Cuidados fuera de casa: niños de sala cuna – PadresOk

Cuidados fuera de casa: niños de sala cuna

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En estricto rigor, la edad ideal para que los niños inicien el proceso de separación de los padres y comiencen alguna actividad educativa, es a los tres años. Sin embargo, hoy en día tanto el padre como la madre trabajan fuera de la casa, y muchos de ellos no pueden encargar a familiares o personas de confianza el cuidado de sus hijos.

Nace ahí la necesidad de que una vez terminado el período posnatal, los niños asistan desde la mañana hasta el final del día a la sala cuna. Ahí comienzan también los temores de los padres, y el constante sentimiento de culpa por dejar a los niños todo el día en un lugar diferente a su casa, y con personas distintas a su mamá y su papá.

La decisión de dejar a un lactante al cuidado de personas ajenas al círculo familiar no es nada fácil. Antes de hacerlo, generalmente los padres agotan la posibilidad de que alguien de la familia pueda hacerse cargo de él durante el día, y se cuestionan largamente sobre qué es mejor para el niño: si estar cuidado por personas especializadas y preparadas, en un entorno seguro y supervisado; o ser atendido por una nana, con la ventaja para el niño de no tener que salir de la casa, pero con la incertidumbre de saber si realmente el bebé tendrá los cuidados que se merece, y si la persona escogida será realmente la correcta, especialmente cuando abundan informaciones de casos de maltrato por parte algunas nanas.

Ante esta realidad, y también frente a la garantía de contar con una oferta muy variada de salas cuna ubicadas en lugares céntricos y cercanas al lugar de trabajo de los padres, esta alternativa cobra fuerza y los padres optan, finalmente, por salir a trabajar con sus hijos y pasarlos a buscar al final del día.

Sentimientos de culpa

Pero aún los más convencidos, experimentan en algún momento sentimientos de angustia por dejar a su bebé en manos de personas extrañas, especialmente durante los primeros meses de vida.
Maricarmen Vera, educadora y psicopedagoga de la sala cuna y jardín infantil Little Light, señala que este es un proceso muy difícil para la mayoría de los papás. “Muchos llegan desconfiados, con muchos temores y culpas. Nosotros entendemos que el hecho de tener que separarse de los niños -a veces a muy temprana edad, cuando los bebés tienen apenas 3 meses- es complejo, especialmente para los papás primerizos, pero en la medida de lo posible tratamos de tranquilizarlos y hacerles ver que nos abocamos a la tarea de hacer sentir a los niños como en su casa, y de entregarles mucho cariño, para que no sientan la ausencia de los padres”.

Soledad García, mamá de Constanza, de 5 meses, recién está logrando dejar a tras sus temores, y poco a poco se convence más de que la sala cuna era -en su caso- la mejor opción para cuidar a su hija. “Pero me costó muchas lágrimas confiar que mi hija iba a estar bien cuidada, con personas distintas a mi. Los primeros días salía de la sala cuna y lloraba todo el camino en el auto mientras llegaba al trabajo. Después, cuando me calmaba y empezaba a trabajar, no podía concentrarme porque estaba todo el tiempo pensando si la Conita me estaría echando de menos, si la estarían regaloneando como yo lo hacía. Me cuestionaba todo; si era una buena madre al dejarla todo el día en una sala cuna, y si era correcto haber optado por seguir trabajando en vez de haber renunciado después del post natal, y haberme dedicado por completo a mi hija. Pero después del primer mes, cuando ya estaba acostumbrando a sentirme muy mala mamá, comencé a darme cuenta que la única triste era yo, porque la Conny me esperaba feliz cuando yo la iba a buscar, como asumiendo su rutina. Entendí que ya no le podía seguir traspasando mi angustia, y comencé a asumir este nuevo sistema de vida yo también”.

El momento de la separación

Los primeros días en que los niños comienzan a asistir a la sala cuna son los más complejos. En este sentido, Maricarmen Vera señala que al menos las primeras dos semanas, es necesario que la mamá vaya al menos una vez al día a amamantar a su hijo o al darle la mamadera, para que el cambio no sea tan brusco para el pequeño y no extrañe tanto la presencia de su mamá. “Si el papá puede, es ideal que también acompañe al niño en este proceso de adaptación, y que se turne con la mamá para alimentar al niño, cuando el bebé toma mamadera. Así, la etapa de adaptación se vuelve mucho más llevadera porque no es tan radical, y sirve para que los papás vean de cerca como es cuidado su hijo o hija”, señala la profesional.

Como explica Claudia Espina, educadora de Little Light, “tanto para los papás como para los niños esta es una experiencia nueva, llena de aprehensiones y miedos. Por eso, cuando los padres eligen la sala cuna, les pedimos que la conozcan bien, y les explicamos todo lo que hacen los niños desde que llegan, hasta que ellos los vienen a buscar. Hacemos énfasis en el cariño que les entregamos, porque sabemos que -especialmente durante los primeros meses de vida- los niños necesitan mucho afecto y mucho contacto, y eso les damos nosotros, tratamos de ser como sus mamás, además de encargarnos de cubrir sus necesidades de alimentación y estimulación”.

La elaboración del sentimiento de culpa, es una tarea prioritaria para hacer más llevadera la angustia de separación cuando el niño comienza a asistir a la sala cuna. Se supone que antes de tomar la decisión de optar por una sala cuna, los padres analizaron la conveniencia de esta alternativa y decidieron que era la mejor o la única manera de poder seguir trabajando y cuidar a su hijo.

La psicóloga Lorena Tiraferri, señala que aunque los sentimientos de culpa sean intensos, especialmente los primeros meses, tanto el padre como la madre deben hacer esfuerzos por no traspasar su angustia a los niños. “No hay nada peor para un niño que sentir a sus padres angustiados y complicados. Incluso cuando son muy pequeños, los bebés perciben los estados de estrés de sus padres, y reaccionan frente a ellos con llanto, intranquilidad e irritabilidad. De la misma manera, los niños pueden sentir la tranquilidad y la seguridad de padres serenos, por lo tanto, mientras menos angustiados se muestren los padres frente al hecho de dejar a su hijo en una sala cuna, más fácil será para su hijo adaptarse a esta nueva rutina de vida familiar”.

Estimulación y cariño

Normalmente, los niños llegan a la sala cuna entre las 7:30 y las 8:00 de la mañana, y se quedan hasta las 19:00 ó 19:30 horas. Sin embargo, esta larga jornada se atenúa con distintas actividades, e intervalos de juegos, comidas y siestas.

Lorena Tiraferri, señala que es vital que los padres conozcan las actividades que sus hijos realizan en la sala cuna. “Al mismo tiempo, es importante que verifiquen si el niño está alcanzando los logros esperados para su edad, porque el desarrollo emocional, intelectual, motor y del lenguaje, es un trabajo conjunto entre la sala cuna y los padres”.

Por su parte, la educadora Maricarmen Vera, indica que diariamente las tías de sala cuna realizan un trabajo constante de estimulación, ejercicios motores y fundamentalmente de acercamiento y contacto con el niño. “Creemos que las tías de sala cuna tienen que tener características muy especiales, porque deben conjugar en una medida ideal la estimulación y formación integral del niño, con la entrega de cariño y afecto. Son como las segundas madres de los niños, pasan la mayor parte del día con ellos y siguen atentas cada uno de sus avances y logros”.

Una de las mayores aprehensiones de los padres que deciden llevar a sus hijos a una sala cuna, es saber si el hecho de no estar con alguno de sus padres durante el día, va a afectar su desarrollo o lo va a hacer un niño diferente. En este sentido, la psicóloga Lorena Tiraferri señala que en la medida que los padres sean seres cercanos a sus hijos y establezcan un contacto verdadero con ellos en algún momento del día -ya sea en la mañana, antes de dejar al niño en la sala cuna; o en la tarde, después de retirarlo- van a estar entregando seguridad al pequeño y, por lo tanto, satisfaciendo su necesidad de afecto.

“Cuando los niños son llevados a la sala cuna y los padres siguen viviendo su vida como antes de ser padres, sin un compromiso real, es muy probable que los niños presenten alteraciones en su conducta, tanto en la etapa pre-escolar, escolar y en la adolescencia. En cambio, si los hijos han recibido de sus padres el amor incondicional que todo niño merece, incluso habiéndose criado en sala cuna y seguramente después en un jardín infantil de jornada completa, van a desarrollarse como cualquier niño, tan bien o incluso mejor que aquellos que gozan de una mamá dedicada exclusivamente a su cuidado”.

Fuente: artículo publicado en revista PadresOk.

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