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Bebés con problemas de audición

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Un número considerable de las dificultades de aprendizaje y de conducta tiene su origen en problemas de audición no detectados, en menor o mayor intensidad. Una hipoacusia no tratada a tiempo incluso puede provocar la pérdida absoluta del lenguaje. De ahí la importancia de realizar exámenes preventivos para detectar señales tempranas en el bebé.

Ya desde su vida intrauterina, los bebés son capaces de reaccionar al sonido. Una vez que nacen, demuestran esta capacidad a través de respuestas reflejas (involuntarias), muchas de las cuales son evaluadas en el Test de Apgar, efectuado a los pocos minutos de vida.

“Este test incluye la valoración de la audición: con un golpe de palmas se aprecia en los niños normo-oyentes una contracción de todo su cuerpo simultáneamente, denominado Reflejo de Moro”, explica la fonoaudióloga Martha Arrocet, académica de la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad Andrés Bello y encargada de los Programas de Implante y de Rehabilitación de esta unidad. Estos reflejos, agrega, permiten al equipo médico determinar si el bebé posee una audición normal, residual o si se sospecha de algún grado de pérdida de este sentido.
Una audición menor a la normal puede deberse a muchas causas. Entre ellas, factores hereditarios o situaciones ocurridas en el embarazo, como el consumo de ciertos medicamentos o enfermedades como rubéola o toxoplasmosis. Durante el parto, el sufrimiento fetal o un nacimiento prematuro también son factores de riesgo. Y después del nacimiento, ciertas patologías como otitis, paperas, sarampión, meningitis o alteraciones dentomaxilares y músculo-esqueléticas pueden dañar el oído. En todos los casos, una detección oportuna y un diagnóstico precoz mejoran sustancialmente el panorama, ya que si la sordera es muy precoz -y no se trata- puede dar lugar a la sordomudez, por falta de estímulo de las habilidades lingüísticas. “Entre más pequeño se atiende al niño, mayores y mejores resultados podrá haber”, confirma Martha Arrocet.

Como cuidados preventivos, se deben considerar las necesidades básicas del desarrollo normal del bebé como una alimentación adecuada, mantener control médico, proteger el sueño, el desarrollo motor, la senso-percepción (que incluye la estimulación visual y auditiva) y estimular el desarrollo comprensivo y expresivo del lenguaje. También deben evitarse los cambios bruscos de temperatura, cautelar la nariz para no enfriar el sistema respiratorio, no abrigar demasiado al niño y no automedicarlo.

Padres en alerta

Desde el nacimiento hasta los 8 meses hay que preocuparse si el niño no responde ni se sorprende por los ruidos; no distingue entre una voz complaciente o enfadada y no vuelve la cabeza hacia la dirección de donde vienen los ruidos.

De los 6 a los 18 meses, es importante poner atención si no entiende las palabras ni vuelve la cabeza hacia los ruidos como respuesta a ellos, y de ahí en adelante, si no dice palabras y da a conocer sus deseos señalando objetos por medio de gestos.

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