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Inducción del parto

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No se sabe a ciencia cierta qué mecanismo alerta al cuerpo de la madre y el niño acerca de que ya es hora de comenzar a producir las hormonas desencadenantes del nacimiento. Pero hay veces en que la naturaleza falla y es necesario darle una mano, provocando el parto artificialmente.

La razón más común para hacerlo es cuando ya han pasado las 40 semanas de gestación y el niño aún no da indicios de salir. Si se retrasa demasiado, la placenta comenzará a perder eficiencia para alimentarlo y suministrarle oxígeno, lo que recibe el nombre de insuficiencia placentaria. Por eso, se induce el parto mediante la inyección de hormonas u otro método.

En otras ocasiones es necesario adelantar el parto antes de la fecha de término, porque la salud del feto está en riesgo dentro del útero o su desarrollo se ha detenido.

Para determinar si el procedimiento es necesario, el obstetra vigila de cerca el crecimiento del bebé durante la última etapa de la gestación y además monitorea su frecuencia cardíaca. Si observa que el niño ha detenido su ritmo de crecimiento o si existen alteraciones del pulso que indiquen sufrimiento fetal, fijará prontamente una fecha para inducir el parto.

Otro motivo para realizar una inducción es si la madre tiene dificultades para seguir adelante con el embarazo, por ejemplo, cuando es diabética, sufre de hipertensión o ha tenido una hemorragia. También, cuando tiene una edad avanzada, porque en ese caso hay más probabilidades que se produzca una insuficiencia placentaria antes que llegue el fin del embarazo.

¿Cómo se realiza?

La inducción puede hacerse siempre y cuando estén dadas las condiciones para un parto normal, es decir, que la cabeza del bebé haya encajado en la parte inferior de la pelvis de la madre y que no existan inconvenientes para que atraviese el canal de parto. Además, el cuello del útero ya debe estar ablandándose.

Una de las formas más comunes de hacer la inducción es con goteo de oxitocina inyectada directamente a la corriente sanguínea. Esta es la hormona natural que produce las contracciones del útero estimulando de este modo el parto.

También se utiliza una sustancia llamada prostaglandina, que está presente en el revestimiento del útero y ayuda a estimular su dilatación si se la introduce en forma de gel por el conducto vaginal.

Si el cuello del útero está lo suficientemente dilatado y blando, el obstetra puede romper artificialmente la membrana, lo que ayuda a acelerar el parto.

Estas técnicas pueden utilizarse por separado o combinadas, según el proceso.

El procedimiento no tiene riesgos para el bebé. Sin embargo, no siempre es exitoso. Si a pesar de los esfuerzos, la inducción no logra su objetivo, entonces se practica una cesárea.

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