Cuestión de prioridad – PadresOk
Cuestión de prioridad
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Concientes o no, las prioridades que fijamos los padres a nuestras familias nos llevan a veces a actuar de manera poco o nada razonable. Es como perderse y dar palos de ciego en el camino que nosotros mismos hemos trazado, porque aunque lo que nos mueve es el principio del amor y de la buena convivencia ¿cuántas veces no exigimos a los niños cumplir una tarea cueste lo que cueste? ¿En cuántas otras ocasiones nos enojamos más de la cuenta con ellos por cosas de poca importancia, como un juguete tirado a mitad de la escalera o un envase de yogurt botado boca abajo sobre la alfombra?

Algunos días, en lo personal, pequeños detalles logran subir raudos al primer lugar de “Mi lista de prioridades de las cosas que los hijos tienen que cumplir”, aunque no sean importantes realmente, ni en lo más mínimo. Y bueno el cansancio pasa la cuenta y nubla el horizonte que otros días de tan buena fe nos proponemos cumplir. Los padres nos enojamos, nos enrabiamos, perdemos tiempo valioso extendiendo discusiones más allá de lo razonable.

Entonces, reconociendo este error de madre, partiré marzo anotando en la agenda un mensaje en clave que me recuerde que antes de enojarme, de retar o de castigar sin más a uno de mis tres hijos, lo más importante es que en la familia las relaciones se cultivan todos los días, aún en las circunstancias más difíciles, y que más vale resolver un problema con una sonrisa que con mala cara.

¿Contribuyen los retos y los enojos más que sentarse a conversar, mirándose a los ojos, tratando de hacer entender a los hijos por qué les pedimos las cosas y lo importante que resulta que hagan su mayor esfuerzo por lograrlo?

En segundo lugar, darles más bienestar físico y emocional, mucho más, ayuda en este cambio de actitud. Y ya tengo algunas ideas ara eso. Por ejemplo, con más caricias de las acostumbradas. Últimamente estoy encantada con la idea de volverme experta en masajes relajantes (lo aprendí en el libro “Mis aromas favoritos”, de Sylvia Galleguillos), y voy a poner en práctica el poder de mis manos sobre sus espaldas, cuellos y cabezas juguetonas. Me convencí que si están más tranquilos, menos estresados y con ánimo, todo lo que les pidamos -o casi todo- será para ellos una tarea más fácil.

   

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