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El síndrome del niño emperador

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Según los expertos en desarrollo infantil, este es un tema que se está viendo cada vez más en las consultas. Producto de una generación donde reina el individualismo, la satisfacción inmediata de los deseos y con padres que tratan de compensar sus ausencias a punta de regalías y falta de normas o que -buscando escapar del modelo autoritario que vivieron ellos cuando niños- caen en la extrema permisividad, los llamados “hijos tiranos” se están volviendo un problema recurrente.

Para el psicólogo español Javier Urra, autor del libro “El pequeño dictador”, hay niños que por un asunto de genética tienen mayor tendencia a estas conductas. Sin embargo estima que la educación, sobre todo en los primeros años, puede contrarrestar en gran medida el mal comportamiento de un pequeño tirano en potencia. “Es difícil cambiar la personalidad, pero no el autocontrol. Lo que se puede modificar es la conducta”, precisa Urra, quien trabajó como defensor del menor en el Tribunal de Justicia de Madrid, donde conoció casos extremos de violencia de hijos hacia sus padres, según cuenta en su libro.

En tanto, el psicólogo y autor de “Los hijos tiranos; El síndrome del emperador”, Vicente Garrido, cree que algunos de estos niños no vienen precisamente de una familia permisiva ni tampoco tienen padres negligentes. “Muchos son de clase media y se han ocupado de sus hijos. Otra cuestión diferente es si podrían haberlo hecho mejor”, acota. Para Garrido, se trata de hijos que genéticamente tienen mayor dificultad para percibir las emociones morales, es decir, presentan problemas para aprender a sentir empatía, compasión o responsabilidad.

Cómo es un niño tirano

En algunos casos estas reacciones se asocian con trastornos de la conducta, hiperactividad o déficit atencional. En otras situaciones tienen su raíz en eventos específicos, como separaciones, frustraciones o problemas en el colegio. Sin embargo, en la mayoría de los casos estos problemas parecen relacionarse con el estilo de crianza de los padres, en especial si son muy controladores, o bien muy permisivos y con dificultad para poner límites.

Se ha observado que estos niños provienen de familias con algunas características en común: padres sobre-protectores que impiden que sus hijos maduren por sí mismos, que ceden continuamente a sus caprichos, que son incapaces de verlos ‘sufrir’ y que para evitarle la ansiedad al pequeño, le obvian cualquier situación mínimamente desagradable.

Es común también la ausencia de límites educativos y de figuras que representen una autoridad, que existan fuertes diferencias en el estilo educativo que practican ambos padres (uno estricto, otro permisivo, por lo que el pequeño termina haciendo lo que él quiere o considera correcto) o bien, uno de ellos establece una especie de alianza con el hijo en contra del otro progenitor.

Es frecuente, asimismo, que estos pequeños vivan con padres que tienen miedo a mantener una actitud educativa firme o que su formación esté sólo en manos de otras personas (abuelos, nanas, etc.) más relajadas en imponer disciplina. Los niños, por su parte, suelen ser muy caprichosos, molestan a los demás pero no soportan que los molesten a ellos, muestran una baja tolerancia a la frustración y no aceptan los fracasos.

Fuente: publicado en Revista PadresOk

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