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Riesgos en el parto: las vueltas del cordón

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Durante el embarazo el cordón umbilical juega un rol vital. Un miedo común en toda futura mamá es el riesgo de que el cordón de enrolle en el cuello del niño o que dificulte su salida en el momento del parto, temores que pueden aminorarse con controles médicos frecuentes y medidas de prevención básicas.

El cordón umbilical es una estructura en forma de tubo que conecta al bebé a la placenta y recibe de ella los nutrientes y oxígeno necesarios para su crecimiento. Está compuesto de una vena, dos arterias y tres vasos sanguíneos, y se encuentra rodeado además por un tejido conocido como gelatina de Wharton. En caso de embarazos múltiples cada feto tiene su propio cordón, aún en el caso de que compartan la misma placenta y saco amniótico.

La longitud promedio del cordón umbilical es de 50 a 55 centímetros, pudiendo llegar en casos excepcionales a los 2 metros de extensión. Un cordón más largo o más corto podría presentar algunas dificultades, tanto en el embarazo como en el momento del parto, por lo que es necesario tomar medidas especiales para evitar complicaciones. Un cordón muy largo es propenso a formar nudos o a enrollarse en el cuello u otras partes del bebé, mientras que uno muy corto podría dificultar sus movimientos, provocar hernias umbilicales o no permitir que el bebé se posicione adecuadamente para un parto normal.

Cordón enrollado

Al pensar acerca de las dificultades que se podrían presentar con el cordón umbilical, lo primero que se viene a la cabeza es la posibilidad de que éste se enrolle una o varias veces por sobre el cuello o alguna otra parte del cuerpo del niño. Aunque esto es bastante común y ocurre en alrededor del 20% de los embarazos (0,2% en caso de más vueltas), no suele presentar mayores problemas, porque el bebé recibe el suministro de oxígeno a través del cordón y no por respiración normal.

En el momento del parto el obstetra tiene muchas posibilidades de solucionar el problema, por lo que son pocos los casos de mayor peligro. En ocasiones, a través de un monitor fetal, se detectan ciertos cambios en la frecuencia cardiaca del bebé, lo que podría hacer necesaria una cesárea. Al respecto, el director de la unidad de medicina perinatal de la Universidad Católica, doctor Enrique Oyarzún Ebensperger, señala que “si la paciente es atendida en un sitio adecuado y por una persona idónea, no es esperable que haya problemas serios con esta complicación. Cuando al atender el parto se observa el cordón alrededor del cuello, el médico puede sacar el asa del cordón o bien seccionarlo para permitir la salida del niño”.

Otra condición que puede darse durante el embarazo o nacimiento, y que sí requiere de mayor preocupación e intervención médica, es cuando el cordón antecede al bebé dentro del canal de parto, lo que se conoce como “prolapso del cordón umbilical”. Afortunadamente se da en uno de cada mil alumbramientos, pero podría desencadenar problemas en el flujo sanguíneo y por consiguiente una disminución de la frecuencia cardiaca fetal. Si ésta no se logra normalizar a través de la administración de oxígeno y fluidos, o si el cordón sobresale por fuera de la vagina, podría pensarse en una cesárea de emergencia. Estas condiciones suelen darse con mayor frecuencia en cordones anormalmente largos o en partos donde las membranas se rompen antes de que el bebé comience a descender por la pelvis.

Cordón de una sola arteria

En alrededor del 1% de los embarazos únicos, y en un 5% de los múltiples, se puede presentar una malformación en la estructura del cordón conocida como “cordón de una sola arteria”. Como su nombre lo indica, en el cordón sólo se desarrolla una de las dos arterias presentes normalmente. En un 30% de los casos en que se da esta condición se detecta un bajo peso al nacer, por lo que se hace necesario realizar un scanner para verificar el crecimiento del bebé.

Aproximadamente un tercio de los fetos con este tipo de cordón presenta alguna anormalidad, donde son comunes las de tipo cardiacas, renales o del sistema nervioso. La tasa de mortalidad intrauterina en estos embarazos es siete veces mayor a la de un embarazo normal, por lo que es necesario un monitoreo periódico y cuidadoso.

Se ha detectado que existe una relación entre esta condición y alteraciones cromosómicas, por lo que generalmente se recomienda una amniocentesis. Esta malformación tiende a afectar en su mayoría a fetos de sexo femenino, de madre mayor de 40 años o que haya tenido más de 3 embarazos previos.

Prevención y cuidados

Aunque los problemas asociados al cordón umbilical son poco frecuentes, es necesario un control constante del obstetra durante el embarazo, de manera de diagnosticar precozmente cualquiera de ellas y tomar las medidas necesarias para prevenir mayores complicaciones. “Una buena parte de las anomalías descritas del cordón umbilical pueden ser diagnosticadas hoy gracias a la resolución de los equipos de ultrasonografía. Naturalmente se requiere no sólo de equipos muy buenos, sino de operadores expertos. Muchas de las anomalías exigen exámenes completos, con el objetivo de descartar la presencia de otras anomalías congénitas fetales”, indica el doctor Oyarzún.

Durante el embarazo se recomienda realizar como mínimo tres ecografías y en caso de detectarse otras complicaciones es necesario tomar precauciones extraordinarias. Como explica el doctor Oyarzún, “hallazgos anormales en exámenes ultrasonográficos deberían sugerir la conveniencia de que especialistas en medicina materno fetal atiendan a la futura mamá”.

Otro problema de cordón

La anomalía conocida como “Vasa Previa” ocurre aproximadamente en el 1% de los embarazos y está dada por una inserción del cordón en las membranas ovulares en vez de la placenta. Está asociada a un menor crecimiento fetal, parto prematuro y a ciertas anomalías genéticas.

En algunas ocasiones pueden llegar a cruzar la entrada del canal de nacimiento provocando la dilatación del cuello y el quiebre de los vasos sanguíneos umbilicales, derivando en una condición conocida como vasa previa, la que resulta en una hemorragia que en sólo pocos minutos puede terminar con la vida del feto. Si la condición no es detectada a tiempo, la tasa de mortalidad fetal alcanza el 90%.

Ésta puede ser diagnosticada a través de un ultrasonido a la mitad del embarazo. Una vez detectada se hospitaliza a la madre durante el último trimestre del embarazo y se realiza una cesárea en la semana 35, una vez que los pulmones del feto están ya maduros. Durante el embarazo es importante estar alerta ante cualquier tipo de sangrado -por más pequeño que sea- ya que el sangrado producido por la vasa previa no causa dolor. Algunos factores de riesgo a considerar son los embarazos múltiples y los resultantes de fertilización in vitro. También se asocia a problemas placentarios, antecedentes de abortos o cicatrices uterinas por cirugías previas.

Nudos del cordón

Si bien se presentan en menos del 1% de los embarazos, los nudos en el cordón umbilical tienen altas tasas de complicaciones importantes como obstrucciones en la circulación sanguínea del bebé, edemas del cordón o trombosis, pudiendo incluso provocar, en casos muy aislados, la muerte del niño en gestación.

Este problema es muy difícil de detectar y se hace en la mayoría de los casos durante el trabajo de parto, por la disminución de los latidos del bebé. Por ello es importante una acción rápida del obstetra en apurar el parto o realizar una cesárea si se estima conveniente, para así evitar el sufrimiento fetal y sus consecuencias.

Fuente: artículo publicado en Revista PadresOk.

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