Ansiedad en los niños ¿Cómo afecta su desarrollo? – PadresOk

Ansiedad en los niños ¿Cómo afecta su desarrollo?

Compartir:
person-1205140_960_720

Aunque para muchas personas la ansiedad tiene una connotación negativa, es un factor protector para el organismo y una señal de ‘alerta’ respecto de un eventual peligro. “Es una respuesta normal y adaptativa del ser humano frente a una situación que es percibida como riesgosa, y que tiene componentes físicos como la sensación de miedo, la taquicardia, una mayor alerta e híper vigilancia”, precisa la sicóloga infanto-juvenil Mónica Rademacher.

Así, por ejemplo, la ansiedad de separación que siente un niño pequeño con su madre lo impulsa a estar siempre cerca de ella, a demandar su proximidad y, en ese sentido, es un elemento que lo cuida y protege. Sin embargo, cuando este sistema normal y protector se dispara en forma precoz, sin que exista un estímulo que lo genere, se vuelve desproporcionado, se mantiene constante en el tiempo e interfiere en otros aspectos del desarrollo del niño, se transforma en algo patológico.

“Eso ocurre, por ejemplo, si la ansiedad de separación se perpetúa hasta los 5 o 6 años y le impide al niño sociabilizar con sus pares cuando va a un cumpleaños, porque tiene que estar pegado a las faldas de su madre. Ahí, la ansiedad le está impidiendo desarrollarse adecuadamente en lo social y no le permite hacer amigos ni explorar su mundo”, explica la especialista.

Estos cuadros se conocen como trastornos de ansiedad; una respuesta anormal en la conducta adaptativa de un niño, que le genera sufrimiento e interfiere en su adecuado desarrollo.

La influencia de la familia

Hay niños que naturalmente son más ansiosos y nerviosos. Manifiestan sus síntomas en forma física; frente a cambios o situaciones les duele la cabeza o el estómago y tienen problemas para dormir o comer. Por lo general, suelen ser muy exigentes y provienen de familias con esta misma característica.

“Se habla de un componente biológico en la ansiedad, pero en realidad las causas pueden ser variadas. Por lo general, estos niños tienen padres más ansiosos y sobre-protectores, que siempre están temiendo que al hijo le pase algo, se caiga o se pierda. Entonces, la ansiedad de ellos genera la sensación que el mundo es amenazante y peligroso. Con esa actitud, además, los padres los privan de tener las experiencias necesarias para sentirse seguro y conocer el mundo”.

La sobre-exigencia de los papás suele estimular, asimismo, la ansiedad infantil, ya que centra la vida del pequeño en tratar de cumplir con las expectativas paternas más allá de lo que él mismo quiere o puede alcanzar. Muchas veces, expresan esta sensación a través de su cuerpo, es decir, con molestias somáticas. Son los típicos niños que sienten distintos tipos de dolores o que van con frecuencia a la enfermería del colegio.

Los padres deprimidos pueden favorecer igualmente una personalidad más ansiosa, porque es menos probable que -en ese estado emocional- expongan a sus hijos a experimentar situaciones cotidianas que le permitan conocer el ‘mundo real’.

Cambios y ansiedad

También es posible que un pequeño desarrolle un trastorno de ansiedad producto de una situación traumática que le tocó vivir, como una enfermedad importante, la muerte de un ser querido, de una mascota o la separación de los padres, entre otras. “Estas experiencias difíciles pueden favorecer los trastornos de ansiedad. Pero en otras ocasiones se trata de situaciones de vida normales que cuando no son bien manejadas gatillan un trastorno ansioso”, apunta Mónica Rademacher.

“Todo cambio implica ansiedad, pero se puede favorecer un ambiente que promueva un tránsito saludable de este paso, ya sea por un cambio de colegio, de casa, la muerte de un familiar o el nacimiento de un hermanito”. Implica conversar con el pequeño de acuerdo a su edad, escuchar sus inquietudes y aprehensiones e invitarlo a ir de a poco resolviendo sus miedos.

“Algo que ayuda mucho a derribar estos miedos -sean reales o no- es la exposición paulatina y gradual a ellos. Si el niño tiene ansiedad por el nuevo colegio, por ejemplo hay que llevarlo antes para que lo conozca, vea los patios, su sala a otros niños”, propone la sicóloga.

¿Cuándo preocuparse?

Mónica Rademacher señala que si las conductas ansiosas permanecen en el tiempo y constituyen una reacción desproporcionada frente al estímulo, o aparecen sin razón aparente, es conveniente conversarlo con un profesional.

“Cuando los intentos de los padres por ayudar al hijo no están funcionando, como lograr que vaya al colegio, que asista a los cumpleaños o que tolere no estar con ellos cuando van a salir, es el momento de consultar”, enfatiza. Es común que la ansiedad se manifieste a través de conductas visibles como comerse las uñas, alteraciones en la alimentación (comer mucho o muy poco), problemas para dormir o rechazo a dormir solo, temor repentino a la oscuridad y, en algunos casos, sacarse mechones de pelo.

Pero no siempre estas conductas constituyen motivo de alarma. “Hay etapas en las cuales los niños se comen las uñas, pero eso no es necesariamente una señal, porque luego muchos dejan de hacerlo”, explica la terapeuta. Del mismo, hay que analizar si la actitud del hijo está interfiriendo en su vida cotidiana y le provoca sufrimiento.

Articulo Previo

Sorprende a tus pequeñas con línea de cuidado infantil inspirada en Frozen de Simond´s

Articulo Siguiente

Cuidado con el bullying: Evítalo desde el jardín infantil

Te podría interesar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *