Fobias infantiles: cuando el miedo se vuelve una enfermedad – PadresOk

Fobias infantiles: cuando el miedo se vuelve una enfermedad

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Un moderno software que enfrenta al paciente virtualmente al objeto de sus miedos y la “terapia de shock”, con sesiones intensivas frente al estímulo fóbico, son la última novedad en tratamientos respecto a la fobia infantil. En Chile se están estudiando sus beneficios, pero los expertos insisten en que el rol de los padres es fundamental, tanto para prevenir como para apoyar a los pequeños.

Los ascensores son objeto de temor para muchas personas. Pero ante a la obligación de subirse a uno, la mayoría optará por hacerlo, pese a su miedo. Una persona con fobia a los ascensores, con tal de no tomar uno, será capaz de subir 20 pisos por las escaleras o simplemente no subir. Éste es un claro ejemplo que permite diferenciar un miedo de una fobia, aunque sólo un especialista puede hacer el diagnóstico correcto.

Más allá del miedo

El miedo es una reacción normal y necesaria en el ser humano, que nos alerta de los peligros reales. El problema es cuando ese miedo limita e interfiere con nuestra vida normal y nos lleva a tener respuestas irracionales y exageradas frente a un objeto o situación -real o imaginario- que para el común de las personas no representa mayor peligro.
Las fobias son más que los temores infantiles que pasan con los años, porque interfieren notablemente con el desarrollo psicosocial de un niño.

Fobias: ¿aprendidas o heredadas?

El psiquiatra Ricardo García , señala que las fobias más recurrentes en nuestro país son la escolar, a ciertos animales, a la oscuridad, a lugares cerrados, a ver sangre y a las alturas. Más tarde, en la adolescencia, la llamada fobia social es la más frecuente.

En tanto, el doctor Jorge Barros, médico psiquiatra, sostiene que éstas pueden aparecer desde los cinco años, pero que son más comunes entre los siete y los doce.

Generalmente la fobia corresponde a un miedo adquirido, aunque no necesariamente por una experiencia traumática. A veces basta con oír la historia de un familiar y como los niños suelen imitar el comportamiento de sus padres, si éstos actúan muy temerosos o excesivamente precavidos, los pequeños tenderán a desarrollar conductas parecidas o peor aún, reacciones fóbicas.

La punta del iceberg

Especialistas sugieren que el origen de las fobias no siempre está relacionado con el objeto que provoca el temor, ya que pueden ser la manifestación de otra alteración psicológica, posiblemente un evento traumático en la vida del pequeño, como el nacimiento de un hermano o la separación de sus padres. Sin embargo, en la actualidad los médicos no están tan centrados en entender las causas, sino en curar efectivamente a sus pacientes, lo que mejora de manera importante el pronóstico en estos casos.

Hoy en día los tratamientos suelen apoyarse en tres pilares: medicamentos (en ciertos casos) para reducir los síntomas de ansiedad que provoca esta alteración, como tranquilizantes y antidepresivos; una terapia de desensibilización, que expone gradualmente al niño a sus miedos; y psicoterapia, para racionalizar sus respuestas frente al estímulo atemorizador. En este sentido, los ejercicios de relajación y de respiración resultan útiles, pues contribuyen a disminuir los síntomas de ansiedad.

Terapia ‘virtual’ y de ‘shock’

Estos nuevos tratamientos están basados principalmente en la terapia de sensibilización o exposición, que asegura que la única forma de vencer un miedo es enfrentándolo. La llamada “terapia de “shock” expone al paciente a sesiones intensivas frente al estímulo que rechaza. Su objetivo es reducir la duración de los tratamientos tradicionales, que pueden durar meses o años, y en Estados Unidos ya se está utilizando con éxito por algunos psiquiatras.

El mundo virtual también ha hecho su aporte, al descubrir recientemente la aplicación de un moderno programa computacional (INMER) a las terapias para vencer las fobias. Este software simula la realidad y la situación u objeto fóbico. Su propósito es reducir la duración del tratamiento y ser menos agresiva que aquellas que exponen al paciente directamente frente a su miedo. Por ahora se practica a pequeña escala en países como España, Inglaterra y Argentina.

Respecto a estos nuevos avances el doctor Ricardo García piensa que todavía hacen faltan más evidencias científicas, pero que es probable que en el corto plazo puedan practicarse en el país. Asimismo, considera factible que el procedimiento de desensibilización -método que practica a sus pacientes niños- pueda hacerse implementando un software. “Pero hay que prevenir que esté dado en el marco de una relación terapéutica con un profesional experto, que diagnostique correctamente y acompañe la terapia, porque si el acercamiento se hace de forma inapropiada generará más problemas de estrés en el menor, desencadenando otras patologías nerviosas”.

El doctor Jorge Barros indica que en los niños se consideran factores como su edad, características personales, el grado y tipo de fobia que presente y la tolerancia a los medicamentos, entre otros. Respecto de la terapia de shock, señala que aún genera mucha controversia usarla en menores y a su juicio debe analizarse caso a caso.

La familia: los co-terapeutas

Es imprescindible que la familia del niño con este diagnóstico colabore en su mejoría. “Ellos se convierten en co-terapeutas que facilitan el proceso de enfrentamiento, son fundamentales como modelos de comporta-miento, controlando pri-mero la angustia de ellos mismos, dando seguridad y protección a sus hijos y desde allí alentarlos a en-frentar situaciones temidas. Favorecer su autoestima, autonomía y socialización son factores protectores para el buen desarrollo de los hijos”, afirma García.
El especialista sostiene que el contacto personal y la buena comunicación con los padres y el profe-sional tratante siguen siendo las mejores formas de ayudar a un niño fóbico. Según indica, “el desarrollo científico permitirá avanzar en el tratamiento de los problemas mentales, pero lo fundamental seguirá siendo una adecuada y afectuosa relación interpersonal de los padres con su hijo y de los especialistas con él”.

¿Cómo reconocer a un niño fóbico?

Los síntomas más comunes son el aumento de la frecuencia cardiaca, sudor, temblores o estremecimientos, falta de aire, sensación de ahogo, molestias en el pecho, malestar estomacal, sensación de mareo o desmayo, temor a perder el control, enloquecer o morir, aturdimiento y escalofríos o calores súbitos.
Se caracterizan por su condición limitante y conducta evitativa. A veces el niño fóbico entiende que su respuesta es exagerada, pero no puede evitar su reacción.

Fuente: Artículo publicado en Revista PadresOk

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Comentarios

  1. Mi hija le tiene fobia a las multitudes, a los ruidos fuertes, a la gente que habla por microfono y a la gente adulta que esta disfrasada, sobre todo al viejo pascuero, y otros…..su cara se desfigura y uno siente el panico que emana de ella….me cuesta mucho sacarla de la casa, ni siquiera quiere ir al jardin, hay una tia que habla muy fuerte y ademas ponen musica alegre por los pasillos y eso la aterra. En mi casa no somos para nada callados, mis hermanos y papa nunca tuvieron respeto ni por el sueño de ella y siempre se habla alto…no se que hacer para que disfrute un dia de paseo que cualquier otro niño disfrutaria….

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