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La estatura de los niños: cuando los centímetros sí importan

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“No se puede aumentar el potencial genético de un menor con suplementos vitamínicos, alimentarios o con deportes. Pero sí se puede crecer menos que el potencial genético cuando estos elementos son insuficientes”, sostiene la doctora Verónica Mericq, endocrinóloga infantil de Clínica Las Condes y profesora asociada del Instituto de Investigaciones Materno-Infantil de la Universidad de Chile.

La especialista precisa que “el crecimiento integra todo el bienestar biológico, psíquico y social del niño. Obviamente si él se alimenta en forma completa, duerme bien y hace deportes en forma rutinaria (3 a 5 veces por semana), eso favorecerá que exprese su máximo potencial de desarrollo, que en general es similar a la curva de los padres”.

De la cuna a la adolescencia

Durante el primer año de vida el bebé crece aproximadamente 25 centímetros. En el segundo, esta cifra cae a 12 centímetros y en el tercero, a 8. Entre los 4 y los 10 años, los niños crecen un promedio de 6 centímetros anuales. Y a partir de los 11, edad en que habitualmente se inicia la pubertad, se produce el llamado estirón, que puede incrementar la velocidad de crecimiento en más de 50%.

Y es que, definitivamente, la pubertad constituye un hito importantísimo en el proceso de crecimiento. Según los estudios realizados en nuestro país, ésta se inicia -como promedio- a los 10,6 años con una variación de + – de 2.5 años. Durante este período, las niñas crecen alrededor de 8 centímetros y los niños, de 11.

“Entre los 16 y los 17 años, la mayoría de los jóvenes ya ha fusionado sus huesos y deja de crecer. Sin embargo, hay algunos que tienen un patrón de desarrollo más tardío”, acota Verónica Mericq.

El crecimiento finaliza cuando se completa la calcificación del cartílago de crecimiento, ubicado en los extremos de los huesos largos (epífisis). Es decir, cuando los huesos se solidifican y se unen entre sí, perdiendo la capacidad de seguir expandiéndose. La forma de verificar si este proceso ha concluido es mediante una radiografía de la mano.

Los más bajos

Los casos de crecimiento menor de lo esperado representan alrededor del 3% de la población. Existen varios factores que pueden explicarlo. El primero de ellos, y más importante, es si existe antecedente de talla baja familiar. También influyen posibles enfermedades sistémicas (anemia, afecciones al hígado, pulmón, riñón, etc.) óseas, genéticas, endocrinas, retraso del crecimiento intrauterino e idiopáticas (sin causa conocida), entre otras.

Dependiendo de la edad en que este déficit sea detectado y de la causa que lo origine, existen tratamientos que permiten regular la estatura del niño. Para determinar su origen se realizan algunos exámenes que permiten conocer, por ejemplo, si los niveles de hormonas tiroídeas y del crecimiento son normales. De no ser así, se puede iniciar un tratamiento para regular la función de la hipófisis, que es la encargada de producir estas hormonas. Las estadísticas señalan que con estos métodos se puede aumentar de dos a tres centímetros por año de tratamiento, pero éste debe comenzar tempranamente, al inicio de la pubertad, para obtener el máximo provecho y justificar su costo, que por cierto es bastante alto.

Otros métodos intentan frenar o retardar el desarrollo puberal, para prolongar el período en que se puede crecer, pero por lo general sólo se utiliza en niños con pubertad precoz.

El historial de crecimiento de un niño con baja estatura es decisivo para su tratamiento. A partir de él se debe diferenciar a quienes tienen retardo de crecimiento prenatal -por enfermedad materna, exposición a toxinas, alcohol, cigarillos, medicamentos, drogas, trauma de parto, etc.- de aquellos que nacen bien y luego dejan de crecer como se esperaba.

En este último caso hay que descartar elementos como la mala alimentación, exposición a un conflicto emocional grave y problemas en la absorción intestinal de los alimentos, entre otros. Asimismo, se debe analizar si el niño presenta algún tipo de enfermedad como insuficiencia renal o cardiopatías congénitas que le dificulten conseguir una talla mayor.

Fuente: artículo publicado en revista PadresOk.

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