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Navidad es familia
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a Navidad es una época llena de tradiciones pero también de actividades, compromisos, cosas que hacer, que, según los comentarios que se escuchan a fin de año, a menudo sobrepasan el tiempo y energía de las familias. Coincide con el fin de año escolar, y con el cierre de muchos procesos en lo laboral para los papás, lo que contribuye a la sensación de cansancio y agotamiento.
También estamos inmersos en una cultura materialista que se traduce en la costumbre de hacer múltiples regalos (a los niños, familia, amigos, oficina, amigo secreto, etc) y la consecuente inversión de tiempo y dinero que esto conlleva. Y, nuevamente, los comentarios que se escuchan por lo general no son de goce, sino de cansancio y tedio.
Para algunas familias la Navidad se trata de un tiempo de recogimiento, de recordar el significado del nacimiento de Jesús. Para otras lo relevante es el encuentro familiar. Pienso en las familias extensas que no tienen muchas instancias de encuentro durante el año y son estas fechas los momentos de re-conexión familiar, a través de las tradiciones, las recetas, los ritos. Para muchas puede ser sólo un feriado más, sin mucho significado extra. Pienso en las familias que llevan años celebrando navidades y en las que recién comienzan. Aquellas para las cuales ésta será su primera Navidad.
Todas estas familias tendrán deseos. Tendrán también deberes, presiones, lo que el medio les pide que hagan. Muchas veces lo segundo prima por sobre lo primero, como una máquina de compras y compromisos que se imponen al deseo interno y profundo del ser.
Y es aquí donde hago la invitación a detenernos a pensar. ¿Qué es lo que quiero hacer para esta Navidad? ¿Qué deseo, qué me nace como impulso hacer, qué quiero para mi familia, qué valores quiero transmitir a mis hijos, cómo quiero que recuerden las Navidades de su infancia? ¿Qué recuerdo yo de mis navidades infantiles?
Si bien es cierto que los niños se deslumbran con los regalos y con la masiva puesta en escena que dispone el comercio en estas fechas, no olvidemos que papás y mamás somos las figuras más significativas para ellos. Por lo mismo, nuestros mensajes, comentarios y actitudes respecto a la Navidad y su celebración son mucho más importantes que los comerciales de televisión, y quedan marcados indeleblemente en los recuerdos infantiles.
Podemos transmitir las tradiciones familiares que atesoramos de nuestra niñez, o podemos crear unas nuevas, nuestras, dependiendo de los valores que queremos entregarles. Y esas tradiciones ojalá incorporen el hacer cosas en conjunto, como familia. Por ejemplo, cocinar galletas o alfajores para regalar, dejar un día especial para decorar la casa o el árbol incorporando decoraciones hechas por los niños. Dejar que ellos propongan, escuchar sus ideas y deseos. De esta manera estaremos transmitiendo mucho más que sólo una tradición, entregamos también una instancia de encuentro, de disfrutar en familia, de compartir con los demás, de respeto y cercanía emocional.
La Navidad puede ser un momento especial de encuentro como familia. Está en nuestras manos hacerlo.

   

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