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Guía de protección solar: Niños al sol

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La delicadeza de la piel de los niños, especialmente de los recién nacidos tiene un origen fisiológico, ya que es significativamente más delgada que la piel de un adulto. Esto porque las glándulas sebáceas y sudoríparas no están maduras, lo que hace que su manto ácido protector sea menos resistente. Es una piel más propensa a resecarse y más sensible a agentes patógenos que pueden producir irritaciones y alergias, entre ellos, por supuesto, el sol.

Los vasos sanguíneos del bebé reaccionan más lentamente ante estímulos de frío y calor y, por lo tanto, la secreción de sudor y la regulación de la temperatura corporal también son menores. Esto hace que, en verano, las altas temperaturas los afecten, y que sea necesario protegerlos activamente del calor.

Asimismo, presenta una mayor sensibilidad, ya que la capacidad de neutralización de la piel está todavía muy reducida.

La piel y el sol

El dermatólogo Pedro Lobos, sostiene que el sol en el ser humano produce un bienestar sicológico asociado a la síntesis de vitamina D, la que tiene un papel destacado en la mineralización de los huesos y en la absorción intestinal de calcio y fósforo. Por eso estar al sol es bueno, si se hace con moderación. “Si existe una adecuada exposición al sol, la cantidad de vitamina formada en la piel puede ser suficiente para cubrir las necesidades, sin tener que ser aportado por la dieta”, comenta el especialista.

Sin embargo, pese a los beneficios que puede entregar el sol, los daños potenciales que ocasiona en la piel son muchos, tanto en niños como en adultos. El doctor Lobos asegura que “es posible que un niño desarrolle cáncer de piel, aunque no es frecuente. Se estima que durante los primeros 18 años de vida una persona acumula el 80% de la radiación solar que recibirá durante toda su vida. Por lo tanto, la protección solar debe comenzar desde los primeros meses de vida, como una manera de prevenir el cáncer de piel en la adultez”.

La recomendación del dermatólogo es que los niños menores de 6 meses eviten en forma estricta la foto exposición. Desde los 6 meses y hasta el primer año deben usar ropa protectora adecuada y fotoprotectores (filtros solares), con un factor 30 como mínimo, el que debe aplicarse al menos media hora antes de exponerse al sol.

Agrega que los niños en la playa, la plaza, el patio de la casa o caminando por la calle, al igual que los adultos, deben seguir pautas de protección, entre las que destacan:

No exponer al sol a bebés y niños pequeños. Los protectores solares se pueden empezar a usar en niños mayores de 6 meses, exponiéndolos al sol moderadamente y nunca entre las 10 y las 16 horas.
Utilizar ropa adecuada, que aumente la protección solar, como sombreros de ala ancha o gorras con visera, poleras y pantalones de trama cerrada y de colores oscuros.
Los rayos solares atraviesan el agua y queman con más intensidad. Por eso es importante proteger la piel incluso cuando los niños están dentro del agua y volver a aplicar bloqueador después de que han salido de ella.

Niños protegidos del sol

Lo más efectivo contra los efectos del sol es el bloqueador solar. Sin embargo, antes de usar uno se recomienda consultar a un especialista sobre cuál es el más indicado según el tipo de piel de tu hijo, ya que el ácido para-aminobenzoico (PABA), el principal ingrediente activo de los protectores solares, puede provocar alergia.

También es necesario prestar atención a las indicaciones del envase, pues la mayoría de los productos bloquea la radiación UVB -que es la causante del bronceado, pero también de quemaduras y riesgo de cáncer- pero pocos productos protegen contra la radiación UVA, que penetra más lentamente y provoca manchas, envejecimiento cutáneo y riesgo de cáncer. Actualmente, es recomendable optar por los protectores UVB-UVA.

Los especialistas señalan que los filtros que realmente protegen la piel son aquellos de factor quince y más. Si una persona demora diez minutos en broncearse, al exponerse al sol y usar un filtro factor 15 demorará quince veces más esos diez minutos, es decir estará protegido por 150 minutos.
En los niños es importante usar productos altamente resistentes al agua y repetir la aplicación constantemente.

¡Cuidado con las quemaduras solares!

La quemadura solar es una alteración visible que aparece pocas horas después de la exposición al sol. En los niños puede tener efectos muy graves a largo plazo, ya que se afirma que dos o más quemaduras con ampollas en la niñez, aumenta el riesgo de padecer cáncer de piel en la edad adulta.

La piel de un bebé tiene menor capacidad de aliviarse por sí misma, por lo tanto, una quemadura solar a esta edad deben transformarse en una emergencia médica. ¿Cómo actuar en este caso?
El niño debe ser puesto de inmediato en un lugar fresco y a la sombra.
Aplicar compresas frías e hidratarlos adecuadamente.
Consultar en un servicio de urgencia, o con un dermatólogo.

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