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Entre padres y abuelos

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“¡No retes tanto al niño. Es muy chico para entender que eso no se hace!” dice Angela, de 55 años, a su hija Antonieta cada vez que reprende a su pequeño.

Los abuelos por lo general tienen más tiempo, más paciencia y más ganas de jugar con sus nietos. Su ayuda es vital cuando los padres trabajan y no cuentan con presupuesto o no desean que una persona ajena a la familia cuide a sus hijos. También los “sacan de apuro” en caso de una eventualidad: si la nana faltó inesperadamente o el niño está enfermo y no puede acudir al jardín infantil.

Pero, en ocasiones, su buena disposición y flexibilidad se convierte en un problema para los padres, quienes deben compatibilizar la disciplina familiar con cierta permisividad de los abuelos, especialmente si los pequeños están a su cuidado o permanecen con ellos durante las vacaciones.

También se da el caso contrario donde los abuelos son más estrictos o exigentes con sus nietos que los propios padres. Por eso en ambos casos, para evitar conflictos es preferible establecer en conjunto algunas pautas básicas de aquello que está permitido y también prohibido. Hay que partir explicando a los abuelos las normas que rigen en casa, intentando conseguir de ellos el compromiso de respetarlas o al menos no contradecirlas.

Frente a la disparidad en las normas o los comportamientos permitidos los niños tienden a confundirse o bien creer que sus padres tienen algo de mala intención al no permitirles realizar algo que los abuelos si se lo permiten. Los abuelos deben cuidar de no predisponer a sus nietos de forma negativa hacia sus padres.

Esto no significa que los abuelos tengan que hacerse cargo de la formación de sus nietos pues les corresponde obviamente a los padres. No obstante los niños deben tener claro que los abuelos están haciendo excepciones (es bueno que se les explicite; “sé que a los papás les gusta que te acuestes temprano pero es una ocasión especial y hoy nos quedaremos hasta un poco más tarde”). De esta forma los niños irán aprendiendo que el contexto también marca las normas de comportamiento.

Padres otra vez
La permisividad y flexibilidad de los abuelos con sus nietos no deja de asombrar a los padres de estos, quienes aprecian las diferencias con la educación que ellos recibieron y cómo, con los años, hasta el más severo padre se dulcifica.

“¡Quién te vio, mamá!”, dice Antonieta, riendo cada vez que sorprende a su madre permitir a su nieta algo que antes pertenecía al terreno de “lo prohibido”.

Ante ello, Angela replica: “Soy feliz cuando se queda a dormir conmigo, así es que no la voy a retar por cosas que son mínimas. Para eso están los padres”.

Sea como fuere, se debe considerar que para los niños es importante que las normas de padres y abuelos sean las mismas y no se contradigan. Asimismo, los niños deben percibir que se debe respetar la autoridad, aunque no provenga de los papás.

Y, para los mayores, el consejo es comprender que querer a un niño no es sinónimo de consentirlo en todo.

Consejos para una grata estadía

Puede que para los niños más pequeños pasar unos días o una noche en casa de los abuelos sea menos divertido que para los más grandes, ya que ansían estar con sus padres y extrañan su habitación.

Por ello es importante que el entorno y la rutina cambien lo menos posible. Se aconseja que el niño lleve consigo su almohada o sus juguetes favoritos, ya que así extrañará menos. También, y siempre que sea posible, conviene tenerles una habitación en casa de los abuelos. Él estará más seguro y sentirá que le pertenece, al poder guardar allí sus cosas y jugar en ese espacio.

Asimismo, explíquele que su permanencia allí es transitoria y que se divertirá con los abuelos. Si por el contrario, los padres se van escondidos, sin despedirse, sentirá que lo han engañado. Por eso, siempre es mejor decirle adiós, aunque llore. Sin duda, después de un momento se calmará y cuando lleguen a buscarlo estará muy entretenido jugando.

Fuente: equipo de profesionales de PadresOk

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