Refuerzos positivos: prémialo por cada cosa pequeña que hace – PadresOk

Refuerzos positivos: prémialo por cada cosa pequeña que hace

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¿A quién no le gusta sentirse reconocido y apreciado?

Más aún a los niños, que están siempre buscando la aprobación de sus papás. Pero además, los refuerzos -positivos y negativos- son útiles para incentivar en los hijos conductas adecuadas e inhibir las que no lo son. Para que surtan efecto, eso sí, es fundamental tener en cuenta algunas recomendaciones.

¡»Qué feliz me hace ver que has aprendido a guardar tus juguetes después de usarlos!”, “Te felicito por tu trabajo del colegio, se nota que te esforzaste”, “Te comiste el brócoli, aunque no te gusta. ¡Déjame darte un abrazo!”… Aunque algunos padres no conocen el término ‘refuerzo positivo,’ lo utilizan constantemente en la crianza de sus hijos. Y, sin saber quizás, están aplicando este valiosísimo recurso como método para incentivar conductas positivas. La sicóloga y terapeuta familiar, Tania Donoso, explica que los refuerzos positivos -que pueden expresarse mediante
felicitaciones, expresiones de cariño o premios- son acciones que favorecen la repetición de una conducta “y que hacen sentir placer o gratificación a la persona que los recibe (en este caso, al niño), por ejemplo sentirse querido, valorado o auto-competente. Es algo muy necesario en la vida de todo ser humano”, recalca.
Los refuerzos negativos, por el contrario, inhiben una conducta indeseada. En la medida que corregimos una conducta, y queremos que no vuelva ocurrir, podemos omitir el refuerzo positivo, porque esa ausencia de reconocimiento -o de premio- se transforma en un refuerzo negativo”, señala.

El mejor premio: estar juntos y divertirse

Hay que tener claro que los refuerzos positivos no consisten solo en premios materiales. Quedarse en este tipo de reconocimiento puede, incluso, empobrecer al niño como persona, ya que finalmente lo llevan a moverse nada más que por incentivos externos. Por otro lado, los premios también pueden ser inmateriales; un abrazo, un beso, expresiones verbales positivas o panoramas como salir un tarde de paseo, hacer un pic-nic o preparar juntos un receta de cocina entretenida. Si por el contrario, el pequeño solo recibe premios materiales (un juguete, dinero), se acostumbra a ellos y ya no los siente como algo especial, sino casi como una obligación de parte de los padres, lo que le quita toda efectividad al método. “En tal caso, será cada vez más difícil conseguir la conducta deseada, porque con el tiempo exigirán mejores premios materiales para corregir sus conductas, lo que puede convertirse en un ciclo eterno. Hay papás que tienen que prometer un gran regalo para que el niño estudie un poco, y finalmente de todas maneras no estudia”, sostiene Tania Donoso.

Es muy recomendable que refuerces positivamente a tu hijo cuando ha intentado hacer algo bien, es decir, por el esfuerzo que puso en una tarea, más allá del resultado final. Eso hará que tenga ganas de seguir intentándolo. Cuando cometa errores, es importante corregirlo en términos adecuados. Por ejemplo: “Me alegro que lo hayas intentando, la próxima vez te va a resultar, tendrás que hacerlo de esta forma, para no volver a equivocarte”.

Refuerzos efectivos

Para que los refuerzos tengan efecto, deben ser dados inmediatamente después de la conducta, no tiempo después. Eso es lo que estimula que la conducta deseada ocurra nuevamente. Si tu hijo actuó bien, prémialo en ese momento -con una felicitación, un dulce- pero no dejes pasar un día o dos para hacerlo.

Cada niño con su premio

El tipo de premio debe ser diferente según la edad y relacionados con lo que el niño necesita, en cada momento de su vida.

➤➤Cuando son pequeños, requieren un premio más simple y concreto, dirigido a las cosas que a le gustan hacer habitualmente; una invitación a cocinar juntos, salir a la plaza y a jugar.

➤➤Cuando son grandes, están más preocupados de los asuntos escolares, por lo tanto, los premios tienen que estar en relación con el rendimiento o la conducta y debe haber un reconocimiento verbal más elaborado.

➤➤Por lo general, a los niños que tienen una baja autoestima hay que premiarlos más, especialmente desde el punto afectivo; reconocer lo que hacen y felicitarlos por lo que han logrado.

Lo prometido es deuda

Es fundamental cumplir con lo que se promete, se trate de un refuerzo positivo o negativo. “Cada padre tiene que hacerse cargo de lo que está pidiendo y advirtiendo, con cariño y firmeza. Si eso se dijo, eso se hace. Así le va a quedar claro al niño que no solo no va a recibir un refuerzo positivo, sino que además puede recibir uno negativo, como un reto”, explica la especialista.

Refuerzos positivos y premios

●●Define claramente lo que esperas de tu hijo y el premio o refuerzo que puedes conseguir. Luego, cumple lo acordado.

●●Entrega premios acordes con el esfuerzo realizado y con las posibilidades de la familia. Especialmente con los más pequeños, el premio o refuerzo debe ser a corto plazo. Ofrece premios alcanzables. Solo resultan eficaces si tu hijo confía en alcanzarlos.

●●Evita el uso prolongado de premios materiales, porque tu hijo se acostumbrará y luego no hará nada si no es a cambio de algo. Para que sean eficaces, hay que variarlos. Observa qué es lo que más le gusta a su hijo y úsalo como recompensa.

●●Los premios materiales pueden modificar la conducta, pero no necesariamente las actitudes y motivaciones. Hay que combinarlos con otras acciones educativas. mamá papá.

¡No dejes pasar sus errores!

Tania Donoso afirma que también es útil hacerle ver al niño cómo se sienten sus padres cuando su conducta no es la esperada. “Por ejemplo, decirle: para mí es importante que te levantes y te vistas solo en la mañana. Así te harás más independiente y además colaborarás para llegar temprano al colegio. Esta frase es totalmente distinta a decirle “¡Tienes que levantarte y ponerte la ropa rápido, si no vamos a llegar atrasados!”. Pero tampoco se trata de ignorar o dejar pasar sus acciones inadecuadas. En ese sentido, Tania Donoso estima que “desde pequeño, se le debe hacer sentir que si no hizo lo que tenía que hacer, habrá una consecuencia negativa. Eso lo lleva a responsabilizarse por su conducta (me quedé sin ir al cine porque no hice lo que me pidieron)”. Otra condición importante a la hora de aplicar un castigo es que haya sido advertido. En otras palabras, tu hijo debe saber de antemano que, por ejemplo, si no guarda sus juguetes, se va a quedar sin ir a jugar a la casa de su amigo. “De lo contrario, le genera mucha rabia y puede llevarlo a hacer justo lo contrario”.

Premiar y corregir

Otra forma de reconocer a un hijo es asignarle una responsabilidad que él quiera o que lo haga sentir ‘importante’. Por ejemplo, pedirle que se haga cargo de darle el agua y la comida al gato de la casa. “Por un lado, le podría parecer molesto, pero por otro va a sentir que se le está pidiendo algo porque es capaz de hacerlo y porque puede asumir ciertas responsabilidades dentro de su familia”. Lo ideal es que el reconocimiento se entregue en función de lo que el hijo hace bien, pero corregirlo cuando se equivoca. “Es necesario mostrarle al niño qué y por qué su actuar fue inadecuado. Puede que no entienda o bien no quiera hacerlo, pero vale la pena la explicación. Si aun así sigue sin obedecer, hay que reafirmarlo con un: tienes que hacerlo”.

Refuerzos negativos y castigos

❖❖ Elígelos con prudencia. Un castigo que no se cumple produce el efecto contrario.

❖❖ Intenta que tu hijo lo reciba como algo merecido, como una consecuencia de su actuar.

❖❖ Un castigo no puede atentar contra la dignidad del niño. De lo contrario, puede aumentar la conducta indeseable. Si el castigo se ve como desproporcionado, injusto o absurdo, podría generar sentimientos de pena y resentimiento.

❖❖ El niño debe entender con claridad qué conducta es la que esperan de él y qué es lo que los padres desean que haga con más frecuencia para ganar la recompensa. No hay que decir “¡Qué desobediente eres!”, sino que “Ayúdame a poner la mesa”.

❖❖ Antes de sancionar, debe existir previamente un aviso.

 

 

 

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