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Niños curiosos: quieren saberlo todo

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A estos niños no les importa el tiempo, el lugar ni el tema en cuestión. Si tienen necesidad de preguntar, lo harán y exigirán una respuesta inmediata y satisfactoria, aunque pongan a sus padres en aprietos.

¿Por qué será que las preguntas más complicadas aparecen justo en los momentos más inoportunos e inesperados? Efectivamente, entre los tres y cinco años, miles de inquietudes se asoman en sus cabecitas, agotando el repertorio de respuestas de cualquier adulto. Pero un niño que pregunta a toda hora es un niño sano. Es lo contrario -la falta de interés- lo que puede indicar un problema.

Los preescolares suelen ser muy habladores, y muchas veces pueden preguntar por el sólo placer de hacerlo, ya que les resulta entretenido e interesante. Además, descubren que así logran captar la atención de los adultos.

Respuestas a su medida

A la hora de responder, la pauta la dan los propios hijos, en la medida que comienzan a hacer preguntas, las que hay que contestar de la manera más sencilla posible, sin entrar en detalles. La psicóloga María Elena Montt, señala que si un pequeño de cinco años pregunta cómo se hacen los bebés, se debe contestar que los hacen juntos el papá y la mamá. “Si su curiosidad va más allá, le pueden decir que él le entrega a ella una semillita, pero no más información que esa porque a esta edad no están preparados para entenderlo”.

Uno de los temas que más complican a los padres son las preguntas sobre sexo, pero la solución es más simple de lo que imaginan. Basta con una explicación sencilla, que puedan asimilar con su pensamiento, que a esta edad fluctúa entre la ilusión y la realidad.

Temas difíciles

Si aparecen con interrogantes del tipo ¿qué es un preservativo?, intenta no alarmarte: es mejor que se las aclares sin entrar en detalles, y aprovecha de indagar dónde escuchó del tema. Cuando sea más grande será necesario agregar información. Si pregunta por drogas, por ejemplo, puedes responder que son sustancias tóxicas que hacen mucho daño. De paso, dile que tomarlas se convierte en una costumbre muy mala y difícil de abandonar.

Cuando te ponga en un verdadero aprieto, una buena salida es responder con preguntas, para ganar tiempo y pensar la respuesta. Además, entenderás mejor la dimensión y el origen de su duda y te ahorrarás explicaciones innecesarias. Por ejemplo, si pregunta por qué dos hombres se besan, podrías responderle, ‘porque al parecer se quieren… ¿Has oído hablar de la homosexualidad? ¿Sabes algo al respecto?’. Y, a continuación, dale tu opinión. Siempre acertarás. A veces, un tema complejo es una oportunidad para hablar con los hijos antes que otras personas los confundan con informaciones erróneas.

Los especialistas coinciden en que, si se empieza preguntando al niño qué es lo que  sabe del tema, lo más probable es que la explicación que se le deba dar sea básica. Frases como “es un tema importante y hay que hablarlo con calma cuando lleguemos a casa”, o “voy a buscar información para explicártelo mejor”, son buenas opciones. Date tiempo para pensar cómo quieres tratar el tema con tu hijo. Por supuesto, debes retomarlo lo antes posible. De lo contrario, él tratará de buscar otras fuentes: los amigos o la televisión.

Fuente: Artículo publicado en Revista PadresOk.

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