Inicio escolar: ¿qué sentido tiene que nuestros hijos e hijas vayan al colegio? – PadresOk
Inicio escolar: ¿qué sentido tiene que nuestros hijos e hijas vayan al colegio?
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Por Lorena Cornejo & Benito Baranda.

Al comenzar el año escolar se juegan en él los sueños de millones de niños, niñas y jóvenes, pero también entran a batallar allí las aspiraciones de los padres/madres, que debido al afecto por sus hijos e hijas desean lo mejor para ellos. Los alumnos y alumnas de las escuelas de Chile tendrán que enfrentar un nuevo año de crecimiento, de estudio y de socialización, el espacio escolar es hoy –más que ayer- un gran lugar donde por un lado se experimenta la diversidad, el trato justo, la tolerancia, el respeto, el esfuerzo, la búsqueda de la realización personal y por otro lado las exigencias, la competencia, las tensiones y frustraciones. La realidad es que ante hogares más pequeños (con menos hijos e hijas) y con un encierro mayor en la familia nuclear, lo que ocurra en el colegio es fundamental para el devenir de las personas, para su vínculo con la comunidad y la realidad social. Los padres/madres por su parte, producto de sus creencias y con la ambición de que sus hijos e hijas tengan una vida mejor, se esmeran en proveerles lo necesario para que crezcan, sin embargo producto de sus propias frustraciones, problemas de autoestima y en muchos casos malestar, terminan saboteando lo que ambicionan para ellos y los llenan de falsas seguridades, los privan de la exigente construcción de un ‘sentido de vida’ y luego las consecuencias se manifiestan con dureza en la existencia de ellos mismos.

Chile está en varios rankings mundiales, pero no todos ellos son para alegrarse, para llenarse de orgullo, hay varios que no solo nos deberían avergonzar (como por ejemplo el de la desigualdad) sino que nos tendrían que producir un profundo dolor y alimentar una detenida reflexión como adultos y adultas, en las familias y en la sociedad en general. Nos referimos hoy especialmente a aquellos que ponen a los jóvenes chilenos/as entre los principales consumidores de tabaco, alcohol y ‘drogas varias’ del mundo, ¿a qué se debe que nuestra juventud recurra con tanta frecuencia a ‘ausentarse de la vida’ por intermedio de estas ‘alienaciones’? Sin lugar a dudas podemos hablar largamente del origen de estas conductas, hay numerosos estudios y libros escritos al respecto, sin embargo, esto ha cambiado la realidad y la vida de muchos jóvenes –en un tiempo crucial-, y se puesto gris y vacía.

Por lo menos como padres/madres es posible realizar algunas acciones desde la temprana infancia y luego cuando sean más grandes. Una de ellas es empeñarnos en la entrega de un afecto sano, equilibrando ‘rigor y afecto’, y proporcionando a ellos y ellas experiencias de apertura a la comunidad, de preocupación por los demás, es decir de empatía y servicio. Mientras más encerradas están nuestras familias y casas, en la medida en que sean más homogéneos los círculos de amistades y grupos de referencia, las probabilidades de alcanzar un desarrollo armónico, una madurez y un crecimiento acorde a la edad serán menores, y los riesgos de una vida carente de horizonte y sentido se acrecientan.

También sería necesario cambiar las expectativas movilizadas hacia los hijos e hijas desde la ‘competencia y el éxito’ por las de la ‘colaboración y excelencia’. Dando inicio en este mes al periplo escolar es más sano y productivo transformarnos en verdaderos acompañantes del desarrollo de nuestros hijos y no en presionadores, castigadores y juzgadores de sus acciones, este resulta más coherente con el fin mismo de la educación y con las raíces de la realización personal a la que aspiramos.

   

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