¿Por qué no queremos envejecer? – PadresOk
¿Por qué no queremos envejecer?
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En el último tiempo me he encontrado con varias personas de mi edad, más de 50 años, cuya preocupación por el envejecimiento es casi obsesiva y con una alta carga de ansiedad. Esto me cuestiona, intranquiliza y por momentos me entristece, ya que reflexiono acerca de los múltiples problemas de aquellos que más sufren y cuya esperanza de vida es un tercio inferior a la nuestra. Algunos de nosotros estamos tan centrados en la propia vida, que casi queremos la ‘eterna juventud’. Las arrugas, las canas, la grasa acumulada en el abdomen pasan a ser cada día temas de conversación más importantes, ocupan espacios en nuestros medios de comunicación y en la vida social cotidiana, afectando las prioridades de las personas, las relaciones de pareja, la vida familiar y la autoestima de sus miembros.

Recurrentemente me pregunto si es posible recrear un cuerpo juvenil a los 50; si las cremas, las vitaminas, el deporte, los ‘quemadores de grasa’, las dietas -y hasta las cirugías- serán capaces de detener el tiempo o retrocederlo unos años. Por un lado es difícil, improbable o requeriría muchos recursos económicos el modelar un cuerpo más joven teniendo una edad mayor, hay quienes lo hacen con altos costos personales, entonces ¿Será conveniente y efectivamente trae mayores grados de satisfacción personal? Me imagino que para muchas y muchos sí, como en todo orden de cosas dependerá de las circunstancias, de la situación física y psíquica. Sin embargo, hay algo no podremos evitar: enfrentarnos a nosotros mismos, a nuestra autoimagen, al crucial hecho de querernos o no; eso es más fuerte, profundo y delicado. Más importante, el tener tal o cual cuerpo no es sinónimo automático de felicidad ni la puede asegurar para el futuro, recordemos que ‘las bellas y los bellos también son infelices’.

En general, quienes más se obsesionan por mantener un cuerpo ‘impecable’ -destinando tiempo y energías para ello- viven vidas más egocéntricas, les cuesta asumir las responsabilidades que implican la madurez y sus sueños son más individuales que colectivos. Pero creo que podemos combinar adecuadamente una búsqueda necesaria de una mejor calidad de vida personal con los proyectos familiares y sociales; son absolutamente compatibles y generarían un bien enorme a toda la comunidad, desde preocuparnos acerca de lo que comemos, qué ejercicios hacemos, hasta como nos relacionamos, nos respetamos y nos queremos. Salir de nosotros mismos siempre implica un trabajo, una fatiga adicional, ya que debemos en parte renunciar a ideas y maneras de ver la realidad para complementarlas con las de los demás, para dejar espacios de crecimiento y destinar tiempo al cuidado de otras y otros.

Si bien el propio cuerpo es importante, ya que debemos cuidarlo y quererlo, lo mismo estamos llamados a realizar con las personas que nos rodean: respetarlas, amarlas y tratarlas dignamente, y como el tiempo es uno sólo es necesario dosificarlo adecuadamente para que esos intereses personales se complementen con los colectivos y familiares.

Con valores claros, reconociendo primero en valor supremo de cada ser humano y de nuestra propia vida, podremos reubicar en la justa dimensión lo que es envejecer, cuidar el propio cuerpo y ser capaces de continuar madurando y creciendo interiormente, en conjunto con el resto de quienes componen nuestras familias y la sociedad. Toda alienación o magnificación acerca del valor del cuerpo, de las apariencias físicas, tiende a hacernos menos personas y a poner ataduras al crecimiento de lo humano; en este sentido nuestros hijos e hijas esperan de nosotros el cuidado y el cariño, la aceptación y el respeto, el acompañamiento y la solidez valórica testimoniada, lo que es bastante más importante que las características físicas nuestras y de ellos, el biotipo o las apariencias.

   

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