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Hipersensibilidad en el postparto

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Para quien no ha sido madre es difícil entender esa capacidad de pasar de la risa al llanto en cuestión de segundos: de sentir pena intensa en un momento y alegría extrema al rato, especialmente los primeros días y semanas después del parto. Sin embargo, quienes han vivido la experiencia de tener un hijo saben de qué estamos hablando.

¡Valor!. Esa era la frase más común que Fernando (31), repetía en voz baja cada vez que Daniela se enojaba a morir cuando algún familiar se disculpaba por no poder ir a conocer a su recién nacido hijo, Benjamín, a la clínica. O cuándo iban camino a casa y ella lloraba pensando en si sería capaz de cuidar adecuadamente al niño, si tendría la leche suficiente para alimentarlo, o si lo sentiría en la noche cuando despertara.

Y es que las emociones -positivas y negativas-son compañeras inseparables de la mujer que ha tenido un hijo, en especial inmediatamente después del parto. Según el gineco-obstetra de Clínica Las Condes, Alfredo Germain, autor del libro “Cuidados del Embarazo”, hasta un 30% de las embarazadas sufre trastornos del humor luego del parto. De ellos, a juicio del especialista, “la gran mayoría son leves, precoces y transitorios, y sólo un porcentaje mínimo es más tardío y severo y requiere apoyo farmacológico y psicoterapéutico”.

Estrés postparto

Aunque no se sabe con certeza porqué  se producen estas alteraciones en el estado del ánimo, el doctor Alfredo Germain reconocen que sin duda influyen los dramáticos cambios en la concentración de hormonas de origen placentario en la sangre, así como factores genéticos (predisposición familiar), el manejo de los vínculos afectivos que la pareja establezca con anterioridad al parto y la experiencia del parto en si mismo.

Variables como la gran responsabilidad de satisfacer las necesidades del bebé también impactan el ánimo de una recién estrenada madre. Se puede llegar rápidamente a un estado de estrés producto de falta de sueño y cansancio, molestias físicas posparto y dificultades para amamantar, especialmente por la inseguridad que provoca el desconocido mundo de los pañales y las papas.

En el caso de madres experimentadas, el llegar a casa también significa una cuota de estrés importante. En opinión de Alejandra (31), es aún más difícil que cuando se tiene el primer hijo. “Cuando nació Ignacio todo mi tiempo era para él, por lo tanto, aunque fue difícil la adaptación a la nueva rutina de mamá, puse todas mis energías en eso y con los días las cosas comenzaron a andar bien. Pero cuando nació Catalina yo tenía que preocuparme además de que mi hijo mayor no sintiera demasiados celos y me sentía tirada de un lado y de otro. Eso me hacía sentir mucho más vulnerable, me faltaba tiempo para descansar y mientras estaba con la guagua sentía culpa de no dedicarme ciento por ciento a mi hijo más grande”.

Pena y alegría

Las primeras semanas después de haber tenido un hijo tienen una cuota aún mayor de felicidad y de alegría. Especialmente cuando el parto ha resultado exitoso y madre e hijo han hecho un buen proceso de apego -o vínculo que se genera producto del contacto piel a piel inmediatamente después del nacimiento y las horas posteriores-el enamoramiento entre ellos, motivado fuertemente también por la hormona ocitocina, permite gozar de todos los momentos juntos.

Generalmente, la madre vive una constante contemplación de su hijo, casi incrédula ante lo que tiene frente a sí misma. Eso la hace más sensible a los estímulos externos, que pueden jugar a favor si el padre la apoya y participa en todas las tareas relacionadas con el cuidado del niño; o puede conspirar contra su tranquilidad y alegría cuando él se mantiene más bien al margen de este proceso.

Un estado emocional alterado puede intensificarse producto de factores externos como inestabilidad familiar o de pareja, casos en los que es necesario advertir al equipo médico, especialmente si en un embarazo anterior ya ha sucedido. Como señala el doctor Germain, para tranquilidad de las madres, el ánimo de una mujer que ha dado a luz se estabiliza dentro de las 6 primeras semanas. De no ser así, es importante consultar a un especialista, para prevenir un posible cuadro de depresión postparto.

Emociones en equilibrio

Tratar de establecer un equilibrio emocional inmediatamente después del parto es todo un desafío para la nueva mamá, pero sin duda todo es más fácil cuando:

-Su pareja está presente y en sintonía con sus emociones. La consuela y la comprende, al mismo tiempo que la ayuda en el cuidado de su hijo.

-Su familia -y las personas más queridas- se interesan por ella y por su bebé.

– Sus más cercanos la visitan para hacerse cargo del niño por algunas horas, de manera de permitirle descansar o dedicarle tiempo a otros hijos si los hay.

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