La nueva vida después de ser mamá – PadresOk

La nueva vida después de ser mamá

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Aunque la mujer que ha esperado 9 meses el nacimiento de su hijo ya se siente otra persona, la llegada de ese niño cambia su vida para siempre. Puede sonar a sentido común, pero ser madre significa asumir una importante responsabilidad para el resto de la vida, por eso se dice que después del parto nace una nueva mujer. Así lo revela el testimonio de cinco mujeres y mamás.

Un abrazo milagroso 

Paulina mamá de Antonia

“Antes que Antonia naciera escuchaba a las madres decir que un hijo les cambia la vida. Yo acotaba diciendo que eso era obvio, que significaba asumir una responsabilidad de por vida, que las mujeres tenían muchas más cosas que hacer y por quien velar… Pero ahora que soy madre me di cuenta que no solo se referían a eso”. “Cierto día me sentía muy mal por distintas cosas que me habían pasado. Había estado mal en el trabajo, había tenido una pelea con el papá de Antonia, problemas de dinero, en fin, un día completamente malo. Cuando llegó la noche, decidí que cerrando mis ojos ese día terminaría y que mañana sería mejor. Al día siguiente, Antonia se despertó como las 7 de la mañana, la pasé a mi cama y le pedí que me abrazara. Ella lo hizo con una ternura tal, que todo el mundo me cambió. Fue como una inyección de energía, me sentí tan reconfortada que no lo podía creer”. “Ahora comprendo cómo los hijos cambian la vida, no tan solo por las responsabilidades, sino por como enseñan a ver el mundo desde un punto de vista lleno de colores y te sumergen en un caudal de buenas intenciones”.

Un antes y un después

Andrea López resume la esencia del cambio en el amor incondicional de los hijos. Para Margarita Pereira, en “una oportunidad que nos da la vida de conocernos y de comprender la existencia de otro ser humano” y para Tania Seoane, “es establecer otras prioridades por sobre las propias, junto con madurar”. Asimismo, Luz María Barrios dice que significa “dejar de ser una niña para cuidar a otros niños con un espíritu de niña también”. Todas ellas hablan de un cambio, tal vez el más importante de sus vidas. Pero ¿qué implica eso? Muchas mujeres explican que esta transformación radica en que ya no se duerme como antes, que con la llegada de los niños se debe compartir los tiempos personales, que las prioridades cambian. Algunas se sienten cansadas y otras culpa de ir a trabajar, por lo tanto, muchas se postergan. Lo cierto es que ninguna dice que sigue igual, todas han cambiado, a veces incluso más profundamente de lo que imaginan.

De acuerdo a la opinión de los sicólogos, aunque la tarea de ser madre se compensa con las satisfacciones propias de serlo, es un tema complicado sobre todo para quienes valoran sus espacios personales. Con la jornada laboral que existe actualmente es imposible dedicarse a algo distinto que no sea trabajar y criar a los hijos. Con padres colaboradores -y si las mujeres les permiten serlo- es posible repartirse las tareas más equitativamente, de modo que ambos, hombre y mujer, logren cumplir otros sueños distintos al paternal, esenciales para el sentimiento de realización personal.

Más allá de la queja

Según la sicóloga Bernarda Labarca, no todas las mujeres experimentan un cambio como un paso de algo antiguo a algo nuevo, sino que se quejan de haber perdido lo que eran antes. “Conozco mujeres que hablan sobre su experiencia de ser madres como si no lo fueran. Muchas se lamentan de lo que podían hacer antes de ser madre y la pérdida de esas posibilidades, en lugar de hablar de lo nuevo e inclasificable que resulta el compartir con su hijo. Este es un problema que está dado también por la imposibilidad de entender esta experiencia como nueva, inédita e íntima”. Margarita Pereira -mamá de Darío- señala que “si somos capaces de comprender la maravilla que se esconde incluso en las acciones más difíciles del rol materno, podremos crecer como mujeres y, efectivamente, ser lo que la sociedad espera y exige: ser una “buena madre”. Pero desde la verdad. No para construir una bonita foto postal; algo que en realidad no somos”.

Intenta no quedarte en la queja

A algunas mamás les resulta difícil disfrutar la maternidad. Si es tu caso, date tiempo, explora tu interior y busca la manera de ver tu rol maternal desde lo positivo y placentero que es.  

Tiempo para compartir y dar

Tal vez el mayor cambio que experimenta una mujer al ser madre, es el cambio de la percepción del tiempo. Bernarda Labarca explica que pasa de ser individual a convertirse en colectivo. “En lo personal, hasta antes de ser madre yo organizaba mí tiempo con muchos espacios de libertad individual, y así podía ir respondiendo frente a las posibilidades que se me iban presentando en la jornada, en especial respecto a lo laboral y lo social. Ahora, con mi hijo compartimos nuestro tiempo, tengo que pensar en los dos y eso me ha hecho crecer y profundizar en mi capacidad de compartir y entregar cariño”. Tania Seoane, que a sus 27 años ya tiene 4 hijos, también disfrutaba intensamente de la vida social. La experiencia de ser madre, al contrario de Bernarda, la llevó a postergar algunas de sus inquietudes, incluso la posibilidad de seguir estudiando. “Fue complicado, pero el cambio lo hice con alegría. Tuve que salirme del ritmo del resto de mis amigas, porque yo ya no era sola en el mundo. Me dio lata, pero no rabia. Fue importante para mí optar por criar antes que estudiar. Esto me ha implicado crecer como mujer y sentirme orgullosa de mí por cumplir con todo lo que me he propuesto”.

Como explica la sicóloga, “a nivel social estamos condicionadas a pensar en el cambio como una pérdida de autonomía. Esto sobre todo en sociedades urbanas e individualistas como la nuestra, en la que las libertades están sobre valoradas por sobre lo colectivo y lo social, cuyo núcleo inicial es el espacio de la familia y el compartir con los hijos”.

En nuestro país, los análisis entregados por los informes del PNUD (Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas) sobre “El Malestar en Chile”, describen la extrapolación de los valores del individualismo. En este contexto, el ser madre puede exacerbar este sentido de pérdida que lleva muchas veces al aislamiento de las mujeres que viven esta nueva experiencia y este cambio en soledad. La paternidad pasa a estar ligada a una especie de “sacrificio” vital y no a un cambio positivo de crecimiento y desarrollo humano. “Sería muy distinto que como madres pudiésemos vivir, por ejemplo, nuestro primer tiempo de crianza junto a otras mamás, compartir las experiencias y estar más conectadas con lo nuevo que implica un nacimiento, más que contactarnos con la queja, que es lo más común en la conversación”. Muchas veces las madres se distancian del mundo y se encierran entre cuatro paredes a criar. Para Margarita Pereira esto no es una novedad. “Una amiga muy querida me decía el otro día que yo era la única que en su segundo parto la había ido a visitar seguido. A mí no me sorprendió lo que me dijo, pues supe de aquella soledad que se enmascara cuando nace un hijo y cuánto necesitamos que nos acompañen”. Por esta razón, es importante enfatizar que “que ser mujer debe incluir todas las potencialidades, es decir, a través del despliegue de una multiplicidad de roles, para que puedan nutrirse del exterior, no fragmentarse y no desconectarse del mundo externo”, confirma Bernarda Labarca.

Maternidad: una  Una mujer distinta, desde ahora y para siempre

Para muchas mujeres, la experiencia de ser madre es una experiencia inigualable, ligada a la madurez. Por esta razón, Margarita Pereira resume en dos palabras su experiencia, “lo sublime y lo áspero de ser madre. Es una experiencia arrolladora, que todas las mujeres deberíamos tener la oportunidad de compartir, conversar y comunicar”. “Me conmueve hablar de esto, porque ser madre ha significado para mi vida un cambio tan radical que no dejo de agradecerle a este niñito que veo en las fotos con cara de pregunta, con mirada de “dime qué hago aquí”, el haber permitido que en mí se abrieran tantas puertas y florecieran tantas posibilidades. Ser madre es una decisión, un acto, un gesto, en fin, un movimiento verdadero. La vida evidentemente es de verdad y, por lo tanto, está llena de alegría, tristeza, miedo, felicidad, rabia, dolor. Después de ser madre la vida cambia y cambia para siempre. Quien pretenda que todo siga siendo igual se equivoca o se miente”

Los miedos de madre

En el proceso de ser mamá, la muerte se convierte para muchas mujeres en un gran tema. Como dice Tania: “Ahora le tengo muchísimo más miedo. La muerte iba ligada a mi vida, y si yo me moría no tenía nadie a mi cargo así que hacía cosas arriesgadas. Mis hijos ahora son mi tarea y si yo me muero la dejaría inconclusa, y creo que venimos al mundo a terminar las tareas. Por esta razón me cuido más que nunca. Le tomé valor a la vida”. Para Luz María Barrios, madre de 2 hijos, la muerte tiene ahora otro significado. “Ya no tengo miedo a morir, porque creo que quedaré en el recuerdo de mis hijos, en sus ojos, en el modo de ser. Siento que gracias a ellos trascendí como mujer”.

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