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Déficit atencional ¿Qué pueden hacer los padres?

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Por doctor Fernando Ruiz Esquide.
Con el inicio del año escolar es más frecuente que unos atribulados padres consulten por la posibilidad de que su hijo tenga un déficit atencional, ya sea porque los profesores encuentran al niño muy inquieto o lisa y llanamente porque le va mal en el colegio.
 
Este conflicto, que puede presentarse en uno de cada cuatro estudiantes de educación básica, es otro indicador más de la crisis educacional que nos sobrepasa por todos lados.
Muchas veces el problema no es el niño, sino que es gatillado por el colegio, al que solo le interesan muchachos estatuas para educar con un solo profesor a una cuarentena de chicos y, claro, el niño que entorpece el modelo, hay que retirarlo del establecimiento o sedarlo.
Un patrón de aprendizaje diferente puede reconocerse ya en niños pequeños y, a veces, se mantiene hasta la edad adulta.
 
Lo básico es que existe una dificultad para mantener la atención voluntaria frente a determinadas actividades, tanto en el ámbito escolar como cotidiano. Esto repercutirá en su capacidad para aprender a leer, escribir y calcular. Cuando lleguen a adultos, serán los típicos niños que interrumpen las conversaciones, incapaces de reconocer que hay momentos para hablar y muchos otros para callar.
 
¿Qué deben hacer los padres?
 
Como el déficit atencional puede tener más de un origen, el tratamiento debe adaptarse a esta situación y ajustarse a cada caso individual. También hay que resistirse a indicar fármacos con ligereza, ya que muchas veces son vistos con justificada desconfianza por la posibilidad que se pueda facilitar el abuso de sustancias adictivas en edades más tardías.
 
Vistas así las cosas, el apoyo educativo cobra cada día más fuerza, siendo crucial considerar una educación específica en el seno de la familia y el tratamiento sicopedagógico, que refuerce en el niño el pensamiento deductivo, la capacidad de concentración, la lectura veloz y su incorporación a cursos poco numerosos.
Paralelamente es muy importante fomentar la práctica de deportes y actividades en centros recreacionales que canalicen la descarga motriz.
 
Si el especialista se ve en la necesidad de usar un medicamento, es bueno que los padres tengan presente algunos aspectos, como: edad del niño, ausencia de morbilidad asociada, grado de intranquilidad y ansiedad, control del apetito y facilidad para conciliar el sueño.
Luego de este análisis se puede optar por grupos de fármacos, siempre considerando usar la dosis mínima necesaria, aprovechando las características metabólicas del medicamento, de modo que su acción farmacológica se produzca cuando el niño más la necesita, habitualmente de lunes a viernes, descansando sábados, domingos y festivos.
 
Los grupos de fármacos que se han usado en el déficit atencional corresponden a neuroreguladores, psicoestimulantes y antidepresivos, todos los que deben ser muy bien definidos a los padres por parte del médico.

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