Jugar solos: Un desafío a la creatividad – PadresOk

Jugar solos: Un desafío a la creatividad

Compartir:
015

El juego en solitario favorece entre otras habilidades la autonomía, la imaginación y la creatividad. Y aunque a esta edad los niños necesitan de la compañía de los adultos para sentirse seguros y confiados es muy útil estimularlos poco a poco para que aprendan a jugar y entretenerse por sí mismos, aunque sea por un par de minutos.

Martín tiene casi dos años y “definitivamente no sabe jugar solo”, afirma su madre. Aunque es un niño sano y normal, ella dice que el pequeño no es capaz de entretenerse por sí mismo o de realizar algún juego si no cuenta con la participación activa de un adulto. Si bien es una conducta común en los menores de esta edad -que por cierto suele complicar a muchos padres-la solución no es ‘estar encima’ de ellos todo el tiempo o participar en cada uno de sus juegos, sino estimular, poco a poco, pequeñas cuotas de autonomía.

“A través de esta actividad (el juego en solitario) aparte de jugar, el niño desarrolla su creatividad e imaginación, además de lograr mayor autonomía e independencia. Es un estímulo potente para explorar lo que le rodea”, afirma María José Lahsen, psicopedagoga y educadora de párvulos del jardín infantil Sol del Inca, de Las Condes. En cambio, agrega, si el adulto está constantemente interviniendo, “y si uno termina jugando por ellos, los niños se vuelven pasivos y pueden perder el interés por descubrir cosas, lo que posteriormente podría perjudicar su autonomía e independencia”, dice.

Por su parte, la educadora de párvulos y psicopedagoga Gloria Valenzuela, señala que cuando los niños están jugando solos “organizan toda una estructura mental para enfrentar el juego. En esta búsqueda por conocerlo, él está aprendiendo cómo se usa un juguete, cómo relacionarse con él y para qué sirve”. Algunos especialistas afirman que además esta forma de entretenerse le sirve al niño para experimentar, descargar emociones, comunicarse consigo mismo y su entorno y permite a los padres conocer cuáles son los temas que le interesan.

Sin embargo, tampoco se trata de dejarlos solos o negarse a jugar con ellos. Los pequeños -especialmente los menores de tres años- necesitan sentirse seguros, queridos y confiados de que cuentan con un adulto que los protege y que acudirá en su ayuda si así lo requieren. En cambio, sí se trata de darles un poco más de libertad para que ellos exploren por sus propios medios.

El juego en solitario

La primera herramienta de juego del niño es su propio cuerpo y los padres son agentes activos en ayudarles a descubrir cada parte, en instancias como el baño y la muda, además de ofrecerles ejemplos a imitar. Desde los seis meses en adelante, señala María José Lahsen, “el juego individual consiste también en que ellos vayan descubriendo cosas” y resulta especialmente útil que desde entonces los adultos les alcancen juguetes u objetos que puedan manipular, abrir y cerrar.

A partir de los 11 ó 12 meses, junto con alcanzar la posición erguida, mayor facilidad para desplazarse, caminar y atrapar objetos, se les abre un abanico de posibilidades para explorar y conocer el mundo que los rodea. La gran cantidad de estímulos que recibe y su curiosidad innata favorecen la habilidad del niño para entretenerse a solas, condición que debe ser incentivada por los padres, comenzando por un par de minutos al día.

Al acercarse a los dos años de edad esta habilidad debería ir aumentando de manera gradual, principalmente porque los niños muestran mayor interés en sus juguetes y es común que se concentren durante un buen rato en un objeto o actividad. La creatividad y capacidad para resolver problemas sin la ayuda de un adulto son ampliamente estimuladas a través de este tipo de actividades.

La aventura de jugar

Aprender a jugar solos requiere del apoyo y preocupación de los padres. Algunas recomendaciones para ayudarlos en este proceso son:

1. Brindarles un lugar seguro, con estímulos adecuados, juguetes variados, didácticos y de acuerdo a su edad. También pueden ser otros objetos que cumplan la misma función y no representen un peligro para el niño, ya sea por su tamaño, composición o características.

2. Aunque vayan a jugar solos, deben ser supervisados constantemente por un adulto. No es necesario intervenir en sus juegos; basta con permanecer cerca,
observarlos y hablarles de vez en cuando para que se sientan acompañados.

3. El juego en solitario debe combinarse con -y no reemplazar- el juego compartido. Éste último debe incluir por lo menos una hora diaria. De otro modo, el niño puede sentir que el juego a solas es más bien una obligación que una forma de pasarlo bien. Tampoco hay que esperar que lo haga por mucho tiempo; con un par de minutos es suficiente para empezar.

4. En un principio los niños necesitan ayuda para empezar a jugar solos. Aprenden por imitación, así es que al comienzo hay que tener mucha paciencia para
repetir un juego hasta que ellos puedan hacerlo por sí mismos.

5. Los padres deben enseñarle a usar y disfrutar de sus juguetes. De acuerdo a algunos especialistas, el niño necesita ver que hay un vínculo emocional entre el juguete y su mamá (o el adulto a su cargo).

6. No hay que confundir enseñarle a jugar con dirigir sus juegos u ordenarle exactamente lo que tiene que hacer. Tampoco es conveniente ayudarlo cada vez que tiene problemas con un juguete. Lo mejor es esperar y estimular a que resuelva por sí sólo las dificultades que se le presentan y descubra cosas por sí mismo.

7. Para desligarse paulatinamente de sus juegos, el adulto puede ir imitando las actividades del niño, pero en forma paralela: si éste arma bloques, la mamá puede ir armando sus propias estructuras; si él hojea un cuento, el papá puede hacer lo mismo con el diario.

Fuente. Artículo publicado en Revista PadresOk.

Articulo Previo

¡Como estimular su creatividad a los 2 años!

Articulo Siguiente

Juguemos a leer

Te podría interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *