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La música, un potenciador del aprendizaje

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La música es una herramienta única para potenciar habilidades y favorecer ciertas conductas en los niños, entre ellas, aumentar la concentración, mejorar el aprendizaje, relajar, disminuir la agresividad y favorecer los vínculos afectivos y de comunicación entre padres e hijos. Para obtener buenos resultados, eso sí, es fundamental seguir ciertas pautas. 

Imagine que sus hijos comienzan su clase de matemáticas con una breve sesión musical de Mozart, en la que pueden sentirse pequeños directores de orquesta e interpretar con sus manos una partitura, a partir de un hermoso dibujo donde las variaciones melódicas se convierten en saltos de conejos o revuelo de pájaros. O en una sesión en la que puedan crear una aventura mágica en el bosque, basándose en una pieza musical descriptiva, como las de Tchaikosvky…. ¿Cree que la disposición a aprender de su hijo sería mejor luego de esta lúdica experiencia?

Las numerosas investigaciones en torno a los beneficios de la música en los seres humanos, demuestran que sí. Que la música no sólo tiene la exquisita habilidad de favorecer ciertos estados emocionales y mentales, como la trizteza, la nostalgia, la alegría, la serenidad o la agitación -algo que para muchos resulta evidente- sino que además, si es utilizada en forma sistemática y teniendo en cuenta ciertas pautas, es capaz de potenciar habilidades y conductas positivas, en especial cuando se trata de niños.

Uno de los especialistas que más ha investigado en esta área en nuestro país es el profesor de música y Magíster en Educación Edigio Contreras Rodríguez, creador del Programa de Potenciación Creativa, que viene desarrollándose desde 1997 en instituciones educativas de México, Colombia, Chile y Uruguay, y que hoy se practica en más de 50 ciudades de América Latina.

Según cuenta su creador, éste es un programa que se basa precisamente en los múltiples beneficios de la música como potenciador del desarrollo humano creativo, empleando para ello recursos de procedencia artística, y principalmente a través de la escucha interactiva de grandes maestros de la música.

Entre sus beneficios -reportados por jardines infantiles, colegios y universidades latinoamericanos- se cuentan el desarrollo progresivo de la concentración, mayor capacidad de atención, mejor rendimiento académico, una disminución de las conductas agresivas, potenciación de la memoria y comprensión lectora, mejor autoestima, incremento de la motivación y entusiasmo, mayor participación en clases, creatividad y potenciación de las habilidades de percepción auditiva.

No sólo ‘play’

“Durante los últimos 30 años, varios estudios internacionales han comprobado que la música es capaz de estimular determinadas habilidades cognitivas y emocionales, condición que favorece el aprendizaje”, explica Claudia Lucía Martínez, especialista que trabaja junto al profesor Contreras en el Programa de Potenciación Creativa.

Efectivamente, hoy ya nadie duda de los beneficios de la música. Sin embargo, para conseguir los beneficios mencionados, no es llegar y apretar ‘Play’. El asunto es bastante más complejo y merece varias consideraciones.

“En general, existe una confusión respecto de cuáles son los estilos musicales más adecuados. A veces los papás dicen, ya, voy a comprar música de Mozart para mi hijo, van a la tienda y se encuentran con miles de discos, cientos de obras que no conocen y terminan desconcertados. Por eso, uno de nuestros propósitos es ayudar y orientarlos en ese sentido. No hay música buena ni mala, pero sí música más apropiada de acuerdo a los objetivos que se buscan. Por ejemplo, hay papás a los que les gustaría más relajar a sus niños, entonces ahí es importante conocer qué autores o piezas específicas podrían ayudarlos y cuáles, por el contrario, no les sirven tanto”, precisa.

Con ese objetivo, el profesor Egidio Contreras creó “El trébol musical”, una selección de obras musicales que orienta a los padres, de acuerdo a los aspectos que quieren potenciar en sus hijos, con cuatro enfoques principales: favorecer estados óptimos para el aprendizaje, estados de relajación, un mejor desarrollo emocional afectivo y el desarrollo del oído musical en el niño.

“Antes de usar la música, siempre hay que preguntarse para qué queremos utilizarla; para estimular o para relajar al niño, para mejorar la concentración, su aprendizaje o simplemente para crear un juego. Por ejemplo, para estimular la afectividad y el contacto con los hijos, es distinto mirarlos, tocarlos y cantarles, si lo hacemos con música. Eso va generando un clima que permite a la madre vincularse con su pequeño. Algo especialmente útil hoy por hoy, en que las relaciones entre padres e hijos son tan distantes y cuando lo hacemos aprendizaje La música no sólo tiene la exquisita habilidad de favorecer ciertos estados emocionales y mentales, como la tristeza, la nostalgia, la alegría, la serenidad o la agitación -algo que para muchos resulta evidente- sino que además, si es utilizada en forma sistemática y teniendo en cuenta ciertas pautas, es capaz de potenciar habilidades y conductas positivas, en especial cuando se trata de niños es sólo en el contexto de las tareas o de los deberes y la afectividad queda reducida a espacios mínimos. La idea, entonces, es potenciarla a través de la escucha de la música”, explica Claudia Lucía Martínez.

Cómo, cuándo y con quién

En otras palabras, el objetivo que se busca va a determinar el estilo musical a utilizar, lo cual tampoco implica regirse por pautas inflexibles. “No hay un recetario magistral de música y la idea es que tampoco lo haya, porque a cada ser humano le llega de forma distinta. De pronto, una música que a mí me relaja y me produce bienestar, a otro le produce todo lo contrario, porque tiene asociaciones emocionales distintas y le parece estresante. Aunque hay ciertos efectos más o menos similares en la mayoría de las personas, la idea es irse sensibilizando en base a un repertorio que se va escuchando en diferentes momentos, de modo que los pequeños se vayan acostumbrando a que hay músicas que le van a servir mejor para estudiar, otras para levantarse o para jugar”.

Asimismo, es conveniente que tanto los menores como su familia se vayan acercando de a poco a este tipo de música, introduciéndola paulatinamente en sus rutinas diarias, como algo natural y agradable.

“Para lograr una sensibilización del niño, tiene que haber un proceso gradual, ir alternando la música -por ejemplo, 20 minutos- con espacios de silencio, luego quizás cambiar de compositor. No es llegar y poner música clásica todo el día, sobre todo cuando el chico no está habituado a este estilo y, en cambio, escucha rock, reggaeton o hip hop, músicas bastante agresivas, que lo ponen más nervioso”, sostiene.

Sobre todo en los hijos mayores puede ser más difícil incorporar las melodías clásicas, sin embargo, esta especialista estima que, como máximo luego de dos o tres meses, “la van a incorporar como un hábito e incluso ellos mismos la van a pedir, dependiendo del momento del día y de la actividad en que se encuentren”.

También es importante el contexto en que se realiza la escucha musical. “Si, por ejemplo, se hace durante el momento en que el papá va a compartir o a jugar con su niño, ese espacio se va a asociar con algo placentero y estimulante. De lo contrario, el niño puede asociarlo a un momento aburrido, impuesto y terminará rechazándolo”, señala.

Instancias ideales son, por ejemplo, antes de dormir, al iniciar las actividades del día o para hacer las tareas. “Si queremos estimular su concentración, podemos colocar el Concierto Nº 21 de Mozart (que en Chile conocemos como ‘la música del pronóstico del tiempo’), hacemos una escucha musical interactiva, ponemos nuestra partitura y la dirigimos junto con el niño, dependiendo de su edad”, propone Lucía Martínez.

Otra alternativa es realizar juegos musicales de imitación. “Se puede escuchar una música descriptiva y breve (algo de Tchaikovsky, por ejemplo) y que cada miembro de la familia represente un personaje con un títere de dedo, o bien echar a volar la imaginación y preguntarse que estará pasando ahí y así -con músicaviven una mágica aventura en el bosque”, sugiere.

Favoreciendo el aprendizaje

En el caso de niños de 2 a 3 años, los lapsos de atención sostenida suelen ser mínimos y la música puede ayudar al entrenamiento de dirigir la energía atencional en el proceso de pintar un dibujo, armar un puzzle didáctico y construir con legos o plasticina, entre otras actividades.

Estas audiciones tienden a inducir a una relajación natural en el cuerpo, como condición previa para acceder a un estado óptimo de concentración, mediante un tratamiento melódico más bien lento. Algunas obras musicales sugeridas, según el programa “El Trébol”, del profesor Egidio Contreras.

*Movimientos lentos de conciertos barrocos. Por ejemplo, adagio del Concierto para oboe en do menor de A. Marcello, adagio del Concierto Grosso Op. 6 n°4 de A. Corelli y lento del Concierto para violín y orquesta de A. Vivaldi.

*Conciertos para piano, violín o flauta de Mozart.

*Canto gregoriano. En especial, coro de Monjas Benedictinas y Monjes de la Abadía de Solesmes.

Si eventualmente percibe que alguna de estas obras musicales potencian estados emocionales cercanos a la melancolía -lo cual podría ocurrir dependiendo del estado de ánimo momentáneo del niño-puede reemplazarlos con obras como:

*Variaciones sobre “Ah! Vous dirai-je Maman”, KV 265; o piezas de ballet, contradanza y minuetos de Mozart.

*Selecciones de “Album para la juventud Op.68”, de Schumann. Entre ellas Campesino Alegre y Marcha de los soldados.

Buscando la relajación

La piezas musicales utilizadas con este objetivo favorecen la manifestación de estados interiores asociados a la calma y paz interior, junto con ayudar a tornar más lento el ritmo cardíaco y la distensión del tono muscular, propiciando una respiración más tranquila e induciendo un estado natural de relajación. Se usan, normalmente, para inducir calma en momentos de tensión o estrés. Algunas obras sugeridas, de acuerdo al programa “El Trébol”, del profesor Egidio Contreras.

*Movimientos lentos de “Las 4 Estaciones”, de Vivaldi.

*“El Cisne”, del Carnaval de los animales, de C. Saint – Säens.

*“Variaciones Goldberg”, de Bach.

*Movimientos lentos de Conciertos para piano, de Mozart. Por ejemplo Romanza, del Concierto para piano nº 20.

*“Estudio”, de Album para la Juventud Op. 68, de Schumann.

*“Il gardelino”, Concierto nº 3 en re mayor, de Vivaldi.

*Andante de la Sonata para piano KV 311, de Mozart.

Artículo publicado en revista PadresOk.

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