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Parto sin estrés: humanizando el nacimiento

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La ciencia ha comprobado lo que muchos ya intuían: el estrés materno durante el embarazo y el parto es capaz de traspasar al bebé en formación, con consecuencias negativas no sólo para el pequeño, sino también para su madre y en especial para el establecimiento de un buen vínculo afectivo. Incluso, a mediano y largo plazo según especialistas, esta forma de llegar al mundo también puede acarrear consecuencias nocivas.

Establecer un lazo afectivo estrecho entre el bebé y su madre al momento de nacer es esencial para iniciar una buena relación entre ambos de ahí en adelante. Sin embargo, las condiciones en que muchas generaciones han llegado al mundo -desde la creación de los centros hospitalarios donde se atienden los partos- no han favorecido un ambiente propicio para que las mujeres se sientan tranquilas, acogidas y apoyadas.

“En toda la historia del ser humano los niños siempre nacieron en las casas, que es el lugar propio de la mamá, donde estaba todo su medio, de modo que ella lo considerada algo normal, no como una amenaza de muerte, porque tener guagua no es enfermedad. En cambio, en la época moderna, por hacer prevención de las patologías, se decidió que ellas tuvieran sus hijos en los hospitales, sin darse cuenta que sacarlas de su medio les provocaba estrés. El sólo hecho de venir a los hospitales, entrar solas a un lugar que desconocen, donde llegan todos los trabajos de parto, muy impersonal y a veces con malos tratos por parte del personal, es muy estresante”, afirma el doctor Hugo Muñoz, neonatólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, quien ha investigado en profundidad el tema.

A su juicio, si bien las clínicas y hospitales brindan seguridad, por lo general, no ofrecen condiciones de apoyo antiestrés a las madres. “Para qué pensar en los niños. ¿Cómo salen ellos? llorando, y a los cinco minutos, cuando los vas a ver, siguen llorando. Es decir, son guaguas que nacen estresadas. El nacimiento para los niños va sumado a una cuota de estrés muy grande”, afirma.

Cómo actúa el estrés

Durante el embarazo, el estrés produce descarga de hormonas y dentro de ellas, las llamadas catecolaminas, que son captadas por el futuro bebé. “Eso es algo ampliamente percibido por las madres, ellas se dan cuenta que si se asustan, sus guaguas se mueven, si tienen hambre o si pasan una rabia, el niño se pone inquieto en el vientre. Para las mujeres esto siempre ha sido evidente, pero para nuestra cultura occidental era necesario que se comprobara científicamente para considerarlo verdadero”, señala Muñoz.

Así es como se ha corroborado que las madres estresadas durante el embarazo tienen hijos más inquietos. De acuerdo a este especialista, ello ocurriría porque las catecolaminas que pasan al niño por nacer interfieren en el normal desarrollo de su cerebro. “Se sabe que en la maduración del sistema nervioso las neuronas se van multiplicando y contactándose unas con otras y, en ese proceso, las catecolaminas interfieren y no las deja desarrollarse adecuadamente”.

En tanto, en el trabajo de parto, las catecolaminas alteran la normal dinámica de las contracciones uterinas, volviéndolas más intensas y desordenadas, dificultando así el trabajo de parto. Como consecuencia, un pequeño sometido a más contracciones puede tener problemas de oxigenación. Además, en esta situación es más probable que la madre requiera una cesárea.

El problema radica en que si la mujer vive esta experiencia con mucho estrés no va a tener todas las herramientas necesarias para el primer contacto con su hijo. “Es lo que se llama el apego temprano; poder verlo, sentirlo, olerlo y que el niño tenga la oportunidad de iniciar sus funciones en forma precoz. Cuando nace el pequeño, lo primero es encontrarse con su madre, porque eso es lo fisiológico. En la naturaleza, la mujer, al incorporar a su hijo como de ella, inicia una serie de conductas hacia la protección y la crianza. Es algo que está impreso en la naturaleza de los mamíferos”, explica el doctor.

En cambio, en un contexto adverso, es más difícil que se produzca este vínculo temprano. Para Hugo Muñoz, “si el trabajo de parto ha sido complejo, si la madre fue operada o intervenida, no se da ni cuenta cuando le muestran a su guagua. Si le practicaron fórceps y está toda adolorida, el estrés interfiere en el apego y después en la lactancia, porque las catecolaminas también inhiben la eyección de leche. Entonces una madre estresada no está presta para poder acoger, para iniciar la incorporación del niño a este vínculo que es tan importante y tan intimo”.

Pero hay un momento en que las catecolaminas sí son necesarias. “Al final de parto, cuando la guagua está por salir, se produce una descarga fisiológica (normal) de esta hormona. En ese instante, las catecolaminas en el organismo aumentan la presión, la frecuencia cardiaca, le dan más lucidez a la mujer y la disponen para poder actuar y recibir a su hijo. Y al niño le pasan en la cantidad suficiente para que cuando nazca, esté despierto y pueda reencontrarse con su madre. Eso es lo normal, toda la descarga anterior ojalá no existiera”, indica el profesional.

Rescatar el apoyo emocional

Para este especialista, evitar el estrés de las madres durante el trabajo de parto no es tan difícil. Se trata más bien de rescatar algunas tradiciones que favorecían este proceso. “Si uno mira la historia del hombre, siempre el embarazo fue muy cuidado, porque para la supervivencia de la sociedad era importante tener niños sanos. Esos cuidados eran muy afectivos; había otras mujeres que calmaban a las embarazadas, las acariciaban, masajeaban y perfumaban. Pero el apoyo emocional se fue perdiendo y es lo que ahora hay que rescatar”, asegura.

Según Muñoz, las investigaciones han permitido que los profesionales del área se den cuenta que el apoyo a las mamás es tan importante como las tecnologías. “Ahí aparece el concepto de humanización; lo humano está en esta relación ente la familia, el apoyo social y el reconocimiento que debe tener toda mamá en proceso de gestación”.

Por eso, insiste, es imprescindible que durante el trabajo de parto la mujer cuente con la presencia y apoyo familiar, en un ambiente lo menos estresante posible, sin mucha intervención y con personal que funcione de manera tranquila y considerada. “También es importante que todo esto se de en el mismo lugar, en un ambiente muy parecido al de un hogar y no al de un hospital. Que no haya pabellones, camillas frías, lámparas grandes que iluminan desde arriba, profesional vestido de cirujano, porque eso le da un ambiente quirúrgico que no tiene nada que ver con el parto”, recalca.

Esta última condición se ha facilitado gracias al avance de las tecnologías, especialmente desde que algunas maternidades como el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, además de algunas clínicas privadas, han adquirido unas modernas camillas multiuso, que permiten que todo el proceso -desde que la madre entra en trabajo de parto hasta la recuperación post parto- ocurra en una misma sala.

“Así, si ocurre una urgencia, no tenemos que tomar a la mamá y llevarla a pabellón, sino que la mantenemos en un lugar donde se manejan todas las situaciones. En estas camas (Striker) se puede atender el parto y operar, y ofrecen la seguridad de que, ante cualquier emergencia, se pueden transformar sin desplazamiento ni estrés para la madre”, señala el doctor, quien agrega la utilización de esta camilla ha favorecido notablemente el apego de los padres con sus hijos y ha disminuido la frecuencia de cesárea en un 11%, porcentaje similar al de otros centros donde se utilizan estas camas. “Nada más que por el manejo del estrés”, acota.

¿Cómo disminuir el estrés materno?

• Es esencial que durante el embarazo las mujeres se sientan apoyadas, tranquilizadas y reconocidas por sus seres queridos.

• Cambiar el concepto de madre embarazada por la de “pareja embarazada”, involucrando al padre en este proceso, visión que mejora mucha la relación de ambos.

• Participar en todas las actividades relacionadas con el apego prenatal. Ambos padres deben hablarle, cantarle, hacerle cariño, ponerle música y contarle cuentos al bebé en el útero.

• Es imprescindible preparar a la madre en relación al parto; cómo respirar, manejar la contracción y aprender a no tenerle miedo al dolor, entre otros aspectos.

Fuente: artículo publicado en Revista PadresOK, octubre de 2005.

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