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Consejos en la crianza de los hijos ¿Quién tiene la razón?

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Nadie nos enseña a ser padres. Sin embargo, cuando un niño nace todos quieren opinar. Que «acuéstalo siempre boca abajo», que «no lo dejes nunca sin calcetines», que «por qué no le das un poco de agua cocida”; cientos de recomendaciones que además de confundir, terminan por desesperar al más paciente de los padres.

La psicóloga Carola Cornejo, creadora del programa Psicobebé, explica que esta es una situación muy frecuente y que abarca los más diversos aspectos y etapas del crecimiento. Acontecimientos como el corte de pelo, la postura de aros, el bautizo, la vestimenta o la alimentación son los más conflictivos.

Sin embargo, a medida que el niño crece se van sumando otras aristas. Alrededor de los 6 meses, cuando comienza el proceso de alimentación sólida, surgen los comentarios acerca de lo saludable que fue tal o cual bebé gracias a una comida en especial, y así muchos consejos que suelen contradecirse con las indicaciones médicas.

«Donde se producen mayores inconvenientes es en el tema de los hábitos. Alimentación, sueño, lenguaje y control de esfínter son aspectos que toda la familia cree dominar y tratan de imponer sus normas de una forma u otra», señala la psicóloga.

Primeros días, primeros ataques

Es importante tener en cuenta que tras el parto la mujer se encuentra en un estado de mayor sensibilidad y vulnerabilidad, por lo que cualquier comentario del tipo «así no se le pone el pecho», o «parece que no está satisfecho con tu leche» pueden afectarle mucho. Es fundamental en estos casos el apoyo de la pareja o de un familiar cercano que simplemente la acompañe en sus primeros encuentros con el bebé, en ese descubrimiento de cómo alimentarlo, cuidarlo y comenzar a conocerlo.

Pero esta intromisión de los familiares no debería impactar en la pareja si los padres han planificado previamente las formas de crianza y se han puesto de acuerdo. El problema surge cuando no ha existido el diálogo previo y las parejas se enfrentan a estos «ataques”, sin la claridad necesaria para poder escucharlos y evaluarlos.

Es habitual que los papás primerizos sean quienes más sufren con el bombardeo de información que reciben, porque aunque hayan leído libros o revistas no cuentan con la experiencia de la paternidad. Comienzan las dudas respecto a la ‘razón’ de los consejos que reciben, aún en contra de su sentido común y de las recomendaciones del pediatra.

Según la psicóloga, en el manejo de la crianza pueden existir distintos grados de intromisión: las sutiles, que son aquellas que se manifiestan cuando la familia va de visita a algún lugar o comparte algunas semanas con ellos, y comienzan las comparaciones como «cuando tú eras chico…», «antes no se hacía así…», que se producen principalmente por diferencias de criterio y que son percibidas como una crítica o desaprobación.

Por otro lado están las intromisiones permanentes, que provienen de las personas que pasan más tiempo con el niño y que sienten como un deber el asumir roles paternos. Estos casos se dan en familias que viven constantemente con otras personas o que dejan el cuidado diario del niño en otras manos, donde comienza a producirse una disputa sobre quién es el que finalmente tiene mayor poder de decisión respecto al niño.

El deseo de ser mejores

Carola Cornejo plantea que una de las grandes diferencias en la educación de los hijos proviene precisamente de la formación de los padres; una generación distinta que busca perfeccionarse en la tarea de ser padres. Los papás de hoy se dan cuenta que sí se pueden educar como padres a través de charlas, talleres o libros; se dan cuenta que pueden ser más activos en el cuidado del bebé, poniendo un gran énfasis en el fomento de lazos afectivos».

Además, agrega que a lo largo de la vida todo ser humano va cargando una «mochila» en la cual acumula experiencias, emociones y sensaciones que al momento de llegar la paternidad comienzan a aflorar como si de pronto estallara. En esa acumulación de vivencias están también las experiencias adquiridas de los propios padres.

Consejos, no imposiciones

Para evitar la confusión y la angustia de ser asediados por las opiniones -a veces imposiciones- de la familia respecto al cuidado de los hijos, los padres deben decidir antes del nacimiento qué es lo que quieren entregarle y cómo conseguirlo. Aspectos básicos sobre la lactancia, poner o no aritos en el caso de las niñas, bautizarlo bajo alguna religión y la frecuencia de las visitas, son temas que aunque parezcan triviales deben formar parte de un acuerdo previo.

La psicóloga explica que este consenso en las pautas de crianza debe intentar rescatar lo mejor de cada familia, de cada consejo y sobre todo, debe ser comunicado al resto de las personas cercanas a la familia, es decir, informar a todo quien tenga contacto con el pequeño acerca de las decisiones tomadas.

Lo ideal es que aunque sea la pareja quien tome las decisiones finales, hagan sentir a quien realiza las sugerencias que su opinión será tomada en cuenta y conversada por los padres. Para ello se debe agradecer el interés o intención de ayudar, pero fijar los límites que creen convenientes. Por ejemplo, decir: «Agradecemos tu preocupación, pero las decisones las vamos a tomar nosotros con la ayuda del pediatra».

La clave está en planificar, comunicar y admitir algunos consejos, pero nunca aceptar imposiciones.

Fuente: Extracto de artículo publicado en Revista PadresOk

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