Regalos: ¿Una forma de amor hacia los niños? – PadresOk

Regalos: ¿Una forma de amor hacia los niños?

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Según los especialistas, el consumismo de los niños se debe junto con el exceso de televisión y exposición a la publicidad, a los regalos desmedidos que reciben de sus padres. Como señala la psicóloga Alejandra Gutiérrez, “hay papás que creen que comprándole a sus hijos lo que quieren van a llenar vacíos; y los regalos pasan a convertirse de esa manera en sustitutos de afecto. También piensan que los regalos deben ser proporcionales al cariño, entonces compran a sus hijos grandes cosas como una manera de decirles que los quieren mucho”.

Ausencias y regalos

La psicóloga indica que la compensación del cariño a través de cosas materiales se da igualmente en los sectores económicos medios y altos. Sin embargo, señala que en los estratos con mayor poder adquisitivo esta situación se da con mayor intensidad.

La especialista indica que uno de sus pacientes, hoy ya adulto, le confesó -‘nunca se me va a olvidar cuando mi mamá me trajo una colección increíble de aviones después de estar casi un mes en un viaje de trabajo.

Ni siquiera me puse tan contento, pero disimulé para que ella no se sintiera mal; me hubiera gustado decirle que no me interesaban sus regalos, que hubiera preferido que no se demorara tanto y que me llamara más por teléfono; si apenas hablamos dos veces en todo ese tiempo’.

Generalmente, niños con alteraciones de conducta y problemas en el colegio aluden a la ausencia de sus padres como causa de su comportamiento. Casi siempre se trata de niños en edad escolar y adolescentes que están la mayor parte del tiempo a cargo de sus nanas, con papás que trabajan largas jornadas o que viajan constantemente por su trabajo, y que conparten con ellos ocasionalmente.

“Cuando uno les pregunta por qué se arrancan del colegio o porqué se están portando mal en su casa, después de muchos ‘no tengo idea’, le echan la culpa de sus problemas al alejamiento de sus papás –‘si yo apenas los veo’- me dicen; -‘y después llegan con un regalo pensando que con eso a uno se le va a olvidar que no están ni ahí’-. Eso demuestra que cuando los papás tienen poco tiempo y tratan de reemplazar sus ausencias con regalos, aunque los hijos pueden mostrarse inmediatamente contentos, la falta no se compensa”, indica Alejandra Gutiérrez.

Grandes y pequeñas compensaciones

Según la especialista esta compensación puede darse de manera extrema y también de forma más sutil. “Y las dos formas son negativas. Hay una suerte de compensación en lo material cuando una mamá que ha trabajado todo el día llega infaltablemente a su casa con algún dulce para los niños, y también cuando el fin de semana los papás llevan a sus hijos al mall a comprar ‘lo que quieran’. El primer caso pudiera parecer más normal porque se trata de regalos de poco valor como un dulce; pero encierra el mismo sentido -te doy algo para que estés feliz, porque yo no he estado contigo- y el niño se acostumbra a esperar algo de sus papás, en vez de esperarlos a ellos”.

La psicóloga advierte que los niños pueden sentirse igualmente felices si los padres después de llegar del trabajo comparten con ellos, los escuchan y juegan un rato. “Tampoco se trata de que nunca un papá pueda llegar con chocolates de regalo, pero lo importante es que eso no se convierta en un hábito. Con esas sencillas cosas los niños comienzan a valorar a las personas más que a las cosas, y los padres a entender que el tiempo que pasan fuera de la casa no se recompensa con regalos, sino que con más tiempo para los hijos”.

“Su compañía sería su mejor regalo”

Agustín, de 11 años, es otro paciente de Alejandra Gutiérrez. Como señala la psicóloga, “ese no es su nombre pero lo que importa realmente es lo que le pasa y el análisis que a su edad es capaz de hacer. Cuenta que la casa de su mejor amigo era para él como un sueño de familia -su mamá y su papá trabajan pero siempre alguno de los dos llega temprano. A veces ni alcanzan a bajarse del auto y se ponen a conversar y a jugar con nosotros.

Mi mamá llega siempre tarde y cuando llega temprano duerme, pero nunca sale a jugar conmigo; lo máximo que hace es comprarme algo grande todos los meses, pero no entiende que su compañía sería mi mejor regalo-. Eso deja en claro que ni para el más materialista de los niños los regalos son más importantes que la presencia constante de sus papás en su vida cotidiana”.

Según la psicóloga, “muchos padres tratan de llevar a sus hijos al médico y estar presentes algunos momentos claves de su desarrollo; pero los niños necesitan más que eso.

Para construir una relación de verdad, con lazos de cariño fuerte entre padres e hijos, es necesario invertir tiempo y entregar todos los días un poco. Eso significa a veces un gran esfuerzo de parte de los papás -llegar del trabajo y salir a jugar un rato, si ya es tarde conversar tranquilamente 15 minutos o acompañar a los hijos mientras comen o se duermen- pero se compensa con la satisfacción y alegría que esos detalles producen en los niños”.

Fuente: extracto de artículo publicado en Revista PadresOk.

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