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100 preguntas sobre educación escolar

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La educación de los hijos es uno de los temas que más preocupa a los padres. Que tengan la mejor posible, que aprendan más y que de esa manera aseguren un futuro exitoso y feliz. Para resolver las dudas e inquietudes que rondan este tema, Amanda Céspedes, neurosiquiatra infanto-juvenil, especialista en neurociencias aplicadas a la educación, escribió “100 preguntas sobre educación escolar” (Ediciones B), un gran libro para que los papás entiendan cómo aprenden los niños.

Tantas dudas que los padres tienen acerca de la educación de los hijos. Una de las primeras es cómo aprenden los niños. Para la autora, todo niño posee un potencial que hace posible su transformación si recibe una educación de calidad, porque hay un potencial específico y grande, que es inherente a la condición humana.

La educación y el cerebro Amanda Céspedes explica que “el cerebro humano posee una estructura específica que determina la emergencia de funciones, las que se organizan en niveles de complejidad creciente; aquellas funciones al servicio de los aprendizajes académicos y sociales, que se denominan funciones de alto orden o funciones cognitivas y cognitivo sociales. A partir de estas surgen los talentos o inteligencias, las cuales se encuentran en un estado potencial, aguardando la participación del ambiente para expresarse como habilidades y destrezas”. Agrega que las habilidades pueden desarrollarse de manera precaria o alcanzar un excepcional desarrollo -que se denomina destreza- donde interviene la biología, la personalidad y el ambiente del niño. “Se ha demostrado que la biología es el factor menos relevante a la hora de llevar una habilidad al plano de destrezas, en cambio, ambientes ricos en oportunidades y una personalidad en la cual destacan las virtudes del carácter y un perfil preciso de aptitudes son cruciales, poniendo el énfasis en la importancia de una educación de calidad e igualitaria”.

¿Cómo madura el cerebro infantil? Gracias a que hoy existe un amplio conocimiento a través de las técnicas de neuroimagen, es posible observar la estructura y funcionalidad del cerebro en vivo. Lo primero que hay que saber, explica esta neurosiquiatra, y que seguramente muchas personas intuyen, es que el cerebro humano se toma un largo tiempo para acabar su diseño definitivo. “Este paciente trabajo arquitectónico y funcional constituye lo que se denomina neurodesarrollo o neuromaduración (“neuro” se refiere a sistema nervioso o cerebro). En términos generales, diremos que la neuromaduración se va a extender por los primeros 20 años de la vida. Más del 75% de estas dos décadas transcurre para muchos niños al interior de un aula. Se crece, se madura y se es alumno de manera íntima y simultánea. Durante estos primeros 20 años, el cerebro humano experimenta colosales cambios, los que van ocurriendo según un texto invisible, un programa determinado por la formación genética, que se va actualizando gradualmente en contacto con el ambiente. El programa determina una obra gruesa, la que será modelada por la experiencia, quien aportará las ´terminaciones finas’. Conocer estos fascinantes procesos es imprescindible para comprender de qué modo aprenden los niños”, recalca

Y las matemáticas… ¿Cuándo? Para la doctora Céspedes, a partir de los 7 años los niños están preparados para aprender matemáticas. A esta edad, las modificaciones anatómicas y funcionales del hemisferio izquierdo permiten entrar al mundo de los números y sus relaciones. “Antes de esa edad, cuando están en prekinder y kínder, desarrollan una serie de nociones previas al aprendizaje de las matemáticas, que le serán muy útiles cuando inicien la escolarización primaria”, destaca.

Las zonas del cerebro indispensables para aprender Todos hemos oído hablar de los hemisferios cerebrales: el izquierdo y el derecho. Ambas regiones son muy distintas, y como señala Amanda Céspedes, tan diferentes que permiten la existencia de dos mentes distintas pero complementarias, a partir de las que surgen infinidad de talentos, de maneras especiales de procesar la información recibida, de estilos de aprendizaje, y de modos de crear, sentir y amar. “En nuestro organismo, no hay otro órgano que se pueda equiparar en versatilidad y capacidad de adaptación con el cerebro, la mayoría de cuyos genes permanece silencioso, aguardando un nuevo desafío para activarse y realizar cambios acordes a esos desafíos”, asegura. ◆◆ Hemisferio derecho. Comienza a madurar tres meses antes del nacimiento, lo que hace posible que guarde las experiencias prenatales vividas. Una de sus características es la gran conectividad entre regiones cerebrales, que realizan funciones y desarrollan habilidades muy distintas. Está al servicio de la mente subjetiva y emotiva y sus funciones son la base para desarrollar las habilidades artísticas. ◆◆ Hemisferio izquierdo. Inicia su maduración después de nacer y está al servicio de la realidad objetiva y los aprendizajes culturales. Como explica la autora, sus recursos cognitivos se van incrementando exponencialmente en contacto con las experiencias culturales, favoreciendo el desarrollo de habilidades intelectuales muy sofisticadas, como ser políglota y moverse con soltura en disciplinas científicas o filosóficas”. Amanda Céspedes señala que los distintos talentos no se expresan como habilidades exclusivas del hemisferio derecho o izquierdo. “Constantemente hay una complementación funcional entre ambas mitades del cerebro. Esto queda demostrado en la habilidad llamada poesía: es imposible crear poesía sin talento lingüístico, pero además se precisa emoción y un mundo interno subjetivo muy intenso”, afirma.

¿Los niños deben ir al jardín infantil? Cerca de los dos años, los padres empiezan a cuestionarse si enviar a los niños al jardín infantil, prekinder y kínder. Porque, ¿para qué hacerlo si están bien cuidados en casa? Ante este cuestionamiento, Amanda Céspedes es enfática. Responde que: “Es fundamental. Los primeros cinco años de la vida el cerebro del niño posee el triple de neuronas, las cuales despliegan una inmensa cantidad de ramificaciones llamadas dendritas, donde titilan miles de receptores sinápticos que aguardan conectarse con otras neuronas. Esta constelación de puntos de contacto sináptico constituye la llamada ‘potencialidad sináptica’ propia del cerebro del párvulo y confirma que esos primeros cinco años de la vida son los de máxima plasticidad cerebral, es decir, de gran apertura a los aprendizajes”. Respecto a que jardín infantil escoger, aunque advierte que no es posible generalizar, señala que es recomendable privilegiar aquellos que no se centran en talleres de computación o idiomas -que intentan escolarizar a los niños a temprana edad- y en cambio cuentan con patios amplios, abundantes en juegos, donde se escuche música y las educadoras canten junto con los niños.

Cuándo enseñarles a leer? A pesar que en países que lideran los logros en educación -como Finlandia los niños deben tener 7 años cumplidos para ingresar al sistema escolar, en Chile insistimos con adelantar todo proceso de aprendizaje formal. Un ejemplo de eso es la lectura, donde parece ser que mientras antes comience, mejor. ¿Por qué? Porque según Amanda Céspedes, creemos que a más temprana edad, los niños aprenderán más. Sin embargo, no es así. Cuando un niño aprende a leer anticipadamente y no tiene en cuenta aprendizajes significativos que incorporar, saber leer no le sirve de mucho. Según indica, ante la pregunta de a qué edad es conveniente enseñar a leer, la respuesta es que no es necesario hacerlo; “simplemente se requiere que otra persona guíe, facilite un proceso que aparecerá espontáneamente en cerebros listos para ello si los niños dueños de esos cerebros han estado en contacto con el mundo letrado, han tenido la experiencia de hojear material impreso como libros, revistas, folletos; les ha llamado la atención la cantidad de letreros, anuncios publicitarios y afiches que decoran los espacios públicos y han visto a sus padres y familiares leer y comentar las lecturas”. La especialista insiste en que: “Este estímulo constante que ejerce el mundo del lenguaje escrito sobre un cerebro que se encuentra abocado activamente a desarrollar el lenguaje verbal, a través de un estímulo lingüístico continuo que proviene de su entorno social, instala en el niño un proceso invisible y asombroso: la lectura como proceso emergente, del mismo modo como una semilla colocada en tierra fértil comienza a germinar mucho antes que brote de ella la primera plántula y se asome a la superficie. La lectura como proceso emergente se inicia con el nacimiento, pero habrá de ser la maduración de determinadas regiones cerebrales la que, en definitiva, determine la cristalización de la lectura”.

Entre los 5 y 7 años de vida, y luego de un complejo proceso de maduración cerebral, el niño descubre que una palabra es una secuencia dinámica y flexible de sonidos, los que pueden ser manipulados, para formar nuevas secuencias y dar vida a sonidos y palabras distintas.

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