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Desarrollo lento del lenguaje

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Actualmente predomina la teoría del respeto hacia la existencia de un ritmo individual en el desarrollo de cada niño. Por eso, las reglas fijas respecto a la cantidad exacta de palabras que un niño debe decir desde el primer y segundo año, es variable. Sin embargo, Ana María Buzeta, educadora diferencial especialista en trastornos de audición y lenguaje y directora del Centro Comunica, señala que lo que sí debe existir -incluso desde antes del año- son los precursores del lenguaje, es decir, las herramientas que le permitirán al niño comunicarse fluidamente con los demás. “Estos son el contacto visual, es decir, que el niño sea capaz de conectarse con otro; el compartir significados, en otras palabras, ser capaz de hacer algo con otro, por ejemplo, tirar la pelota cuando se lo piden; y tomar turnos, que en este contexto significa dejar hablar y escuchar al otro, respondiendo o tratando de expresarse después”, señala la profesional.

Cuando estos rasgos precursores del lenguaje no están presentes en la rutina comunicacional del niño, es necesario consultar a un especialista, porque podría tratarse de rasgos autistas, problemas de comunicación o deficiencias en el desarrollo de la visión y audición. Cuando estos cuadros se descartan, además de estar atentos a los precursores del lenguaje, es fundamental que los padres supervisen que los niños vayan avanzando en el desarrollo del lenguaje y, poco a poco, quemando etapas. “Si al año un niño dice ‘papapapapa’ para llamar a su papá y al año 3 meses ya es capaz de llamarlo diciendo sencillamente ‘papá’, significa que está avanzando adecuadamente. Si por el contrario, pasado 2 ó 3 meses sigue diciendo papá de la misma manera, es importante poner atención a su evolución”, indica Ana María Buzeta.

Cuando el lenguaje queda atrás

Las razones en el retraso del lenguaje son variadas e incluso muchas son desconocidas. A veces intervienen factores hereditarios, otras están insertas en un retraso simple o complejo del desarrollo, y en ocasiones también se trata de trastornos específicos del lenguaje, como disfasias o problemas de comunicación.

Sin embargo, el hecho de que el lenguaje quede atrás también se explica por las características individuales de cada niño. Algunos autores incluso han definido hitos en el desarrollo infantil, basados en una clasificación de distintos tipos de niños. Dentro de ellos, se distinguen los conversadores, los de desarrollo equilibrado y los niños motores. Como explica la directora de Comunica, “los niños motores, por ejemplo, concentran toda su energía en actividades de movimiento y por eso gatean y caminan antes que el resto. Esa puede ser una de las razones que explique que el lenguaje quede atrás”.

También influye la rutina a veces sedentaria de algunos niños, que no les permite descubrir y aprender a comunicarse a través de juegos, por ejemplo. Asimismo, la pasividad de los papás al momento de pedir y estimular en el niño que pida las cosas por su nombre y que se exprese a través de palabras o aproximaciones de palabras, contribuye a retrasar el desarrollo del lenguaje.

La estimulación

A pesar que la explosión del lenguaje se presenta con diferente intensidad en cada niño y a distintas edades, y que el niño pueda hacerse entender en su entorno a través de indicaciones o gestos, siempre es importante estimularlo para que desarrolle su capacidad del lenguaje al máximo, aunque sea un poco más tarde en relación a otros niños.

En este sentido, Ana María Buzeta indica que para eso, es fundamental que los papás y las personas que están al cuidado de los niños conversen con ellos al momento de desarrollar cada una de sus rutinas diarias. Como señala la especialista, “hasta hace unos años, hubiéramos pensado que teníamos que dejar que las palabras llegaran solas, pero hoy creemos que es mejor tomar a los niños antes, a través de un proceso de estimulación constante llevado a cabo por los padres en la casa, y así procurar que el lenguaje emerja”.

Fuente: extracto de artículo publicado en Revista PadresOk

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