre en las causas más prosaicas, como el suelo, el cansancio, el dolor de guatita y el encierro; mientras que en los más grandes la pataleta puede atribuirse a sobre estimulación por exceso de televisión o juegos de video o como respuesta a actitudes antipáticas de los adultos como gritos, descalificaciones y amenazas.

¿El origen de las pataletas está en los padres?

El 90% de las pataletas infantiles es provocado por el adulto. El niño aporta su temperamento; es más frecuente la pataleta en el niño de temperamento ansioso, impulsivo y disfórico; su inmadurez, ya que se da en mayor medida en niños con síndrome de déficit atencional, con trastornos de lenguaje y en chicos con problemas neurológicos.

El papel del ambiente es relevante entonces…

Así es. La causa de los problemas de conducta infantil y adolescente es multifactorial, pero puede ser favorecido y perpetuado por los adultos. Eso ocurre cada vez que los adultos cometen errores en su papel de agentes socializadores del niño. Socializar es implantar normas y límites, educar emocionalmente y acompañar al niño en el cumplimiento de tareas. Es un trabajo complejo, exigente y arduo, que debe llevarse a cabo sistemáticamente por varios años, sin claudicar.

¿Cuáles son esas tareas?

Implantar normas en forma oportuna y sistemática. Inicialmente se trata de una obediencia impuesta, pero pocos años después, una vez que el niño entiende la norma, ésta se transforma en un principio valórico. Una vez implantadas en el hogar, las normas adquieren estatus de inamobibles. Entre ellas las más importantes son el respeto, los hábitos de orden y de buen uso del tiempo y la rectitud y la honestidad.

¿Los límites también cuentan?

Por supuesto. Poner límites claros, consistentes y flexibles, que se adecuen a la edad o madurez de los niños es otra tarea de socialización. Lo es también el educar emocionalmente, por la importancia que tiene para el autocontrol del pequeño y adolescente.

Ante una pataleta ¿Hay que contener a los hijos o esperar a que se acabe sola?

Depende de la edad. En los más pequeños funciona muy bien distraerlo y cambiar el foco de su interés empleando para eso la magia y la fantasía. En los más grandes hay que aguardar a que la pataleta se En los más pequeños funciona muy bien distraerlo y cambiar el foco de su interés empleando para eso la magia y la fantasía. En los más grandes hay que aguardar a que la pataleta se extinga, manteniéndose sereno.

¿Qué decirle después?

No hay recetas… el secreto está en educar emocionalmente: saber escuchar, saber acoger, saber entender y saber contener. Esa educación emocional depende de la edad. Un ejemplo: un papá separado se pone de acuerdo con el hijo para llevarlo de paseo un sábado, pero no llega, lo deja esperando y se justifica diciendo que tiene cosas importantes en la oficina. Entonces la mamá decide que aproveche el tiempo y le pide que adelante la tarea de ciencias. Y el niño hace una pataleta feroz. La mamá lo castiga requisándole el play station por dos semanas, pero en vez de de las conductas de sus hijos  extinga, manteniéndose sereno. Da resultado enviar al niño a su pieza y permitir que descargue su rabia golpeando un cojín, mientras que otros prefieren tirarse a la cama y llorar. Cuando la pataleta se ha extinguido, se acoge al niño en forma cariñosa y serena.

Si no le compramos un juguete en el supermercado a nuestro hijo ¿Debemos estar dispuestos a soportar una pataleta como consecuencia? ¿No habrá otra salida?

El ideal es distraerlo. Si una mamá sabe que su hijo va a hacer una pataleta en el supermercado, debería llevar algo en su cartera que pueda servir como distractor: un dulce o uno de sus juguetes preferidos. Si el niño hace pataleta cada vez que va al supermercado, quizá sea mejor no llevarlo, pues está visto que no logra tolerar la frustración de no poder tener todo lo que se ofrece en las estanterías.

¿Y en el caso de niños más grandes?

Si un niño de 6 ó 7 años hace pataletas en el supermercado es hora de detenerse a indagar qué le está ocurriendo.Muchas veces el deseo compulsivo de tener un juguete o un chocolates refleja ansiedad, miedo, soledad afectiva y desánimo… Un niño que recibe mucho amor es siempre un niño emocionalmente sereno, satisfecho, que no exige nada y que recibe con alegría, pero sin pedir. Un niño exigente es un niño que está sufriendo emocionalmente, es un niño triste

¿Qué decirle después?

No hay recetas… el secreto está en educar emocionalmente: saber escuchar, saber acoger, saber entender y saber contener. Esa educación emocional depende de la edad. Un ejemplo: un papá separado se pone de acuerdo con el hijo para llevarlo de paseo un sábado, pero no llega, lo deja esperando y se justifica diciendo que tiene cosas importantes en la oficina. Entonces la mamá decide que aproveche el tiempo y le pide que adelante la tarea de ciencias. Y el niño hace una pataleta feroz. La mamá lo castiga requisándole el play station por dos semanas, pero en vez de eso lo que debe hacer es acoger las emociones que hay detrás de la pataleta: pena, desilusión, impotencia y sensación de ser postergado. Lo que hay que hacer es conversar con el niño, legitimar su pena y consolarlo, eso es lo que corresponde, y eso es educar emocionalmente. En el futuro, ese niño también sabrá acoger, escuchar y contener.

Conversar es una buena fórmula…

Por supuesto. Lo fundamental es explicar a los hijos que el lenguaje sirve para mediatizar las emociones. A los niños hay que enseñarles a hablar, pero para eso los adultos deben aprender a escuchar. Por ejemplo, si un niño sorprende s su hermano chico rompiendo sus legos y le pega fuerte, la mamá lo castiga con mucho enojo, le dice que es un mal hermano y el niño hace una gran pataleta; lo que es muy usual. Sin embargo, lo que debería hacer la mamá es escuchar sus argumentos, legitimar su enojo y ofrecerle una solución, por ejemplo, un estante alto donde colocar sus juguetes preferidos, que no esté al alcance del hermanito. También, ofrecerle que ella le va a explicar al hermanito que esos juguetes son valiosos y no puede tomarlos, porque son de su hermano mayor.

¿Cómo prevenir o disminuir las pataletas?

La experiencia profesional muestra que la estrategia de educación emocional es el más espléndido recurso preventivo de trastornos de conducta infantil y adolescente. Incorporarla a las estrategias de los padres -y de quienes están cerca del niño durante sus primeros años- permite abordar efectivamente la rebeldía como parte del desarrollo y la rebeldía reactiva.

Sin embargo no es la estrategia más utilizada…

Claro que no lo es. Los adultos miran con escepticismo y temor las consecuencias que podría tener reemplazar los métodos ‘disciplinadores’ por uno que parece fomentar la pérdida de autoridad. Nada más lejos de la realidad: las estrategias de comunicación afectiva son el recurso más infalible para ganar autoridad ante niños y adolescentes. Los adultos que las practican crecen ante los ojos del niño, quien los mira con admiración y valora sus consejos.

¿Cómo partir con la comunicación afectiva?

Basándose en cuatro principios fundamentales. La escucha emotiva, que es la capacidad de escuchar con interés, afecto y emoción a un niño; el principio de la buena fe, que implica creer en el niño y no desconfiar a priori; el principio de la segunda oportunidad, entendiendo los errores como excelentes oportunidades para aprender y corregir el rumbo; y no enjuiciar, que es la capacidad para no emitir juicios de valor en contra de los hijos, como ‘en ti no se puede confiar’, o ‘hasta un niño pequeño entendería’. Todos estos principios, aplicados consistentemente y con amor, dan muy buenos frutos.

Artículo publicado en revista PadresOk

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