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El niño de dos años

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Corre, salta, juega y cada día nos sorprende con nuevas habilidades y aprendizajes. El o ella ya tiene su propia personalidad, gustos e ideas, que se esfuerza en manifestar cada vez con más precisión.

El niño de dos años ha alcanzado una madurez que le permite una versatilidad de movimientos y conocimientos con los que se hace cada vez más autónomo. Así, deja de su etapa de lactante y se transforma en un preescolar, cada día más interesado por el mundo, por la personas que los rodean y por participar con ellas en sus actividades.

La edad del no

“No” es una palabra que se escucha frecuentemente de parte del pequeño ante una orden o prohibición de los padres. Se debe a que el niño entra ahora en la llamada fase de oposición, o continúa en ella si ya la había manifestado al año. Esta etapa se caracteriza por una actitud predominante de protesta o negación, con el fin de reforzar su autonomía. En otras palabras, quiere hacer siempre su voluntad y demostrarse a sí mismo su independencia, llegando a veces a la rabietas cuando no consigue sus objetivos.

Un enfrentamiento rígido de parte de los padres a la oposición del pequeño, hará más difíciles las cosas y no le ayudará a superar esta fase. Además, las excesivas prohibiciones pueden frenar al autonomía del niño. Lo que se recomienda es fijar límites y normas claras que se deben conocer y respetar, las que no deben ser tan estrictas ni rígidas, al punto de impedir la iniciativa de pequeño y su desarrollo como ser independiente.

Cuando el pequeño esté empeñado en obtener o hacer algo inadecuado, lo mejor es desviar la atención hacia otro objeto. Y en caso de una rabieta, es necesario mantener la calma sin ceder a sus presiones, o sabrá fácilmente cómo manipular. Tampoco hay que retarlo en ese momento ni mucho menos golpearlo, sino que conversar con él cuando ya se haya calmado.

Esta etapa se supera al final de los tres años. Por ahora es importante tener paciencia y manejar adecuadamente estas situaciones.

¿Cómo piensa y siente?

Es un curioso por naturaleza, quiere tocar y experimentar todo. Es precisamente este afán de explorador lo que impulsa al niño a seguir aprendiendo. Por eso su curiosidad no debe ser frenada, por el contrario, hay que fomentarla permitiéndole nuevas experiencias y hablándole acerca de ellas.

No obstante, los padres deben poner mucho cuidado en que el pequeño no corra peligro en sus aventuras. Hay que dejar fuera de su alcance los objetos peligrosos, como artículos cortantes, sustancias tóxicas y cables eléctricos y, en lo posible, no descuidar la vigilancia.

Comienza también la edad mágica, en que el pequeño atribuye explicaciones fantásticas a todos los fenómenos, puesto que aún no posee un pensamiento lógico. Así también, atribuye características humanas a los objetos y hace asociaciones que a los adultos les pueden parecer fantasiosas, pero que en la mente del pequeño cobran pleno sentido.

Aunque su memoria ya está desarrollada, aún no posee orientación temporal. El niño es muy concreto y se concentra en el aquí y el ahora. Por otra parte, su percepción de mundo es aún egocéntrica. Se reconoce a sí mismo, pero le es muy difícil ponerse en el lugar de los demás. No piensa, por ejemplo, que su hermano sentirá dolor si el le pega o le tira el pelo. Atribuye sus propios sentimientos a otras criaturas e incluso objetos.

Su capacidad de atención en una actividad es corta y puede cambiar con frecuencia de una actividad a otra. Claramente prefiere las actividades motrices, en que tenga que correr, saltar, bailar o trepar, por ejemplo. El movimiento es para él una necesidad y una fuente de placer.

Si el pequeño asiste al jardín infantil, su capacidad de socializar y jugar con otros niños se verá favorecida, de lo contrario, es importante que en casa se le proporcionen oportunidades de compartir con otros pequeños de su edad.

Los padres siguen siendo las personas más importantes para el pequeño. Imita lo que hacen y dicen, por eso, el ejemplo es la forma más importante y efectiva de educación . Asimismo, es conveniente propiciar el acercamiento del padre del mismo sexo al niño, para ir favoreciendo su identidad.

Al pequeño le gusta participar en todas las actividades de la familia, como sentarse a la mesa, salir juntos, jugar e incluso ordenar la casa. Mientras más se fomente esta participación, el niño se sentirá más integrado y querido.

¿Cuáles son sus miedos?

El niño teme a que lo abandonen, por eso es bueno transmitirle confianza y jamás amenazarlo con dejarlo solo o con dejar de quererlo si se comporta mal.

Tampoco es oportuno que los padres no le avisen cuando van a salir. Muchos lo hacen con el fin de evitar que el pequeño se quede llorando, pero a la larga, va sentir inseguridad de que el padre o la madre se hayan ido cada vez que desaparecen de su vista. Lo mejor es actuar siempre con sinceridad y tranquilidad, en todo orden de cosas.

El niño cree absolutamente todo lo que se le dice, por eso hay que tener cuidado con abusar de su credulidad, por ejemplo, utilizando el temor para lograr una conducta, amenazándola con que si no obedece “vendrá a buscarlo la bruja o el viejo del saco” ya que él lo creerá de verdad tendrá atemorizantes fantasías al respecto.

También puede que aún se asuste con los ruidos fuertes y repentinos que desconoce.

¿Cómo se expresa?

El vocabulario durante este año experimenta un gran salto: al cumplir los dos años dice aproximadamente 150 palabras y llega a cerca de 1500 cuando está próximo a cumplir tres años.

El niño entiende todo lo que se le dice en términos claros y simples. Además, ya forma frases de dos o tres palabras y cada vez se expresa con mayor claridad y precisión. Así, logra hacerse entender por los demás y mantener una conversación breve, siempre que sea un adulto quien la dirija.

De todos modos, es bueno tener presente que es una etapa en que los avances en el lenguaje son bastante irregulares y la capacidad de expresión difiere mucho de un niño a otro. Hay periodos de grandes progresos y otros de estancamiento.

Para ayudarlo, háblele permanentemente, diciéndole el nombre de las cosas, describiendo sus características y utilidad, comente con el pequeño situaciones, pronunciando correctamente y respondiendo a sus preguntas. Es importante no anticiparse a sus deseos antes de que los exprese verbalmente: ello le llevará a ejercitar más su vocabulario.

¿Qué es capaz de hacer?

· Sube y baja escaleras solo, aunque aún no alterna los pies, sino que pone ambos en un mismo peldaño.
· Corre e intenta saltar con los dos pies juntos.
· Patea y lanza una pelota sin precisión, pero no pierde el equilibrio.
· Se sube a sillas y muebles.
· Puede trepar.
· Se sienta en cluclillas y de rodillas.
· Intenta mantenerse parado sobre un pie.

· Hace torre de 6 cubos.
· Puede comer solo y lo logra en gran medida.
· Hace rayas de diversas formas (garabatos) sobre un papel, y si se le ha dado las oportunidad de hacerlo, también aprende a moldear plasticina , recortar y pintar con los dedos.

Un hito importante es que comienza a controlar esfínteres y avisar cuando tiene que hacer sus necesidades. Esto refleja un avance en su madurez neurológica y constituye un gran paso en su autonomía. Generalmente se produce primero el control diurno y, alrededor de los 2 años y medio también nocturno. Este es un proceso largo y el niño puede retroceder . Es necesario ser muy comprensivo con él y enseñarle sin presionarlo.

Fuentes: Equipo de expertos de PadresOK / “Larousse de los Padres” / “Desarrollo psicológico en la edad preescolar” , de la psicóloga Mª de los Angeles Vergada, documento del Manual de pediatría de la Red de Salud de la Universidad Católica ( puc.cl) / psicólogoinfantil.com /saluehijos.com /

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