Hay una serie de prejuicios y recomendaciones ‘pasadas de moda’ respecto a la crianza de los recién nacidos, lo que lejos de beneficiar a los bebés y a sus padres, pueden perjudicarlo. Aquí algunos de los errores más comunes.
Hacerlo dormir boca abajo
Sí, es cierto que las abuelas y hasta los pediatras de hace unas décadas atrás recomendaban acostar en esta posición a los recién nacidos, para evitar que se ahogaran. “Pero hoy se ha demostrado que los niños que duermen en prono (boca abajo), tienen mayor probabilidad de presentar el Síndrome de Muerte Súbita”, explica la doctora Ximena Solivelles, pediatra y neonatóloga de la Clínica Alemana. Por eso, la recomendación número es acostar a los bebés en posición supina (de espaldas), sobre una superficie inclinada en 45 grados aproximadamente, de manera que la espalda y la cabeza del niño queden levemente elevadas en relación al resto del cuerpo
No tomarlo en brazos, porque se malcría
Los bebés pequeños no saben qué es manipulación. Si lloran -y tienen satisfechas sus necesidades básicas- lo más probable es que requieran del cariño y afecto físico de sus padres. “Para la formación del vínculo afectivo con el bebé es fundamental que los padres establezcan un contacto físico intenso. Esto permitirá la conexión emocional que generará el apego; ese amor incondicional por el niño que movilizará a los padres a otorgarle todos los cuidados necesarios”, señala Mónica Canales, enfermera matrona y docente de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello.
Si llora es porque tiene hambre
No caigas en la tentación de amantarlo cada vez que el pequeño llore, porque si bien la succión lo calma -más que el alimento mismo, a veces- se acostumbrará a que las penas o las incomodidades sean siempre satisfechas con alimento. Antes de ofrecerle el pecho -sobre todo si ha tomado hace menos de 90 minutos descarta otras razones: frío, calor, pañal sucio, incomodidad, aburrimiento o falta de contacto físico.
La ‘papa’, solo cada 3 horas y con reloj en mano
Durante los primeros meses se recomienda alimentar al niño a libre demanda, es decir, cuando lo solicite. “No es correcto esperar que pasen 3 horas para amamantar, como solían recomendar algunos pediatras, ya que el bebé perfectamente puede pedir más leche a la hora y media, que es el tiempo que demora en digerir”. La única limitación es que en el día no pasen más de 3 horas entre cada toma y que en la madrugada se amamante al menos una vez. A medida que van creciendo o, en general a partir del cuarto mes, los bebés por sí mismos establecerán un horario más regular.
No lo abrigues demasiado
Los recién nacidos tienden a enfriarse, pero si se les abriga demasiado sudan. Además, se
ha comprobado que aumenta el riesgo de asfixia y muerte súbita. Si la temperatura de la
casa bordea los 22º C, el niño puede estar vestido con un body y un osito de algodón que le cubra los pies.