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Lunares: ¡Cuidado con esas manchas!

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Sólo uno de cada cien bebés nace con lunares, también llamados nevos congénitos, ya que lo más común es que estas manchas cutáneas aparezcan con el paso del tiempo. Así, a la edad de 20 años, la mayoría de las personas tiene entre 15 y 30 lunares visibles, esparcidos por todo el cuerpo.

La dermatóloga de Clínica Las Condes, Patricia Apt, explica que los lunares pueden definirse como “tumores benignos de la piel, compuestos por células névicas (pigmentadas), que derivan de otras células, los melanocitos, responsables de fabricar la melanina, es decir, el pigmento que da el color moreno a la piel”.

Respecto de su tamaño, los lunares se clasifican básicamente en tres tipos: los pequeños, que miden menos de 1,5 cm y son los más frecuentes; los medianos, que miden entre 1.5 y 2 cm, y los gigantes, que sobrepasan los 2 cm.

También se clasifican de acuerdo a su origen; congénitos, si se nace con ellos y adquiridos, si aparecen con los años. “En general, los lunares congénitos siempre deben ser evaluados. Y lo mismo aquellos muy grandes, ya que a mayor tamaño, mayor probabilidad de que sean peligrosos”, aclara la especialista.

Nacer con lunares

Hasta ahora se desconoce el origen exacto de los nevos congénitos. No se sabe si las drogas, las dietas, las enfermedades o las lesiones durante el embarazo pueden influir en su formación. Tampoco se conoce algún método de prevención, pero sí que suelen formarse mientras el bebé está en el útero,

antes del tercer mes de gestación.

Afortunadamente, los lunares congénitos gigantes son muy poco frecuentes; sólo uno de cada 20 mil niños los presenta. Casi nunca son hereditarios, pero tener un hijo con un nevus incrementa ligeramente el riesgo de tener más hijos con esta condición. Asimismo, una persona con un lunar grande tiene un riesgo ligeramente mayor de tener más hijos con un nevus. En la gran mayoría de los casos, estos lunares no desaparecen por sí solos y suelen crecer en proporción con el cuerpo. Su color puede permanecer igual o bien, aclararse u oscurecer a lo largo del tiempo.

“Es importante que un dermatólogo haga una evaluación de este tipo de nevos, para ver si son potencialmente peligrosos y, asimismo, hacer seguimientos clínicos y con dermatoscopio, que permiten tener fotografías de cada control”, señala la doctora Patricia Apt. También se recomienda un análisis de aquellos que crecen muy rápido, de los que cambian de color, los que son asimétricos y de aquellos que sangran, ya que pueden ser potencialmente malignos.

“Aquellos pacientes de mayor riego son los de piel blanca, los que tienen antecedentes de cáncer de piel o quienes poseen muchos lunares. En estos casos, se recomienda control cada 6 meses con dermatoscopía, para hacer seguimientos”, acota la profesional de Clínica Las Condes.

Como la radiación UV es una de los factores que puede aumentar el riesgo de cáncer de piel, es importante que los menores de 6 meses eviten la exposición solar. “Eso es porque algunos bloqueadores pueden resultar tóxicos para los bebés. Después de los 6 meses, se debe utilizar protección solar, a través de bloqueadores con factor sobre 30, además de sombrillas, sombreros y lentes de sol, entre otros”, precisa la especialista.

Sólo en ciertos casos, y si los exámenes así lo sugieren, puede ser recomendable extirpar un lunar, especialmente aquellos muy grandes. En estos pacientes, la intervención quirúrgica no sólo tiene por objetivo reducir el riesgo potencial de cáncer, sino también mejorar su estética, sobre todo si el nevo se ubica en el rostro o en otra una zona muy visible.

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